18 de noviembre de 2025
Sin reforma laboral y sin discusión en el Congreso, Edenred se adelantó al Gobierno: lanzó su Tarjeta Comedor, reeditando el esquema de los Tickets Canasta de los 90 bajo otro nombre y sin ningún marco legal vigente.
Todavía no llegó diciembre, el Gobierno no envió al Congreso su reforma laboral prometida, la oposición no conoce el texto y ni siquiera hay fecha confirmada para el debate parlamentario. Pero el mercado ya actuó como si la ley estuviera firmada.
Edenred, multinacional especializada en beneficios corporativos, lanzó esta semana su Tarjeta Comedor, un sistema que replica -casi punto por punto- la lógica de los viejos Tickets Canasta de los 90: vales no remunerativos, uso restringido en comercios habilitados, y el guiño empresarial de siempre: "no forma parte del salario".
La política no movió un dedo, pero el capitalismo ya tomó la delantera.
El producto fue presentado como un "beneficio social". El argumento es conocido:
-No reemplaza el salario, lo protege.
La frase, repetida por la consejera de Asuntos Institucionales de Edenred, Bárbara Granatelli, reactivó el debate sobre la frontera borrosa entre "beneficio" y "pago encubierto", una tensión histórica del mercado laboral argentino. Según la empresa, la tarjeta permite comprar comida durante la jornada laboral y debe cargarse con un monto fijo elegido por el empleador -"el almuerzo vale lo mismo para todos"- para garantizar equidad.
El detalle político es otro: este tipo de vales no remunerativos fue derogado en 2007, cuando el Congreso decidió que los "beneficios sociales" se habían convertido en la excusa perfecta para licuar salarios.
Lo que en los 90 fue una salida empresarial, en 2025 resurge sin ley, sin regulación y sin autorización formal.
El Ejecutivo anunció que enviará en diciembre su proyecto de reforma laboral. Entre sus puntos centrales estaría el retorno de un vale de comida no retributivo, que no integra indemnizaciones ni aportes previsionales.
Exactamente lo que hoy comercializa Edenred. La política todavía discute conceptos. El mercado ya facturó.
No es la primera vez que ocurre: cuando los gobiernos anuncian reformas, el sector privado suele anticipar los cambios para posicionarse antes de la regulación. Pero esta vez el movimiento es más evidente, porque el proyecto aún no existe públicamente.
No hay texto, no hay dictamen, no hay sesión. Sí hay tarjeta.
La Tarjeta Comedor solo puede usarse en comercios que emitan factura y únicamente para compra de alimentos. Opera como una tarjeta bancaria común -con chip, seguridad y trazabilidad-, pero con un alcance limitado y un mensaje claro para las empresas: por aquí no pasa el salario formal.
Si bien se presenta como una herramienta de formalización, varios laboralistas ya advierten lo obvio: sin ley, sin debate y sin regulación, abre la puerta para que parte del sueldo vuelva a disfrazarse de "beneficio".
El retorno de los vales puede sonar nostálgico, pero también huele a precarización.
Según una encuesta de Zubán Córdoba realizada a principios de 2025, el 81,3% de los trabajadores rechazaba que parte de sus ingresos volviera a pagarse a través de vales como en los 90.
El Gobierno dice que la reforma "modernizará el mercado laboral". Las empresas leen: "podemos bajar cargas sin tocar salarios nominales". Los trabajadores escuchan otra cosa: "se vienen los adicionales no remunerativos". La tensión está servida.
La mayoría violeta todavía no sesionó, la oposición sigue pidiendo el texto, y el Ministerio de Trabajo no confirmó qué límites tendrá el nuevo sistema de vales.
En ese vacío político, Edenred avanzó sola. Y sin marco legal, el movimiento abre un interrogante incómodo:
¿Qué pesa más en la Argentina de hoy: la ley que aún no existe o el mercado que ya decidió?.
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