23 de octubre de 2025

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Mundo. Estados Unidos intensifica operaciones en el Caribe mientras que Maduro responde con arsenal ruso

Este jueves 23 de octubre, las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela alcanzaron un nuevo nivel de confrontación, enmarcado en el contexto de la guerra antidrogas declarada por el gobierno de Donald Trump.

Mientras la Casa Blanca anuncia la expansión de operaciones militares en tierra firme contra cárteles del narcotráfico, el presidente Nicolás Maduro respondió con una advertencia explícita sobre el arsenal antiaéreo de su país, afirmando poseer más de 5.000 misiles rusos Igla-S listos para defenderse de cualquier "incursión" estadounidense.

Cabe recordar que Trump ha ordenado el despliegue de buques de la Armada, aviones de combate (incluyendo B-52 y F-35) y fuerzas especiales en el mar Caribe, cerca de las costas venezolanas.

El Departamento de Guerra (ex Defensa) confirmó ataques letales contra narcolanchas, el noveno en total y el primero en el Pacífico Oriental, matando a varias personas a bordo.

Trump justificó estas medidas como parte de un "conflicto armado" contra cárteles designados como terroristas, vinculando directamente a Maduro con el tráfico de drogas. Además, el presidente estadounidense amenazó con extender las operaciones a territorio venezolano, notificando al Congreso por "seguridad nacional", y suspendió la ayuda a Colombia, acusando a su presidente Gustavo Petro de complicidad.

En una ceremonia televisada con altos mandos militares en el Liceo Militar "Ezequiel Zamora", Maduro declaró que Venezuela cuenta con "más de 5.000" misiles antiaéreos portátiles Igla-S de fabricación rusa, distribuidos en "puestos clave" desde montañas hasta ciudades. Describió estos sistemas como "una de las armas más poderosas que hay", con miles de operadores entrenados mediante simuladores para garantizar "buena puntería".

Maduro enfatizó: "El que entendió, entendió... Que nadie se meta con Venezuela, que nosotros no nos metemos con nadie", interpretando el despliegue estadounidense como un "ensayo general para un derrocamiento".

Los misiles Igla-S (conocidos como SA-24 Grinch por la OTAN) son sistemas portátiles de hombro diseñados para derribar aeronaves a baja altura (helicópteros, drones y aviones) a distancias de hasta 6 km y altitudes de 10 metros a 3.500 metros. Equipados con sensores infrarrojos y un radio de destrucción amplio, son ideales para defensa antiaérea en terrenos irregulares. Venezuela los adquirió de Rusia en años previos, y Maduro los presentó como garantía de una "patria inexpugnable". Sin embargo, expertos dudan de su efectividad contra una fuerza aérea superior como la de EE.UU., que podría neutralizarlos con superioridad aérea y electrónica.

Esta pulseada no es nueva, EE.UU. ha sancionado a Maduro desde 2017, pero el enfoque militar de Trump la eleva.

Fuentes como CNN indican que el objetivo es presionar para un "cambio de régimen" sin ataque directo, aunque el riesgo de error de cálculo es alto, potencialmente desestabilizando el Caribe y afectando a Colombia.

La comunidad internacional, incluyendo la OEA y la ONU, urge diálogo para evitar una crisis humanitaria mayor.

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