19 de noviembre de 2025
La entrerriana de 25 años arrasó en la pasada de traje de baño y se convirtió en sensación global. Su historia, su voz y su presencia escénica la posicionan como una de las favoritas, mientras Argentina la impulsa con miles de votos rumbo a la final.

Su bikini verde avanzó entre luces y sombras, pero lo que realmente avanzó fue ella: una figura sólida, luminosa, consciente de su propio poder escénico, capaz de sostener el aplauso del público y el escrutinio del jurado sin perder ni un segundo de dominio. En cuestión de minutos, la argentina ya era tendencia global, portada oficial de Miss Universo y protagonista del mensaje más elogioso que la organización publicó esa noche: "Confianza, energía y momentos inolvidables de pasarela están tomando el escenario." Era difícil discutirlo: la escena había sido precisamente eso.
En Instagram, la reacción fue inmediata. Comentarios de orgullo, emoción y sorpresa se multiplicaban como si la Argentina hubiera encontrado, por unos instantes, una excusa perfecta para celebrar. "Salió y demostró qué es ser Argentina", escribió una mujer; "Lo tiene todo", opinó un hombre que seguramente vio el clip más de una vez; "Orgulloso de vos, Argentina entera te banca", repetían otros. No parecía un entusiasmo superficial, sino un reconocimiento colectivo a alguien que no sólo desfila: impacta.

Y tal vez ese impacto tenga que ver con su historia, una que no se agota en las luces ni en las coronas. Aldana canta desde que tiene memoria, modela desde los 13 años y en 2022 dio un salto inesperado cuando se convirtió en vocalista de Agapornis, la banda de cumbia pop que recorre el país desde hace más de una década. Allí, entre escenarios ruidosos, giras eternas y miles de espectadores, aprendió algo que hoy se nota en cada paso que da en Miss Universo: la relación íntima entre presencia, energía y público. Estuvo al frente del grupo hasta 2023, cuando la reemplazó Juliana Gallitpoliti, pero la huella quedó, y hoy se filtra en su manera de caminar, de posar, de mirar a cámara con la seguridad de quien ya se acostumbró a que la observen.
Esa seguridad también se vio en la gala inaugural, cuando descendió por las escalinatas como si el certamen entero hubiera sido diseñado para ella y luego apareció en escena con un traje de carnaval -plumas anaranjadas, guitarra criolla, violín en la espalda- que no sólo homenajeó a la Argentina: la narró, la explicó, la hizo visible. No conforme con eso, frente a las cámaras de Telemundo se lanzó a cantar un fragmento de A Don Ata, y en esos pocos segundos dejó en claro que la identidad no se dice: se encarna.
En la preliminar, un vestido turquesa con brillos y cola volvió a captar miradas y a reforzar la idea que ya corre entre los pasillos: Aldana no vino a participar, vino a competir.

Ahora, con la final del 21 de noviembre cada vez más cerca, necesita superar los 100 mil votos en la aplicación oficial. Mientras tanto, todo indica que Argentina ya eligió: la banca, la vota y la empuja hacia la final con la intensidad de quien reconoce en ella algo que va más allá de un certamen.
Incluso la caída viral de Miss Gran Bretaña -un resbalón tan inesperado como comentado- quedó opacada por la argentina, que sigue avanzando con esa serenidad que la distingue, como si cada paso fuera un recordatorio de que su historia no comenzó aquí... pero podría cambiar para siempre en Tailandia.
Porque esta vez, en Miss Universo, la noche tuvo nombre propio: Aldana Masset, la argentina que convirtió una pasarela en un fenómeno mundial.
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