6 de octubre de 2022
En la previa a la asamblea conjunta al Banco Mundial, que se llevará adelante en Washington entre el lunes 10 y el domingo 16 de octubre, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, pintó un difícil panorama mundial para lo que serán los próximos tres años, signados por inflación persistente, recesiones y ajustes. Asimismo, adelantó que el organismo rebajará nuevamente las previsiones de crecimiento 2023 para la mayoría de los países regiones.

Por otra parte, Georgieva indicó que la pandemia de coronavirus, la invasión de Rusia a Ucrania y los desastres climáticos en todos los continentes “están impulsando un aumento global de los precios, especialmente de los alimentos y la energía, lo que provoca una crisis del costo de vida”.
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Desde la Universidad de Georgetown, la titular del FMI explicó que “todas las economías más grandes del mundo se están desacelerando”. Luego, remarcó que los “altos precios de la energía y los alimentos, condiciones financieras más estrictas y restricciones de suministro persistentes tienen un impacto aún mayor en los países emergentes y en desarrollo ya que se enfrentan a una menor demanda de sus productos”. En tanto, advirtió que “los riesgos de recesión están aumentando. Estimamos que los países que contabilizan aproximadamente un tercio de la economía mundial experimentará al menos dos trimestres consecutivos de contracción este o el próximo año. E incluso cuando el crecimiento es positivo, se sentirá como una recesión debido a la reducción de los ingresos reales y al aumento de los precios”.
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“Esperamos una pérdida de producción global de alrededor de US$4 billones de aquí a 2026. Este es el tamaño de la economía alemana, un revés masivo para la economía mundial”, completó. Según Georgieva, podría haber todavía más shocks económicos: “Si no se ajusta lo suficiente, la inflación se desanclaría y se atrincheraría, lo que requeriría que las tasas de interés futuras sean mucho más altas y más sostenidas, causando un daño masivo en el crecimiento y en las personas”.
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Asimismo, aconsejó a que la asistencia de los gobiernos a familias de ingresos medios o bajos en momentos como la actual crisis deben ser directos, e indicó que los Estados deben “minimizar el uso de controles de precios. Sabemos que controlar los precios durante un período prolongado de tiempo no es asequible, ni es eficaz. Es fundamental evitar el apoyo fiscal indiscriminado, porque si se hace de forma amplia, el impulso a la demanda haría aún más difícil luchar contra la inflación”.
Además, planteó que, para reducir el riesgo de crisis de deuda, los grandes acreedores como China y el sector privado tienen una responsabilidad de actuar. “El marco común del G-20 está en marcha para apoyar la resolución de la deuda para países de bajos ingresos. Pero este proceso debe volverse más rápido y más predecible”.