19 de noviembre de 2025
El peronismo frenó el ingreso de la senadora libertaria Lorena Villaverde y la decisión final quedará en manos del nuevo Senado el 28 de noviembre. Entre acusaciones de narcotráfico, dictámenes cruzados y negociaciones secretas, la Cámara alta se prepara para una votación que puede detonar una crisis institucional.
El Senado volvió a convertirse en un ring político. Entre acusaciones de narcotráfico, denuncias cruzadas y negociaciones a contrarreloj, la Comisión de Asuntos Constitucionales rechazó el pliego de la libertaria Lorena Villaverde, cuya jura quedó suspendida hasta la sesión preparatoria del 28 de noviembre, cuando asuma la nueva composición de la Cámara alta. Ese día, con nuevas mayorías y viejos rencores, se definirá si la legisladora electa por la minoría de Río Negro podrá ocupar su banca o quedará afuera del recinto.
La decisión abrió una tormenta política que aún no amaina. La comisión emitió dos dictámenes de mayoría: uno avalando al resto de los senadores electos y otro rechazando, de manera directa, el diploma de Villaverde. En paralelo, La Libertad Avanza y el PRO se preparan para presentar un dictamen de minoría que avale su ingreso y, a la vez, objete los pliegos de Martín Soria y Jorge Capitanich, impugnados a último momento.
La firma del despacho mayoritario fue un mosaico inesperado: los ocho peronistas, la cordobesa Alejandra Vigo, el radical Pablo Blanco y el experimentado Juan Carlos Romero. La foto política tensiona aún más un escenario donde el oficialismo contará con 20 bancas y el peronismo con 28, mientras UCR (9), PRO (5) y los bloques provinciales (6) se vuelven piezas clave para cualquier definición.
Aunque Vigo aclaró que los dictámenes "no son vinculantes", el mensaje es claro: la discusión ya no es técnica, sino política. Y lo que no pudo resolverse en comisión, se resolverá con un voto a mano alzada en el recinto.
La reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales fue un desfile de tensiones. El peronismo, con José Mayans al frente, lanzó la acusación más dura del debate: "Villaverde fue sorprendida en Miami comprando dólares. Esa fue la última vez que la encontraron. La expulsaron y le impidieron la entrada para siempre por trabajar en la venta de estupefacientes."
Y redobló la apuesta: "Ha comprado una banca. No podemos permitir que una persona con relación directa con el narcotráfico esté acá sentada."
El bloque libertario reaccionó con furia. El jefe del espacio, Ezequiel Atauche, dijo que algunos senadores "están usando el Senado para un show mediático" y que la voluntad del elector "debe ser respetada". Aseguró que no existe ninguna inhabilidad sobreviniente, que la Corte ya se expidió sobre el caso y que Villaverde "ya es diputada y sus títulos son válidos".
La peronista Anabel Fernández Sagasti fue contundente y fue a fondo: "Tenemos la oportunidad de no abrirle la puerta del Senado al crimen organizado. No quiero pertenecer a una institución que mire para otro lado por una puja partidaria."
El PRO también se metió en la pelea. Luis Juez, con su estilo directo, cuestionó el rechazo: "No estamos discutiendo la conducta de 'Fred' Machado. Hablamos de una senadora electa. Se están dando por ciertas situaciones judiciales que no existen."
A su vez, Romero aportó un dato que generó murmullos: "Hay información de la primera ocasión, pero lo de Sarasota no porque se borran antecedentes cuando la persona entrega datos." Y remató con un dardo político: "Si hubiéramos aprobado Ficha Limpia, esta gente no estaría acá."
El radical Eduardo Vischi pidió cautela: "Varias de las acusaciones que se están mostrando no figuran en ninguna causa. El cuerpo tendrá que decidir".
La jura de Villaverde quedó atrapada entre dos tiempos políticos: los dictámenes fueron firmados por la composición saliente, pero la decisión final la tomarán los senadores que entren en funciones dentro de apenas días. Esa paradoja anticipa un escenario volátil donde cada voto será negociado hasta el último minuto.
Desde el oficialismo admitieron que todavía no tienen asegurados los votos para rechazar el pliego y esperan seducir a los sectores "dialoguistas". En la oposición repiten que la persecución contra Villaverde "es puramente política".
Lo cierto es que el 28 de noviembre, con el Senado reconfigurado, se librará la batalla decisiva: o Villaverde jura, o queda afuera en el episodio más explosivo de la transición parlamentaria. Y esta vez, todos miran al recinto. Ahí -solo ahí- se va a decidir quién gana. Y quién queda marcado.
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