21 de noviembre de 2025
Argentina pulverizó el récord petrolero que arrastraba desde 1998 y lo hizo gracias al avance feroz del shale en Vaca Muerta, que ya produce siete de cada diez barriles del país y empuja una balanza energética histórica. El nuevo hito desata la carrera hacia el millón de barriles y reconfigura, en silencio, el tablero del poder que late bajo la Patagonia.
Lo hizo desde el corazón geológico más codiciado de Sudamérica: Vaca Muerta, la criatura de roca que late bajo la Patagonia y que hoy sostiene, casi en soledad, la ilusión de que Argentina pueda volver a jugar en primera en el tablero energético global.
Los números oficiales no admiten metáforas: 859.500 barriles diarios en octubre, por encima de los 842.777 de septiembre y finalmente por encima de los 853.000 barriles que marcaban el techo desde mayo de 1998. Una cifra que no es un número: es una señal política, económica y diplomática. Es el país diciéndose a sí mismo que todavía puede.

El dato que incomoda a los memorialistas del petróleo tradicional es otro: el 69,1% del crudo argentino ya no viene del convencional, ese que hizo ricas a las provincias históricas y alimentó durante décadas a YPF. No. Casi siete de cada diez barriles ahora salen de la roca madre, del shale neuquino que por primera vez se planta como locomotora indiscutida.
En octubre, la formación produjo 653.597 barriles diarios, una cifra que no solo quiebra su propio récord, sino que deja a la vista la fractura silenciosa de la última década: mientras el convencional se desangraba, Vaca Muerta aprendió a correr.
Y corrió tan rápido que ya nadie habla del presente: todos hablan de la barrera del millón de barriles, el nuevo tótem de la industria, que podría alcanzarse entre 2027 y 2028 si la política no vuelve a dinamitar los cimientos.

Para cuando ese millón llegue -si llega-, debería estar operativa la obra que hoy es el santo grial del sector: Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), el ducto que un consorcio de siete petroleras construye contrarreloj. La primera etapa, prometen, estará lista a fines de 2026, con una capacidad inicial de 180.000 barriles diarios que escalarán a 520.000. En la industria lo dicen sin decirlo: si VMOS se retrasa, el récord de hoy será humo.
La otra cara del boom es el impacto en la balanza comercial. Argentina cerró los primeros diez meses del año con un superávit energético de u$s 6.068 millones, el mayor de su historia, una cifra que representa casi el 89% del superávit total del país.
Traducido: Sin Vaca Muerta, no habría superávit. Sin shale, la macroeconomía estaría arrastrándose. Las exportaciones de combustibles y energía llegaron a u$s 913 millones en octubre, un 12,8% más que el año pasado, incluso con precios internacionales a la baja. Y la sustitución de importaciones de gas -el talón de Aquiles eterno del país- contribuyó a blindar la ecuación.

La pregunta que nadie quiere hacer (pero que hay que hacer)
¿Puede un país organizar su futuro alrededor de una formación que es milagro y bomba de tiempo?. ¿Puede Argentina apostar todo a un recurso cuya volatilidad depende menos de su geología y más de los caprichos del mercado global y las internas domésticas?. Hoy, la respuesta no importa.
Hoy, el país celebra un récord que llevaba 27 años esperando caer. Un récord que, si no se sostiene, será recordado como una postal más de un país que tocó el cielo un segundo antes de volver a caerse. Pero si logra sostenerlo, será el día en que Argentina deje de pedir permiso y vuelva a jugar fuerte.
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