30 de octubre de 2025

. Envalentonado por el triunfo, Milei estira su decisión sobre la compra de Telefónica por parte del Grupo Clarín

El triunfo electoral de Javier Milei coincide con la etapa final del análisis por la compra de Telefónica de Argentina por parte de Telecom, controlada por el Grupo Clarín. La operación, valuada en u$s 1.245 millones, se transformó en un expediente clave en la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), donde ya provocó el desplazamiento de su titular anterior por las tensiones políticas que genera.

Aunque el Gobierno había expresado reparos técnicos y políticos a la fusión, fuentes del entorno libertario reconocen que la decisión final tendrá un peso más político que regulatorio. “El diagnóstico es técnico, pero el desenlace será político”, admiten funcionarios del Ministerio de Economía, donde se define la estrategia frente a uno de los conglomerados más poderosos del país.


MILEI, CLARÍN Y LA “GRAN ESTAFA”

El propio Javier Milei dejó sentada su posición en marzo, cuando denunció públicamente la operación al afirmar que Clarín era “la gran estafa argentina” y que el grupo buscaba consolidar una posición dominante en telefonía móvil, internet y TV paga. El mensaje aún permanece fijado en su cuenta de X, y sintetiza el choque entre el discurso libertario contra los monopolios y la influencia política y económica del holding dirigido por Héctor Magnetto.

En tanto, los medios del grupo mantienen un delicado equilibrio editorial: mientras algunos periodistas critican la crisis social y económica, otros respaldan el programa de reformas del gobierno. “Clarín no va a romper con Milei antes de tener asegurado el control del mercado de telecomunicaciones”, apuntó una fuente del sector.


LOS RIESGOS DE LA CONCENTRACIÓN

La CNDC enumeró en su informe de junio los principales riesgos para la competencia, entre ellos:

* La desaparición de uno de los tres grandes operadores móviles, dejando un mercado con 58% para Telecom y 42% para Claro (AMX).
* El exceso en el uso del espectro radioeléctrico, que en algunas zonas duplicaría el límite de 140 MHz fijado por el Enacom.
* Posiciones casi monopólicas en internet residencial y telefonía fija en más de 180 localidades, especialmente en CABA, Buenos Aires, Mendoza, Neuquén y Río Negro.
* Un dominio potencial en servicios empaquetados (cuádruple play), combinando móvil, fija, TV paga e internet en todo el país.
* Un control superior al 50% en servicios corporativos, considerados estratégicos para la economía digital.




LA RESPUESTA DE TELECOM

En su defensa, Telecom respondió a la CNDC en agosto y manifestó su disposición a asumir compromisos y remediaciones, asegurando que ninguna afectará de forma “significativa” su estructura de negocios. La empresa argumenta que la escala obtenida tras la compra es necesaria para desplegar redes 4G, 5G y fibra óptica, y que la concentración será mitigada por la evolución tecnológica y el reemplazo de servicios tradicionales.

Voceros de la firma también citan el caso de Brasil, donde la reducción de cinco a tres operadores permitió “un incremento sostenido de las inversiones”. Sin embargo, especialistas advierten que la comparación no es válida, ya que en Brasil existen miles de pequeños prestadores de conectividad (ISP) que equilibran la competencia, algo que no ocurre en Argentina.


¿MENOS OPERADORES, MEJORES SERVICIOS?

El debate de fondo atraviesa el modelo de competencia en telecomunicaciones. Mientras Clarín y Telecom impulsan la idea de consolidar el mercado en pocos actores grandes, la Organización Europea de Consumidores sostiene que “más operadores implican mayor inversión y mejor cobertura”. En Europa, los países con mayor concentración suelen presentar rezagos en la expansión de la fibra óptica y la conectividad digital.

En Argentina, la discusión es también política: el gobierno libertario debe decidir si mantiene su discurso de competencia y libre mercado o si avala la consolidación de un grupo que concentra medios, telecomunicaciones y poder simbólico. Una definición que pondrá a prueba no solo la coherencia ideológica de Milei, sino también su relación con uno de los actores más influyentes del poder económico nacional.

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