21 de octubre de 2021

. El radicalismo propone un acuerdo que supere la grieta: Una Moncloa Verde para la Argentina


El mundo postpandemia se apoyará en lo Verde como el principal vector de desarrollo orientador de la economía. ¿Será posible un pacto por la modernidad en la Argentina? Hacia una Moncloa Verde.





Resulta indiscutible que la Argentina se encuentra inmersa en un estado de crisis
profunda, como pocas veces a lo largo de su historia ha ocurrido. El indicador más
dramático de esta crisis lo da el porcentaje de argentinos por debajo del límite de
pobreza, cuarenta y seis por ciento; este número muestra lo lejos que estamos de
poder asegurar un cierto estado de bienestar a la población. Nada indica que la salida
de este estado de cosas se halle próxima ni, mucho menos, inmediata.





Y es en este difícil contexto que el país se encuentra en plena campaña para las
elecciones de medio término. Cuando los dirigentes políticos hablan del futuro en sus
campañas electorales, la mayoría de los votantes entienden que en realidad hablan de
sus propios futuros personales. Es decir, de cómo van a quedar posicionados ellos de
cara al poder en el 2023 o en el 2027. Y no dónde va a estar o cómo va a quedar el País
en ese mismo plazo. Es que es evidente que prevalecen los intereses personales, egos,
codicia, especulación, ignorancia o una mezcla de esas razones.





Ya ha quedado suficientemente demostrado que promover la polarización y la
crispación resulta una buena estrategia para ganar las elecciones. No es necesario
insistir en ello. Pero, al mismo tiempo, ha quedado probado también que no sirve para
gobernar. Mientras los políticos quieren ganar elecciones, el pueblo, la gente, quiere y necesita un buen Gobierno. Un Gobierno que ordene la macro, marque un rumbo
claro, oriente las inversiones necesarias y ayude a crear genuinas oportunidades de
empleo digno.





Es hora de que toda la dirigencia reconozca la existencia de este conflicto de intereses y tome conciencia de que es deudora de la sociedad que pretende representar. Es sabido que no hay posibilidad de crear empleo sin inversión, Y que no hay inversión sin seguridad jurídica. Y que esta tampoco es posible sin estabilidad política. Por lo tanto, la misión de la política debe ser generar esa estabilidad política. Es decir, generar estabilidad, confianza, previsibilidad, certidumbre. No sólo es esta la función de (la buena) política, sino que es la política la única que está legitimada para hacerlo.





Entonces, ¿seguimos declamando la necesidad de crear más empleo mientras
agitamos la bandera de la polarización? ¿O, por el contrario, nos ponemos los
pantalones largos y nos abocamos a la tarea de generar los acuerdos necesarios con
las fuerzas políticas rivales? Acuerdos que creen certidumbres y aseguren un horizonte
de gobernabilidad suficientemente largo como para poder implementar todas las
reformas de fondo que sabemos que son necesarias.





La estabilidad política es condición necesaria pero no suficiente. Es también una
responsabilidad indeclinable de la política proponer un rumbo, que guie a la sociedad
civil, y le devuelva esperanza y un sentido de propósito hoy ausentes. Es una falacia
pensar que la actual discusión ideológica sobre la conveniencia de más o menos
intervención del Estado sobre la economía, va a resolver por sí sola y automáticamente
el problema de no saber hacia dónde va el País, particularmente en un clima electoral
de constante y creciente crispación.





Como ya se ha dicho en otros comunicados de esta Comisión, no se trata solo de
esbozar esa visión de futuro, sino de concretarla en un Plan Estratégico, una Hoja de
Ruta
, que por su propia naturaleza de largo plazo demandará un amplio y profundo
acuerdo político. Hoy, la mayoría de las iniciativas del oficialismo apenas si pudieran
calificarse como tácticas. Pero lo táctico, sin el marco de lo estratégico, no solo refleja improvisación y la posibilidad de serias contradicciones sino, lo que es peor, carece de legitimidad política al no estar enmarcado en ese imprescindible amplio acuerdo. La propuesta enviada al Congreso de una nueva Ley de Hidrocarburos con incentivos fiscales por 20 años, sin el marco de un Plan Estratégico para el Sector Energético, es un claro ejemplo de lo que no se debe hacer. Y otro tanto se puede decir delanunciado “Plan de Desarrollo Minero a 2050.” Este no sólo carece de visión política, concepción estratégica y rigor técnico, sino que está deslegitimado en su origen por esa misma falta de acuerdo básico.





Previo a las PASO, la vicepresidente propuso la necesidad de acordar una “MiniMoncloa”, y después de las PASO el presidente de la Cámara de Diputados también argumentó en el mismo sentido sobre la necesidad de alcanzar ciertos “Pactos de Estado.” Mas allá del hecho de que la propuesta de una Mini-Moncloa haya sido una opción de mínima, casi un pacto de no agresión sin un propósito concreto o con el solo propósito de la supervivencia, la referencia a los Pactos de la Moncloa que alumbraron la España democrática moderna es muy atinada y oportuna.





De hecho, los Pactos de la Moncloa fueron dos. Uno Económico, que en la práctica se
tradujo en un Plan de Estabilización, precisamente para estabilizar la macro. Y un
Pacto Político que le diera certidumbre y propósito a ese esfuerzo inicial. Y ese
propósito no era otro que el converger con Europa, volver a ser Europa. El mayor, si no
el único, proyecto político de España en los últimos 40 años. Pasadas las elecciones de noviembre, quizás con un Congreso más equilibrado, se abre una nueva ventana de oportunidad para que las fuerzas políticas con representación parlamentaria, particularmente los dos principales frentes, se aboquen a trabajar y concretar este tipo de acuerdos. Uno de Estabilidad que ordene y estabilice la macro y uno Político que le dé propósito de cara al futuro. Un “Pacto por la Modernidad” que, dado el contexto internacional, no puede ser otro que un pacto por lo Verde para converger con el mundo. Una verdadera Moncloa Verde.





Como venimos insistiendo desde esta Comisión de Economía de la H. Convención
Nacional de la UCR, lo Verde es hoy por hoy el principal vector de desarrollo
orientador de la economía a nivel mundial. Es la Hoja de Ruta que, con matices propios
de cada región y cada país, está siguiendo todo el mundo. ¿Nos sumamos al progreso
o seguimos apostando por la decadencia y el subdesarrollo? ¿Qué podría ser más
progresista en el siglo XXI que una Moncloa Verde para la Argentina?





CABA, 21 de octubre de 2021
DR. JORGE SAPPIAPRESIDENTE DE LA H. CONVENCIÓN NACIONAL UCR
ING. MIGUEL PONCECoordinador COMISIÓN ECOCONOMIAH. Convención Nacional UCR


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