12 de junio de 2020

. Desbarataron una red de prostitución en España que explotó sexualmente a siete jóvenes sudamericanos


Prado del Rey, un pequeño municipio de la provincia de Cádiz que posee poco más de 5.000 habitantes, se convirtió en el escenario del terror y en el epicentro de un suceso que convulsionó a España. Luego de una investigación, la Guardia Civil irrumpió en un establecimiento y liberó a siete jóvenes sudamericanos que habían sido reclutados con la promesa de tener oportunidades en el mundo del fútbol, pero eran explotados sexualmente.





Los efectivos llevaron a cabo la operación Promises durante las últimas horas y detuvieron a tres personas. Entre los deportistas que fueron rescatados, quienes permanecían en condiciones de vida inhumanas, se encuentra un menor procedente de la Argentina. El resto de las víctimas, son oriundos de Colombia, según informó el periódico español La Voz Digital.





Los jugadores habrían arribado al país ibérico asesorados por un supuesto entrenador (mencionado como J. en los informes policiales) y un hipotético ojeador (denominado D.). La estrategia de los responsables para convencerlos consistió en ofrecerles hospedaje, un trabajo remunerado y garantías para probarse en clubes de la zona. Sin embargo, el desenlace implicó un horror inusitado: los incitaban a prostituirse y debían mendigar para poder comer.






https://youtu.be/76qgPhQ1ugo




Según las primeras informaciones que brindó la Guardia Civil, la organización enviaba a captadores a diferentes países de Sudamérica para hallar a futbolistas jóvenes y con buena forma física. Las familias de las víctimas eran obligadas a abonar los pasajes de avión a España, pero con la promesa de que los deportistas recuperarían el dinero muy rápido a través del trabajo que les proponían realizar una vez que arribaran a la nación europea.





En consecuencia, los familiares de los siete jóvenes llegaron a recurrir a prestamistas para solventar el costo del viaje y accedían a pagar elevadas tasas de intereses. Una vez que aterrizaban en España, las víctimas eran recibidas en el aeropuerto por la organización y los trasladaban hasta la localidad de Prado del Rey, que se halla a más de una hora de la ciudad de Cádiz.









Luego, les retenían los documentos (cédulas de identidad y pasaporte) y les quitaban el dinero que traían para afrontar sus gastos personales. De esta manera, los controlaban en todo momento. Los tenían hacinados en una sola vivienda y sólo les permitían relacionarse entre ellos, manteniéndolos en la más absoluta indigencia, llegando en ocasiones a tener que mendigar para poder subsistir”, explicó la Guardia Civil.





Los responsables del delito les ofrecían participar en chats homosexuales, que eran gestionados por el líder de la organización delictiva. Pese al confinamiento, los obligaban a realizar encuentros sexuales en diferentes municipios de la provincia de Cádiz. El dinero que obtenían les era arrebatado y los amenazaban con informarles a sus familiares de las practicas que llevaban a cabo. Es decir, los torturaban y abusaban psicológicamente.





Las víctimas eran mantenidas en el segundo piso del establecimiento y se entrenaban en la azotea.




“Han estado aproximadamente siete meses en Prado del Rey. Empezamos a trabajar con ellos desde los servicios sociales para ver cuáles eran sus necesidades. Ahí vimos pequeños índices que algo no iba bien", aseguraron autoridades de Prado del Rey.





“Los jóvenes entrenaban en la azotea. Pasaban y se les veía la tristeza en la cara”, comentó un vecino. “Llevaban las botas de fútbol y eran amables y educados”, afirmó otra persona. Los indicios de sospecha comenzaron a aumentar con el transcurso de los días y derivó en que se intensificaran los trabajos de la investigación, que fue liderada por la Guardia Civil desde hace un mes y medio.





El concejal de Deportes les llevaba comida a los jóvenes para intentar acercarse a ellos y que les brindaran detalles sobre el macabro episodio que atravesaban. “Lo tuvimos delante y no lo vimos. No se me va a olvidar nunca la cara de ellos”, reconoció, entre lágrimas, un miembro de Cáritas, que colaboró con la integración de los deportistas al pueblo.


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