24 de diciembre de 2020
En el marco del “Operativo Moscú” que llevó a un avión de Aerolíneas Argentina hacia la capital rusa para la búsqueda de las primeras dosis de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus, el presidente Alberto Fernández le envió a Vladimir Putin unos obsequios a modo de agradecimiento por esta negociación. Los regalos tienen que ver con los caballos, que, si no lo sabías, es el animal favorito del presidente de Rusia. Entre los presentes se encuentra una variante actualizada del “Basto 900”, se trata de un recado de alianza, que surgió a mediados del siglo XIX y principios del siglo XX, que cuenta con un freno de hierro, con copas y pontezuelas en plata 9.25 con monograma de dos corazones entrelazados.

La platería, el rebenque y los estribos los fabricó el platero y orfebre Carlos Papasidero y las sogas, Santiago Biondi. Mientras que los bastos y las caronas fueron obras de Alberto Vomero, uno de los referentes de la talabartería en la Argentina. Además de este regalo, Fernández le envió a Putin una cabezada de lujo. Toda esta gestión de los objetos estuvo a cargo del vocero presidencial Juan Pablo Biondi, quien se comunicó con el centro tradicionalista “La Victoria”, en Ezeiza. Asimismo, fue el titular de la organización, Claudio Díaz, quien donó los regalos para el mandatario ruso.

El vuelo de Aerolíneas Argentinas AR1061 trajo desde Rusia las primeras 300 mil dosis de la vacuna Sputnik V, que servirán para inmunizar a 150 mil personas porque se necesita la aplicación de dos dosis. La aeronave partió a las 23 horas (Rusia) desde el Aeropuerto Internacional Sheremétievo de Moscú a la terminal aérea de Ezeiza. En el viajaron 56 cajas thermocontainer que garantizan la temperatura para conservar las vacunas.

El vuelo aterrizó en Ezeiza a las 10.25. El cargamento fue estibado en las cámaras frigoríficas que tiene la Terminal de Cargas del aeropuerto. Y desde allí comenzará la distribución de las vacunas para su inoculación en un operativo que estará a cargo del ministerio de Salud, liderado por Ginés González García.