16 de octubre de 2020
Elías Pereyra lucha en cada partido como si fuera la última presentación de su carrera. Sea de local, visitante o donde el calendario se lo indique, existe un denominador común en sus actuaciones en el campo de juego: la entrega, siempre, es máxima. Sin embargo, el futbolista comenzó a forjar su carácter fuera de la cancha cuando el destino le interpuso la batalla más dura de su vida. A los 13 años, cuando en su cabeza solo rondaban sueños que involucraban al balón en sus pies, le diagnosticaron leucemia.
La detección de la enfermedad se convirtió en una amenaza para las ilusiones del pequeño, quien debía suspender su formación en las Divisiones Inferiores de San Lorenzo para iniciar el tratamiento médico. La quimioterapia, lejos de desmotivarlo, fortaleció su espíritu e intensificó los vínculos que se convirtieron en el sustento de sus esperanzas. En el marco de una batalla compleja, exhibió su fortaleza anímica, que luego se transformaría en uno de los ingredientes de su perfil futbolístico.

Sus padres lo acompañaron durante día y noche en cada uno de los duros momentos que tuvo que afrontar, pero no fueron los únicos. El fútbol, ese juego que lo desvelaba y lo invitaba a imaginar diversos escenarios en el club de sus amores, siempre estuvo presente. Elías jamás resignó su meta de llegar a Primera División e, incluso, hacía escapadas para jugar a la pelota en el patio del hospital con los amigos que hizo en el transcurso del proceso.
San Lorenzo también permaneció a su lado cuando más lo necesitó. Aunque no podía entrenar, la institución de Boedo decidió no dejarlo libre y le mantuvo abiertas las puertas de la entidad para que visitara su lugar en el mundo. Desde el Ciclón organizaron una colecta para ayudar a su familia a financiar el tratamiento y, además, Leandro Romagnoli, uno de los máximos ídolos del elenco, lo visitó en el hospital para brindarle palabras de aliento.

Pasaron ocho años desde el momento en el que recibió el diagnóstico que cambió su vida. No obstante, el ímpetu que demostró le permitió ganar la batalla y, en la actualidad, disfruta de los primeros compases de su aventura en Panetolikos, que lo adquirió en el reciente mercado de pases. En diálogo con Mundo Poder, el lateral izquierdo, de 21 años, recuerda su lucha contra la leucemia, detalla las cuentas pendientes en San Lorenzo, destaca su presente en Grecia, donde lo acompañan su esposa Camila y su hija Sofía, y rememora su encuentro con un tal Lionel Messi durante una gira de la Selección Argentina.
- ¿Qué balance haces de tus primeros meses en Panetolikos?
Las primeras dos semanas fueron buenas y luego sufrí una lesión que me apartó cerca de un mes. Recién ahora volví a entrenar con normalidad. Al equipo le está costando la adaptación porque somos entre 10 y 11 futbolistas nuevos. Nos estamos conociendo y es una liga muy competitiva.
- ¿Cómo beneficia a tu adaptación al club y al país el hecho de tener a otros cinco argentinos como compañeros?
La verdad cambia un montón. Por ejemplo, en Benfica (entre enero y junio de 2020 estuvo cedido y jugó seis partidos en el segundo equipo del club luso) solo había un sudamericano, pero era brasileño y hablaba portugués. Es diferente el estar con otros argentinos, con quienes compartís el idioma y te ayudan bastante. Están Joaquín Arzura, Franco Mazurek, Juan Álvarez, Javier Mendoza y Nicolás Mazzola.

- ¿Tu nueva salida de San Lorenzo es un adiós o un hasta luego?
Ojalá que sea un hasta luego. San Lorenzo es mi segunda casa, donde estuve desde los ocho años. Me dolió un poco irme así y espero algún día poder regresar. El club estuvo en los peores y mejores momentos de mi vida. Me enseñó en lo futbolístico y en el aspecto humano. Nunca le cerraría las puertas.
- En el inicio de tu adolescencia te enfrentaste a un episodio muy complejo como fue la detección de la leucemia. ¿Cómo afrontaste la batalla?
Al principio, no era muy consciente de lo que era y significaba la leucemia. A medida que avanzó el tratamiento, que no es fácil, y que uno se sentía mal por los efectos de la quimioterapia, empecé a dimensionar que lo que estaba pasando era algo bravo. Aún más cuando veía que a algunos chicos con los que me rodeaba les iba peor y no recibían la quimioterapia de la misma manera. Ves cosas tan feas que pensás ‘yo estoy pasando lo mismo y, gracias a Dios, lo llevo bien’. En ese momento tomás consciencia de que no es una situación fácil. Le agradezco a Dios por haberme dado la oportunidad de salir adelante y ganar la batalla.
- ¿Cómo se comportó San Lorenzo durante tu lucha contra la enfermedad?
Estaba jugando en las Juveniles y, de un momento para el otro, me diagnosticaron la enfermedad. San Lorenzo siempre estuvo a mi lado para ayudarme en lo que necesitara. Aunque no podía entrenar ni hacer nada porque estaba realizando el tratamiento, no me dejaron libre y seguí perteneciendo al club. Y, después de que superé esa etapa, me abrieron las puertas otra vez y me permitieron hacer mi carrera en la institución.

- ¿Quiénes te brindaron la valentía y la fuerza para atravesar el proceso?
Fue una etapa muy dura en la que me apoyé en mi familia porque solo tenía 13 años. Mi familia fue fundamental en el proceso porque fueron dos años de tratamiento. Era difícil no poder ir más a San Lorenzo después de haber estado cinco años en el club. Pero, cuando podía, volvía y me recibían de la mejor manera.
- ¿Alguna vez pensaste en tirar la toalla y abandonar tus sueños en el fútbol?
La verdad que no. Nunca se me pasó por la cabeza decir que no iba poder jugar más al fútbol por el momento que estaba pasando. Jamás lo dije. Luego de que me detectaron la enfermedad, les dije a mis viejos que iba a volver a jugar y que lo único que me importaba era estar de vuelta en San Lorenzo. Ellos me decían que primero debía hacer lo que me dijeran los médicos y después se vería. Mi familia me pedía tranquilidad, que luchara y que luego iba a poder volver a jugar. Siempre me mentalicé en salir adelante y, cuando me lo permitían, regresaba al club.
- ¿El fútbol siguió siendo parte de tu vida en aquella etapa?
Los médicos ni siquiera me dejaban correr porque era un tratamiento muy difícil y la situación era compleja. Pero con mis amiguitos del hospital, quienes estaban pasando por lo mismo, llevábamos una pelota y a veces jugábamos a la pelota en el patio. No importaba nada, ja. Por eso, en mis pensamientos nunca estuvo la idea de dejar de jugar al fútbol.

- ¿Cómo fue el proceso para volver a jugar tras haber superado la enfermedad?
Recuerdo que me dieron el alta y volví a San Lorenzo. Me reencontré con mis compañeros después de casi dos años y me recibieron como si nunca me hubiera ido. Ellos hicieron que el proceso fuera más fácil y me trataron como si siempre hubiese estado junto a ellos.
- Después de haber luchado tanto, ahora disfrutas en Europa. ¿Qué se te pasa por la cabeza al ver en retrospectiva lo que viviste?
Pienso en todo lo que pasé y se me pone la piel de gallina. Hoy, que estoy en Europa, hago lo que me gusta y tengo a mi familia que me acompaña, recuerdo lo que pasé y me da más fuerzas para seguir adelante y continuar luchando por los objetivos que me pongo. Luego de haber superado la enfermedad, lo que viene es para disfrutar e intentar cumplir las metas que me proponga.
- Jugaste el último Sudamericano Sub 20 con la Selección Argentina, pero como sparring de la Mayor tuviste la oportunidad de conocer a Lionel Messi. ¿Cómo fue encontrarse y fotografiarse con él?
Fue tremendo. Nos encontramos con la Selección tres o cuatro veces y siempre fue increíble. Lo miraba cómo entrenaba y a veces nos tocaba trabajar con ellos, pero no lo podía creer en el momento. Hacía un reducido y me enfrentaba con Messi. ¡Era una cosa de locos! Son recuerdos que no me los olvido más.