19 de mayo de 2025
Seamos honestas: si querés saber si tu ex va a volver, stalkeale las historias de Instagram.
La
gente llega esperando que les diga el futuro y yo les digo: "Querida, si
supiera el futuro, estaría en el Four Seasons, no en un departamento con
incienso". Pero lo que sí hago -y esto es mucho más útil- es ayudarlas a escuchar eso que ya saben (pero
no saben que saben).
Como
cuando sacás "El Carro" y te digo "¿Viste esa meta que estás
posponiendo porque tenés miedo de fracasar?" y vos hacés esa cara de
"¡¿Cómo sabías?!" (Spoiler: No lo sabía. Lo sabías vos).
El tarot es el mejor invento después del chocolate
porque es mindfulness con ilustraciones hermosas: aprendés a callar la mente
unos segundos (¡milagro!) mientras mirás una imagen. Y genera ese asombro
instantáneo cuando aparece la carta perfecta, como cuando encontrás justo lo
que necesitabas escuchar.
Por
esto mismo en mi taller (@elpuenteastro, por si quieren anotarse), les digo:
"Si buscan adivinos, vayan a Plaza Francia. Si quieren aprender a
conversar con su inconsciente, quédense".
Porque el tarot, en definitiva, es ese amigo que todos
necesitamos: el que nos mira a los ojos y nos
pregunta "¿Y vos qué querés realmente?" cuando estamos demasiado
ocupados preguntándole al universo. El que nos devuelve nuestra propia voz, esa
que a veces enterramos bajo capas de "debería" y "qué
dirán".
Así que la próxima vez que sientas que necesitás respuestas, recordá: las cartas solo te están mostrando lo que ya llevás dentro. La verdadera magia no está en adivinar tu futuro, sino en encontrar el coraje para crearlo. (Y si no funciona, siempre queda el chocolate).
Tarotista en @elpuenteastro
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