3 de septiembre de 2020
¿Tu velocidad y agudeza mental no están a la altura de tus expectativas? Entonces te recomendamos que sigas estos ejercicios para agilizar la memoria, que además mejorarán tu rendimiento y concentración en el trabajo.

Si crees que tu agilidad mental no es lo suficientemente rápida, debes empezar a adoptar una serie de ejercicios y hábitos que te ayudarán al mismo tiempo a mejorar tu rendimiento y concentración en el trabajo. Así que 3,2,1 y que empiece el entrenamiento:
Observá el dibujo 30 segundos y memorizá la máxima cantidad de detalles. Te será más fácil si los mencionás en voz alta ("un avión que va hacia la derecha"). Pasado este tiempo, pasa a la última imagen de esta galería.

Ahora tenés que fijarte en estas series de números para decidir si son correctas o no. No te olvides poner en marcha el cronómetro antes de empezar para comprobar después cuánto has tardado.

Comprobá si la palabra que te proponemos describe la figura geométrica que la acompaña. Estate atento, porque en varias ocasiones te pedimos "Respuesta contraria".

En esta prueba, tendrás que decir si el término escrito define o no el dibujo que le acompaña. Pero, ¡ojo! Cuando veas "Respuesta contraria", debes anotar la casilla contraria a lo que consideres correcto. Pon en marcha el reloj.

Esta imagen parece igual que la que has observado al principio, pero no lo es. Intenta hallar las 10 diferencias sin mirar la original. Si pasados 10 minutos no encuentras más, vuelve a hacerlo: irás ganando rapidez mental.

Jugar al ajedrez, sudoku o hacer crucigramas puede resultar muy beneficioso para agilizar tu memoria, ya que este tipo de juegos estratégicos permiten desarrollar la capacidad de cálculo y memorización, así como ayudarte a prevenir el deterioro mental.
Probar con rutas diferentes para llegar al trabajo mantendrá tu cerebro en buena forma y le pondrá a prueba. Así que, el próximo día, elige un camino diferente para conocer nuevos escenarios y entrenar tu cerebro.
Así es, si eres diestro empieza a utilizar la izquierda para lavarte los dientes, peinarte, utilizar el móvil o incluso el ratón del ordenador. Estos pequeños cambios obligan a las células del cerebro a adaptarse y comunicarse entre sí, dándoles un buen entrenamiento que evite que mueran prematuramente.