26 de abril de 2021
Probablemente lo hayas pensado alguna vez. Científicamente, ¿cuál es la peor forma de morir? A continuación te mostramos qué dicen los expertos respecto a la muerte:

Gastamos mucha energía para evitar pensar en la muerte y caer en ella, pero la muerte es un estado inevitable del ser humano, por el momento. Y a pesar de que lleva sucediendo, ya sea a propósito o por accidente, desde antes de que los humanos fueran humanos, no ha habido un consenso científico real sobre qué tipos de muertes debemos tratar de evitar.
¿Quizá morir ahogado es la peor? ¿Ser quemado vivo? Pueden que hayamos pensado en esto de manera impersonal, como algo que aparece en las películas o incluso que solo puede suceder en nuestra realidad en circunstancias realmente extrañas. Si hablas de ello es probable que, al poco rato, el tema pase página y sigas con tu vida tranquilamente.
Pero las muertes que atormentan nuestras pesadillas tienen algunas características comunes y podemos reunir diversas perspectivas científicas diferentes, leer entre líneas y obtener una respuesta a la pregunta de "la peor forma de morir".
Más allá de las reacciones alérgicas o los ataques de tiburones, está claro que la respuesta no va a gustarle a nadie.
Así las cosas, la revista especializada Muy Interesante, detalló que el científico Paul Doherty y el escritor Cody Cassidy se sentaron a reflexionar sobre la antigua pregunta de cuáles podrían ser las peores formas de morir, y se les ocurrieron algunos escenarios improbables, aunque aterradores. Sus respuestas consideraron situaciones aparentemente imposibles o improbables, y podemos encontrarlas en “And then you"re dead: What Really Happens If You Get Swallowed by a Whale, Are Shot from a Cannon, or Go Barreling over Niagara”, libro publicado por Penguin Books y que el New York Times calificó de “entretenido y desgarrador”.

Sin la prevención de tumbarse boca arriba para mitigar el impacto y aún estar de pie en el momento del impacto del ascensor tocando el suelo, los órganos internos pueden intentar mantenerse en movimiento, a pesar de que el resto del cuerpo no. Debido a esto, los órganos podrían salirse de la parte inferior del cuerpo y las extremidades podrían romperse tras el impacto. Sin embargo, si la caída no destruye el cerebro, una persona podría sobrevivir el tiempo suficiente para ver cómo se abren sus entrañas.
Ha sido uno de los métodos de ejecución más brutales de la historia y, según la ciencia, una de las peores formas de morir. El desollamiento tiene una historia larga y grotesca, pues existen registros de la práctica desde el Imperio Neo-Asirio (comenzando en el 911 a. C.), pero ha surgido en la mayoría de las civilizaciones en un momento u otro, incluida la Europa medieval (donde solía ser utilizada como castigo para los traidores) y en el ritual de sacrificios humanos hechos por los aztecas en México. A pesar de las distintas técnicas, la base es la misma: hacerlo lentamente, cortando la piel del cuerpo de manera insoportable mientras se mantiene viva a la víctima el mayor tiempo posible (y cuando sea posible, eliminar la piel intacta). Los emperadores chinos Sun Hao, Fu Sheng y Gao Heng incluso ordenaron que se retirara la piel de los rostros de sus víctimas. La muerte normalmente vendría como resultado de una pérdida de sangre masiva y un shock, pero en los casos desafortunados donde se usaron desolladores expertos, la víctima podría mantenerse viva en un estado de agonía perpetua durante varios días antes de sucumbir finalmente a las heridas infectadas.
La muerte por flujo piroclástico o por oleada piroclástica, no es ningún camino placentero. Con velocidades típicas de 80 kilómetros por hora, esta mezcla sobrecalentada de gases, ampollas de lava y escombros puede alcanzar temperaturas de hasta 1.000 ° C y aniquilará indiscriminadamente cualquier cosa que se encuentre en su camino. Si nos acordamos de Pompeya y Herculano y la catástrofe del Vesubio del año 79 a.C, cuando estas corrientes de densidad infernales explotaron a través de los tejados y a través de las calles, frieron rápidamente a cualquiera que se viera envuelto en este escenario: las víctimas murieron por un choque térmico extremo, congelándolas en una pose pugilística, un "rigor mortis instantáneo" cuando sus músculos se contrajeron repentinamente. Los pocos que sobrevivieron a esta etapa de aniquilación térmica probablemente se asfixiaron bajo el gas volcánico tóxico y las cenizas.
Es extremadamente difícil morir por permanecer despierto durante mucho tiempo, pero es posible. Y cuando ocurre, no es nada bonito: la presión sanguínea aumenta, el estado de ánimo cambia y la confusión nubla la mente. En este punto, se experimentan delirios, incluidas alucinaciones vívidas. El cuerpo puede tratar de obligar a la víctima a dormir para salvarlo, pero si de alguna manera nos mantenemos despiertos durante 11 días o más, nuestros órganos sucumbirán, el sistema inmune se verá comprometido y moriremos. Lo que empeora las cosas es que la falta de sueño nos hace menos capaces de tolerar el dolor. Así que a medida que el cuerpo se muere, dolerá mucho más simplemente por la privación de sueño.
El escafismo fue un intrincado método de tortura usado por los persas. Primero, metían a la víctima en un tronco de árbol ahuecado, con la cabeza y los pies sobresaliendo de cada extremo del tronco hueco. Luego le obligaban a comer leche y miel en mal estado y le verdugo le untaría la misma mezcla para atraer a moscas y otros insectos. La mezcla causaría diarrea a la víctima, lo que atraería aún a más bichos y convertiría su cuerpo en un hogar espléndido para poner huevos. Y cuando los bebés nacieran, necesitarían comida y, claro está, la tendrían allí mismo, fácilmente disponible. Los insectos y las larvas se enterrarían en la piel de la víctima y se comerían su carne, y es probable que se mantenga despierto durante mucho tiempo mientras los insectos se alimentan del cuerpo. Los más afortunados morían por deshidratación, hambre o agotamiento; sin embargo, también podían morir por shock séptico, ya que la sangre puede volverse altamente tóxica en estas circunstancias.
El cuerpo almacena grasa cuando comes, pero cuando te mueres de hambre, tu cuerpo se alimentará forzosamente de la grasa. Y cuando esta se acabe, tu cuerpo básicamente comenzará a comerse los músculos. Luego, gradualmente se debilita, hasta que el sistema inmunológico comienza a fallar, por lo el cuerpo enferma por diferentes vías. Cuando los músculos finalmente se agotan, los órganos vitales se desintegran desde adentro. ¿No puede empeorar? Sin alimento, el cuerpo comienza a descomponer el corazón. Si se sigue vivo en este punto, la muerte llegará con un paro cardíaco.
El Parque Nacional de Yellowstone se asienta sobre el supervolcán más famoso del mundo, pero aunque este volcán esté inactivo en este momento, su sistema geotérmico de géiseres y aguas termales, representa todo lo contrario. Estas piscinas geotérmicas son bastante alcalinas o increíblemente ácidas, y siempre están calientes, con temperaturas del agua que burbujean justo por debajo de la ebullición. De vez en cuando alguien cae en ellas, más atraído por el absurdo valor que por el sentido común. A los que corren esta suerte es probable que experimenten quemaduras de tercer grado, lo que da como resultado que las tres capas de la piel se dañen, ennegrezcan y se desgarren. Su grasa subcutánea también se habría evaporado. Extrañamente, esto habría causado muy poco dolor, ya que sus terminaciones nerviosas también se habrían quemado, dejándolo incapaz de sentir. Entonces, habría sucumbido rápidamente a un choque térmico extremo y podría desangrarse, aunque no está claro qué puede matarte primero. En menos de un día, el cuerpo, incluso el esqueleto, se habría disuelto por completo.
Hay todo tipo de formas de quemarse vivo. Que hiervan a la víctima, que lo quemen en la hoguera o que lo mantengan dentro de una olla sobre un fuego. No importa la forma, quemarse vivo es insoportable. Una de las peores formas de morir. La piel se pelará, los músculos se quemarán y los órganos pueden comenzar a hervir o descomponerse dentro de la víctima. Puede desangrarse hasta morir, asfixiarse o morir de shock y dolor. Dependiendo de la temperatura del aire alrededor del fuego, los ojos pueden hervir en el cráneo o quemarse hasta dejarnos ciegos. Está claro que la muerte sobreviene en un estado de miedo y pánico.

Hablamos del método de tortura vikinga que se menciona en la literatura de algunas sagas nórdicas. El águila de sangre mezclaba brutalidad y “poesía” de una manera que solo los vikingos entendían. Primero, abrían la espalda de la víctima y desgarrarían la piel, dejando al descubierto la columna vertebral. Arrancaban entonces las costillas de la columna vertebral y las doblaban hacia atrás hasta que salieran fuera del cuerpo como si de alas se tratara. Como final horrible, los pulmones eran extraídos de la cavidad del cuerpo y cubiertos con sal picante, causando la muerte por asfixia. Existen algunas dudas sobre si esta técnica alguna vez se usó realmente, ya que los únicos relatos provienen de la literatura. Sea como fuere, la agonía y la pérdida de sangre de las heridas iniciales probablemente habrían provocado el desmayo de las víctimas mucho antes del resto del “procedimiento”.
La técnica empleada por Vlad el Empalador, gobernante de Valaquia del siglo XV (en la actual Rumanía) e inspiración para el Conde Drácula, tiene una larga y sombría historia. Si bien las imágenes tienden a representar a personas ensartadas por la mitad del cuerpo y mantenidas en alto, de una manera que seguramente provocaría una muerte rápida, el proceso real era una prueba mucho más larga. Tradicionalmente, la estaca se plantaría apuntando hacia arriba, en el suelo. Luego se colocaría a la víctima sobre la espiga inserándola parcialmente en el recto o la vagina. A medida que el propio peso corporal vencía, la estaca de madera semi-engrasada se abriría paso a través del cuerpo, perforando los órganos con una agonizante lentitud a medida que penetraba en todo el torso, rompiendo finalmente una herida de salida a través de la piel del cuerpo, ya fuese hombro, cuello o garganta. Según algunos relatos, la víctima, podría tardar hasta ocho días enteros en morir.
Tal vez hayas leído que si estás perdido en el mar o en un vasto desierto, la deshidratación te matará rápidamente. Sin embargo, la deshidratación no siempre es rápida. Puede llevar hasta seis días, y durante este tiempo, experimentaremos un sufrimiento casi constante. Si nos deshidratamos demasiado, el cuerpo comienza a usar agua de sus otras partes, como órganos vitales. El cerebro pierde mucha agua, y debido a que representa el control de todo, comenzará a impactar en otros órganos. Si esto sucede, tendremos dolores de cabeza y calambres en todo el cuerpo y luego entraremos en coma antes de morir. Pero lo que pasa dentro del cuerpo tampoco es un asunto baladí. El cuerpo deja de comprender cómo eliminar los desechos, por lo que la sangre se vuelve cada vez más tóxica. Al final, se pierde la capacidad de orinar y la conciencia de lo que está sucediendo realmente.