6 de diciembre de 2022
Y hoy -luego que dictaran el fallo en la Causa Vialidad- en medio de una Justicia sospechada, oscura, turbia, que está más empeñada en la rosca política que impartir el primero de sus mandatos. Esto sumó un capítulo más a ese estúpido River-Boca. Cómo si el paso por el cuarto oscuro con el voto no fuera necesario para dar crédito o no a algún dirigente político. Acá siempre hay que llevar todo a los extremos, sin pensar en el peligroso juego que acarrea.
Nadie podrá negar -aún lo que están parados en la vereda de enfrente- que es la dirigente más capaz, preparada y con un liderazgo innato que la llevó hasta donde está hoy. Que aún con una trayectoria con algunos tropezones y derrotas electorales en el medio siguen posicionándola entre los candidatos potables que se cuentan con los dedos de la mano. Cómo pasa con el fútbol y los buenos jugadores parece que ella dejará la política cuando quiera y no al contrario. Que el paño le sobra para seguir en un cuadrilátero que no genera nuevos dirigentes o los que surgen no le atan ni los cordones a la vieja escuela.

Como se dice en cualquier charla peronista "la jefa es la que tiene los votos". Y ella así lo esgrime. Pero después de decenas de causas en su contra, que ninguna llegó a instancias de veredicto, suena raro que meses antes de que ese rumor de volver a tenerla como candidata un proceso judicial en su contra llegue a fallo condenatorio.
¿Será que hay una corriente del poder que la ve como una amenaza y necesito ponerle un freno antes de que el pueblo la suba al ring de las elecciones presidenciales de 2023? La oposición todavía no logra dirimir (y parece ser que no será por las buenas) quien será el candidato para el año próximo. Larreta, Macri, Bullrich y sus alfiles Vidal, Carrió, Lousteau, Jorge Macri, para citar algunos, no paran de hacer girar la rosca minuto a minuto aunque la última palabra está lejos de pronunciarse. Y no parece nada loco pensar que nada será lo mismo con Cristina arriba del ring. Nadie quiere despertar a un gigante dormido. Y más con la sangre en el ojo de una causa de claro Lawfare en su contra.
Ojo que en Brasil pasó con Lula y años después terminó sentado nuevamente en el sillón presidencial. Tal como dice la famoso canción de la banda rockera Pier, ¿será que la ilusión de volver a ser presidenta es la que condena a Cristina Fernández de Kirchner?