26 de marzo de 2021
Muchas personas quisieran saber cuántos años vivirá o si va a envejecer saludablemente, y para ello, generalmente, recurren al horóscopo, donde obtienen más información sobre qué será de sus vidas en un futuro. Sin embargo, lo cierto es que la ciencia se acerca cada vez más a esas respuestas y estudia el cuerpo humano en profundidad con el fin de captar algunos signos que pueden predecir la expectativa de vida de cada ser humano.

Un estudio científico publicado en la revista Nature Metabolism reveló que es posible saber si tendremos una larga y saludable vida a través del análisis de los virus, bacterias y hongos que se encuentran en el intestino. A raíz de esto, los científicos descubrieron que la microbiota intestinal suele cambiar a medida que envejecemos.
Según el informe, en las personas menos sanas, la composición del microbioma permanece estática, sin cambios, lo cual indica que pueden fallecer antes a comparación de quienes están sanos o tienen tipos de microbios intestinales que aumentan y varían con la edad.
"Un microbioma intestinal que se transforma continuamente a medida que envejecemos, es un signo saludable", indica Sean Gibbons, especialista en microbioma y profesor adjunto del Instituto de Biología de Sistemas de Seattle, Estados Unidos. "Muchas investigaciones sobre el envejecimiento están obsesionadas con devolver a las personas a un estado más joven o con hacer retroceder el reloj, pero la conclusión es distinta. Un microbioma que es saludable para una persona de 20 años quizás no lo sea para una de 80. Es bueno tener un microbioma cambiante cuando se es mayor, ya que significa que los "bichos" que se encuentran en el sistema se están adaptando bien a un cuerpo que envejece", agregó.
Por otro lado, los expertos descubrieron que las personas cuyos microbiomas cambiaban hacia un perfil singular a medida que envejecían también tenían niveles más altos de compuestos promotores de la salud en sangre, siendo los producidos por los microbios intestinales que combaten las enfermedades crónicas. Por ejemplo, las personas mayores a 65 años que son delgadas y físicamente activas contienen más microbios en el intestino que aquellas que son más pasivas.
En esa misma línea, los expertos sostuvieron que la microbiota intestinal cambia en los primeros años de vida, luego permanece estable durante décadas, y se reactiva a medida que la persona llega a la mediana edad, lo que se acelera hasta la vejez en quienes están sanos, pero se ralentiza en quienes no.

Mediante el estudio de datos en más de 9.000 adultos (entre 18 y 101 años), Gibbons y el autor principal del nuevo estudio, el doctor Tomas Wilmanski, llegaron a estas conclusiones. Los analizados, en su mayoría, eran ancianos que se realizaban revisiones médicas periódicas, y los especialistas descubrieron que, a partir de los 40 años, las personas presentaban alteraciones en el microbioma.
"Lo que descubrimos es que, a lo largo de las distintas décadas de la vida, los individuos se alejan unos de otros y sus microbiomas se vuelven cada vez más particulares", indicó Gibbons. En tanto, observaron que las personas que manifestaban cambios en la composición microbiana tenían un mejor estado de salud y mayores posibilidades de vivir más años: tenían más Vitamina D, menos niveles de colesterol LDL y triglicéridos, mayor movilidad y más vitalidad. Además, presentaban niveles más altos de metabolitos en sangre (producidos por los microbios intestinales), lo que reduce la inflamación y protege al intestino.
"Cuando no se dispone de fibra, a los bacteroides les gusta masticar mucosidad, incluida la mucosa protectora que recubre el intestino. Tal vez eso sea bueno cuando se tienen 20 o 30 años y se produce mucho moco en el intestino, pero a medida que envejecemos, la capa de moco adelgaza y tal vez necesitemos suprimir estos bichos", advirtió Gibbons. En tanto, señaló que cuando esos microbios salen del intestino, pueden hacer que el sistema inmunológico se vuelva loco y pueda generar diabetes, cáncer, artritis y enfermedades cardíacas.
Ante esto, recomendó llevar una alimentación sana basada en frutos secos, porotos, frutas, semillas y verduras, comer más fibra y pescado, y menos alimentos procesados. "Los alimentos integrales, como las frutas y las verduras frescas tienen todos los carbohidratos complejos que a nuestros microbios les gusta comer", cerró.