19 de diciembre de 2022
Por Alejandro Olmos.
Se dice que si sos argentino, tenés que sufrir. Y este campeonato mundial le da la razón al dicho popular. Hasta el último minuto, los corazones y emociones no paraban de sacudir los pechos de los más de 40 millones de argentinos en el mundo. El Capitán de la selección nacional, Lionel Messi, rompió con todas las estadísticas y logró el sueño de todos.
Un equipo forjado tímidamente desde un director técnico desconocido y muchas veces discriminado por su “insuficiente” carrera como técnico, según ignotos en el tema. Estamos acostumbrados que, para ser exitosos, necesitás tener un camino recorrido y haber pasado por miles de aprobaciones de gente que se cree tener la verdad desde sus cómodos sillones. La única verdad es la realidad y esta selección demostró que el camino es la humildad, el trabajo en equipo y el enfoque del objetivo.
Todos la tenían clara, se sentían campeones, nunca bajaron los brazos, hubo y se sintió el hambre de gloria, jóvenes que les corría sangre por el cuerpo, hasta el fideo Di María no dejó que se escapara la pelota en el triángulo del córner, haciendo movimientos con sus piernas para aguantar el balón dentro de la cancha. Todos rugían al compás del objetivo, no hubo maleficio o brujería que cortara con la ambición de ganar. Y es el gran mensaje que rescato de esta nuestra selección nacional, que por más injusta y desagradable sean las instancias de la vida, hay que darle para adelante y enfocarse hacia dónde queremos llegar.
Casualidades o no, pero cuando Montiel va a patear lo que sería el último penal, y miré su tatuaje de tres estrellas en el cuello, me di cuenta que él pondría el punto final a la contienda y comenzaría el festejo interminable de todo un país. Felicidad por todos lados, los niños y jóvenes que bancaron a Lionel, que lloraron y lo acompañaron cuando el periodismo lo mataba a Messi por ser frío, todo eso ya quedó atrás, ahora es momento de disfrutar, esto que nos está pasando ahora a vos que lees este texto, disfrutá, cantá, bailá, abrazá, llorá, porque vos también sos campeón o campeona.
En el obelisco y en todas partes del país quedó demostrados que los argentinos sentimos a la selección y amamos la bandera, se vio por todos lados la alegría, las lagrimas y el desahogo de años esperando este regalo de navidad, el mesías ha nacido y así lo sentimos. Porque los argentinos somos extraordinariamente sensibles.
¡Vamos Argentina!