15 de septiembre de 2021
Los científicos determinaron que el coronavirus ingresa al organismo por la nariz, y que es ahí donde se inicia la infección. Por tal motivo, buscan emular la estrategia que ya ha mostrado efectividad ante la poliomielitis. Y se trata de una vacuna nasal. Es un hecho indiscutido que la infección comienza por la nariz, por eso entre las primeras medidas recomendadas se aplicó el uso del barbijo. De hecho, se realiza un hisopado nasofaríngeo porque es el sitio donde se registra la mayor concentración viral.

Una vez que el virus ingresa al cuerpo, el sistema inmunológico toma el control y su respuesta es muy compleja. Los anticuerpos se unen al intruso para marcarlo para su reconocimiento y eliminación, mientras que luego aparecen los linfocitos T, que serían los “expertos”. No solo salen en apoyo sino que además son responsables de matarlos y recordar cómo eran y cómo aniquilarlos si vuelven a ingresar al organismo.
Los anticuerpos que se encuentran en la primera línea de defensa reciben distintos nombres. Los que están escondidos en las mucosas son Inmunoglobulina A (IgA), los primeros en combatir una infección y están en la sangre son los Inmunoglobulina M (IgM). Y los denominados como Inmunoglobulina G (IgG) son los que aparecen como “veteranos de guerra” y permanecen en líquidos corporales.
La IgG es la inmunidad que provoca la vacuna, estos títulos con la vacuna son muy superiores a los de la infección. Pero las vacunas subcutáneas o intramusculares no generan la IgA, que se secreta en las mucosas y el tracto digestivo. Por eso, con una vacuna nasal se estaría generando esa concentración inmunológica en el primer sitio de defensa que es donde se aloja la mayor cantidad de carga viral.
Para poder explicar las razones de una decisión se necesita apelar a experiencias previas. Lo que ocurrió con la poliomielitis es un buen ejemplo. Se trata de una enfermedad que atacó a niños de hasta cuatro años y que en la década del ‘50 marcó su pico en la Argentina, cuando se registraron 6496 casos. La respuesta a esta enfermedad fue una vacuna creada por Jonas Salk en 1955. Pero, su desaparición estuvo vinculada con una segunda inmunización, oral en este caso, desarrollada por Albert Sabin en 1962.

Con respecto al coronavirus, los científicos están buscando replicar esta estrategia. La mayoría del virus está en la nariz y la vacuna que está en fase 1 busca poder crear una barrera en el primer contacto con el virus. Pese a que todavía faltan varios estudios clínicos para poder alcanzar esta vacuna, los posibles resultados son más que esperanzadores. No sería descabellado pensar en dos dosis iniciales con una vacuna inyectable y luego reforzar la IgA con una vacuna nasal.