2 de abril de 2020

. El “enemigo” que no fue: la historia del soldado que conserva hace 38 años el pulóver que una kelper le regaló


Se cumplen 38 años de la Guerra de Malvinas. Un aniversario más para rendir homenaje a los ex combatientes, a los que se quedaron y a los que volvieron. Una nueva jornada para reflexionar sobre lo que no hay que repetir en la historia de nuestro país.





Hablar de Malvinas es una cuestión inagotable si uno centra su atención en cada una de las historias de aquellos jóvenes soldados. Es solo cuestión de escucharlos, saber que pensaban, que sentían. Lo increíble, o no tanto, es que casi 40 años después esas sensaciones están a flor de piel y los recuerdos parecen cercanos.





Marcelo no se sacó el pulóver hasta llegar al país




Mundo Poder dialogó Marcelo Rosasco, ex combatiente, periodista y docente. La de Marcelo es una historia particular porque pone en jaque esa cuestión que ubica a los Kelpers en la vereda del frente, en el lugar de los que deben ser odiados. Un relato que se construyó por años y con el cual se educó a muchas generaciones.





En el cumplimiento de hacer guardias cerca de la ciudad, Marcelo tuvo la posibilidad de entablar una relación con una pareja de ancianos habitantes de la isla. "Fue una relación particular que construí porque durante dos semanas me aposté de guardia en una cuadra que estaba en el límite de la ciudad. Ahí conocí a esta pareja. Los kelpers tenían la orden de no salir de sus casas", cuenta el ex combatiente





Manifestación en Plaza de Mayo en apoyo a la toma de las islas




En una de esas guardias vio salir a este hombre de su casa, se puso rápidamente en alerta y devolvió un saludo que le habían propinado. Con un lento caminar el hombre, que empezaría a ser un conocido días después, lo volvió a saludar al regresar. Una situación completamente sacada de contexto en medio de una guerra en la que el miedo y la incertidumbre dominaban la cabeza de cualquier soldado.





Después de varios días de generar un vinculo con John, este hombre al que le faltaba una pierna y era un veterano de la segunda guerra mundial, y con su mujer; Marcelo sintió un acercamiento particular con esta pareja. Una cercanía extraña en tiempos de guerra.





"El hombre me empezó a dar charla, yo no sabia nada de inglés así que mucho no hice. Recuerdo que ahí me advirtía que me cuide porque los ingleses estaban llegando, que ellos lo estaban escuchando en la radio", relata con exactitud.





Día a día se volvieron un tanto menos extraños, “menos enemigos” y hasta le dieron de comer a este soldado tal vez el mejor plato durante su estadía en la guerra: "Un día me dieron un paquete, me acuerdo que era un tostado con una especie de capuccino. Yo no entendía nada, pero ellos me daban a entender que me veían a mí y a mi compañeros como desnutridos y desprotegidos. Ese plato fue como comer en un hotel cinco estrellas en ese momento”.





Marcelo en su vuelta al país




Esta relación inusual enre el soldado y la pareja de kelpers tiene su momento más signifiativo con una prenda de por medio que al día de hoy se conserva. Marcelo recuerda que en uno de esos días en la isla, se acercó hasta la ventana de la casa de estos pareja cuidando que sus supervisores no lo percibieran. Recibió un nuevo paquete.





“Recuerdo que tenía adentro un pulóver que aparentemente la señora lo había tejido para mi. Lo tengo guardado y no me lo saque hasta que volví a casa. Fue un gesto para que para mi marca que en la guerra no todo enemigo es el enemigo”, reflexiona el soldado.





Repasando lo que hizo ese joven soldado que al igual que sus compañeros se moría de frio, Marcelo resalta el hecho de que no se sacó ese pulóver hasta que volvió al país. Lo necesitaba, no estaba lo suficientemente abrigado y a la distancia piensa que esa prenda de alguna manera lo protegió.





Después de esos días vinieron los peores momentos, aquellos en los que ya no hubo tiempo para construir vínculos. Vino el momento en que Marcelo y sus compañeros fueron mandados a hacer guardia frente al mar a la espera de que desembarcaran soldados ingleses.





El pulóver que el ex combatiente conserva 38 años después




Vinieron los momentos en los que ya no dormía, en los que comía mal, en los que el frío se sentía más que nunca en las trincheras. Vinieron los momentos en que los que algunos de sus pares se confesaban y dejaban mensajes para sus familiares en el caso de morir.





“El miedo siempre estuvo y lo sentí cuando lo que creí que nunca me iba a pasar se me vino todo de golpe, o cuando veía que los compañeros estaban muriendo en combate”, relata el ex combatiente 38 años después.





Sus experiencias malas pueden ser inagotables debido a lo que lo expusieron a él y a todos los demás. Pero en este caso decidimos quedarnos con este vínculo inusual con esta pareja de kelpers. El pulóver está en su casa, lo conserva. Tal vez le sirve para teletransportarse a los momentos tristes aunque también le deja la certeza de que los enemigos no eran tales.


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