23 de agosto de 2020
Bayern Munich se convirtió en un asiduo protagonista de la Champions League desde los inicios de la competencia. Desde el título obtenido en 2013 con Jupp Heynckes, el club permaneció siete temporadas sin acceder a la final y acumuló reiteradas frustraciones. Sin embargo, el arribo de un protagonista inesperado le permitió volver coronarse campeón: Hans-Dieter Flick, el ingeniero que reconstruyó a la entidad.
El entrenador, de 55 años, no contó con demasiados reflectores durante su etapa como futbolista. Lo mismo ocurrió en sus comienzos en los bancos, pero abandonó las sombras y se encargó de comandar al conjunto del estado de Baviera hacia un nuevo éxito continental. En el Estadio da Luz, con el gol de Kingsley Coman, el Bayern derrotó 1-0 a Paris Saint Germain y alzó la Orejona por sexta oportunidad en su historia.

“No tengo tiempo para pensar en la valoración de la temporada. Hemos evolucionado mucho. Tenemos calidad, ponemos intensidad, placer y esos importante para ganar. Jugamos contra los mejores, todos los jugadores están dispuestos a darlo todo y la final será un partido especial. Podemos ser campeones”, expresaba, con cautela y confianza, en la antesala a la definición.
El nacido en Heidelberg se desempeñaba como mediocampista y debió abandonar la actividad profesional antes de lo previsto. En 1993, una lesión ocasionó que colgara los botines con 28 años y cuando actuaba en Colonia. Con anterioridad, había defendido los colores del Bayern, entre 1985 y 1990. En total, disputó 104 partidos, marcó cinco goles y consiguió seis títulos. Antes, jugó en SV Sandhausen, donde realizó su debut.

Después de dirigir en las Divisiones Inferiores de FC Bammental y Hoffenheim, trabajó como ayudante de campo de Giovanni Trapattoni en Red Bull Salzburgo. En el prólogo de su aventura en el club de Austria, recibió un llamado de la Federación Alemana de Fútbol (DFB) y aceptó una oferta que cambió el rumbo de su carrera: ser colaborador de Joachim Löw en la selección de Alemania.
En 2006, Hansi empezó a experimentar un aprendizaje invaluable y se transformó en una pieza relevante en el proyecto teutón. Allí, formó parte del cuerpo técnico que se proclamó campeón del Mundial de Brasil 2014. Además, obtuvo un subcampeonato en la Eurocopa 2008, un tercer lugar en el Mundial de Sudáfrica 2010 y volvió a completar el podio en la Eurocopa 2012.

En julio de 2019, después de concluir su ciclo en el combinado alemán y tras un breve paso como Director General de Deportes de Hoffenheim, regresó al Bayern, el elenco en el cual había demostrado una de sus mejores versiones como futbolista. En principio, fue la mano derecha de Niko Kovac, pero el despido del estratega croata en noviembre pasado lo estableció ante el desafío más importante de su vida: reedificar a un equipo debilitado y escaso de confianza.
La misión brindó resultados de manera prematura y los resultados positivos se encadenaron. Revirtió el período adverso y utilizó el conocimiento de los jugadores con los cuales coincidió en la selección para obtener el visto bueno del plantel. Solo unos meses más tarde, los directivos decidieron brindarle el respaldo necesario para ser el líder de un nuevo proceso. En consecuencia, pasó de oficiar como interino a ser ratificado en el cargo de entrenador.
El equipo recuperó su potencial, se adueñó de 32 victorias en 35 compromisos y solo perdió en dos ocasiones. En una curva ascendente, celebró la conquista de la Bundesliga y la Copa de Alemania. Por lo tanto, los dirigentes renovaron el contrato de Flick hasta el 30 de junio de 2023. Ahora, llegó a la cima de Europa. ¿El nuevo dueño de la fórmula del éxito?