9 de septiembre de 2021
De acuerdo con un estudio efectuado por un grupo de investigadores de 16 países, se determinó que existe una relación entre el “long Covid”, la parosmia y la fantosmia. La investigación que involucró a unas 1500 personas, aún no cuenta con la revisión de pares. Revela que cuanto más tiempo se tarda en recuperar el olfato, más frecuentes son las alucinaciones y distorsiones olfatorias.

El documento en cuestión indica que “la disfunción olfativa parece ser un componente del long Covid, con la parosmia como síntoma prominente en casi la mitad de las personas que sufrieron la pérdida del olfato”. Se subraya la importancia de atender esta dolencia dado que “la disfunción olfativa se asocia con la depresión y la pérdida de apetito”.
La parosmia es una alteración del olfato por la cual una persona puede percibir un aroma de un modo distorsionado. Por ejemplo, quien padece de esta patología puede sentir que el café huele a pescado o que las flores tienen olor a asado. La fantosmia es una alucinación olfatoria. Se trata de percibir un aroma que no se encuentra en el lugar. Por ejemolo, sentir un constante olor a humo cuando éste no está presente.
Los investigadores analizaron las consecuencias de la pérdida del olfato en quienes padecen “long Covid”, sobre los datos aportados por 1468 participantes. Este síntoma “puede persistir durante al menos 11 meses después del inicio de la enfermedad”. A pesar de que la mayoría de los voluntarios dijo que hubo una mejora cuantitativa en su capacidad olfatoria, “la prevalencia de la parosmia y la fantosmia aumentó sustancialmente durante el seguimiento” que se extendió, al menos, por un año.

“La pérdida repentina del olfato es un síntoma temprano y específico del COVID-19, que se presenta con una prevalencia estimada de entre el 40% y el 75% de los casos”. El deterioro de este sentido “afecta la salud física, mental y alimenticia” de quienes lo padecen. Al compararse con la anosmia con la ageusia, el gusto se recupera mucho más rápido.
La prevalencia de parosmia y la fantosmia, que en los primeros seis meses de perdida del olfato se encontraba cerca del 10%, a medida que transcurrían los meses, hasta cumplir casi el año, se elevaron 47% para parosmia y 25% para fantosmia. “Si bien la pérdida del olfato mejora para muchas personas que lo perdieron debido al COVID-19, la prevalencia de parosmia y fantosmia aumenta sustancialmente con el tiempo”.