14 de junio de 2021
Desde este lunes, los fiscales que investigan la muerte de Diego Armando Maradona comienzan a tomar las primeras declaraciones indagatorias a los dos enfermeros que lo cuidaron durante sus últimas horas de vida, y a su supervisor, quienes se encuentran imputados por “homicidio simple con dolo eventual”, junto a otras siete personas más. En este caso, hablamos de Ricardo Omar Almirón, Dahiana Gisella Madrid y de Mariano Ariel Perroni, todos empleados de la empresa tercerizada por la prepaga Swiss Medical, “Medidom”, para el cuidado domiciliario del ídolo del fútbol en la casa del country San Andrés de Tigre, donde fue trasladado para llevar adelante una internación domiciliaria y donde finalmente falleció el pasado 25 de noviembre.
Las declaraciones se tomarán en la sede de la Fiscalía General de San Isidro, ubicada sobre la calle Acassuso 476, a cargo de los fiscales Cosme Iribarren, Patricio Ferrari y Laura Capra.
Almirón era el enfermero encargado de cuidar a Maradona durante el turno noche y la madrugada. Los fiscales le imputan que “omitieron asistir a Diego Armando Maradona los días 24 y 25 de noviembre de 2020, a sabiendas de su delicada situación y con conocimiento de que muy probablemente tal omisión llevaría al desenlace fatal que finalmente ocurrió. En clara complicidad con la finalidad delictiva del plan que ejecutaban los restantes imputados, realizaron chequeos y/o revisaciones deficitarias, ya sea porque no los hacían debidamente o bien porque omitían siquiera ingresar en la habitación”. Agregan que “los días previos no pudieron advertir los signos y síntomas compatibles con insuficiencia cardíaca que ya eran evidentes y detectables. Fueron los últimos dentro de un deficiente esquema de atención que tuvieron contacto directo con la víctima, cuando ya había comenzado el período agónico previo al deceso, datado al menos, 12 horas antes del fallecimiento”.

Según consta en su declaración testimonial de foja 95, Almirón fue la última persona en ver con vida al ex futbolista, cuando a las 6.30 de la mañana de aquel 25 de noviembre, previo al cambio de guardia con la otra enfermera, fue hacia la habitación y lo notó “durmiendo y respirando normalmente”. Admitió que esa mañana se acercó pero sin controlar los signos vitales, ya que “Diego no quería que lo molestemos”. Asimismo, criticó las condiciones de la internación domiciliaria en la que trabajaba, y señaló que “en ningún momento nos indicaron que era un paciente con afecciones cardíacas, nunca vi una epicrisis donde observar sus antecedentes. Solo nos dieron la indicación de la Dra. Agustina Cosachov y que básicamente era suministrar medicación psiquiátrica. No contábamos con elementos de emergencia, solo con la posibilidad de activar un código rojo, pero no teníamos los elementos de UTIM, que sería la Unidad de Terapia Intensiva Móvil, que se solicitan para pacientes complejos y que se componen de tubo de oxígeno, cardiodesfibrilador, monitor, etc”. La defensa de Almirón está a cargo del abogado Franco Chiarelli.
Madrid era la enfermera encargada del turno mañana y tarde. Los fiscales le imputan la misma acusación que escribieron para su colega Almirón. En tanto, de acuerdo con lo que consta en su declaración testimonial de foja 53, Madrid explicó que aquella mañana no ingresó nunca a la habitación del Diez para dejarlo descansar porque sabía que al mediodía venían la psiquiatra y el psicólogo, y relató cómo ella misma encabezó las maniobras de RCP que fueron infructuosas. Sin embargo, los fiscales volvieron a citarla al descubrir que había escrito un informe para la empresa “Medidom” en la que aseguraba que aquella mañana había intentado controlar a Maradona y que él se había negado.
Al respecto, y en una segunda testimonial a foja 161, Madrid reconoció que ese informe era trucho y que lo había hecho por pedido de su supervisor Mariano Perroni. “Hice un reporte en la casa de Maradona, tras haber declarado en la fiscalía porque es lo que me indicó Mariano, el coordinador. Dije que intenté tomarle los signos vitales y él no me dejó, pero la verdad es que eso no pasó”, dijo. También apuntó contra el dispositivo montado en el domicilio e hizo hincapié en que “no teníamos oxígeno ni medicación. Por eso hicimos respiración boca a boca. No teníamos elementos para casos de paro”. Su defensa está a cargo del abogado Rodolfo Baqué.
Por último, Perroni era el coordinador de enfermeros de la empresa “Medidom”. Los fiscales le imputan que “teniendo pleno conocimiento de lo que se hacía y de lo que no, en especial del manejo de los enfermeros para con el paciente, completó las planillas de las correspondientes atenciones, omitiendo plasmar sus asientos de forma completa y adecuada, consignando deliberadamente información que no se condecía con el real estado y atención médica que Diego Armando Maradona recibía. El imputado, a sabiendas de la situación de peligro que creaba su comportamiento, apareciendo el resultado como previsible y evitable, demostró un comportamiento desinteresado e indiferente frente a la situación de emergencia. Luego de ello, con la intención de ocultar su accionar, los dos enfermeros Madrid y Almirón, en connivencia con Perroni, consignaron falsamente en la hoja de enfermería, que el paciente había sido revisado en diversas oportunidades”.
Según su declaración como testigo a foja 52, Perroni aseguró que nunca fue a la casa de la internación domiciliaria y explicó que sus labores eran “llevar el presentismo, solicitar informes de cambio de guardia y todas cuestiones atinentes a la organización administrativa de personal”. Dijo que “el grupo realizaba hojas de enfermería en las cuales se plasmaba los controles de signos vitales, la medicación administrada y cómo se lo observó al paciente en la guardia” y que todo ello se lo entregó a otra de las imputadas, Nancy Edith Forlini, coordinadora para Swiss Medical de la internación domiciliaria de Maradona y a quien definió como su “superior jerárquico”. Respecto a cómo se encontraba la salud de Maradona los días previos a su muerte, Perroni dijo que solo lo supo “por comentarios de su mujer” (refiriéndose a una de las enfermeras que lo atendía los fines de semana) o “por lo que leía en el grupo de WhatsApp”, que “sabía que tenía días que estaba bien y otros mal y que era muy fluctuante en su estado de ánimo”. Su defensa está a cargo del abogado Miguel Ángel Pierri.

El viernes 25 será el turno de la psiquiatra Agustina Cosachov, a quien se le reprocha que no aseguró “la correcta administración de la medicación y psicotrópicos” indicados. Y la ronda se cerrará el lunes 28 de junio con la declaración de Leopoldo Luque, el neurocirujano que oficiaba como médico de cabecera de Maradona y quien fue el responsable del cuidado del Diego en sus últimos días.