24 de noviembre de 2025
Un fallo federal en Córdoba contra Flybondi reconoció dos indemnizaciones a un pasajero por reprogramaciones reiteradas y falta de respuesta, y podría convertirse en precedente para la temporada alta.
Con el cierre del año y el pico de vuelos de la temporada, dos novedades tensionan las reglas del juego del transporte aéreo: una actualización regulatoria de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) y una sentencia judicial que puede marcar el tono de los conflictos de verano.
Por un lado, la Resolución 774/25 moderniza la atención de quejas y saca de circulación el "libro de quejas" en papel. Por otro, el Juzgado Federal N.º 1 de Córdoba, a cargo del juez Carlos Arturo Ochoa, condenó a Flybondi a pagar una doble reparación a un usuario por atrasos y reprogramaciones que lo forzaron a comprar otro pasaje para no perder una conexión internacional.
La ANAC estableció que las aerolíneas -locales y extranjeras- deberán operar canales de recepción de reclamos que pueden ser físicos, digitales o telefónicos, pero siempre gratuitos, accesibles y de uso sencillo.
El organismo justificó el cambio en un proceso de modernización, digitalización y simplificación del sistema aerocomercial: el libro rubricado "dejó de reflejar la dinámica real" de los reclamos frente al volumen de interacciones digitales entre pasajeros y compañías.
Desde ahora, cada empresa debe emitir un comprobante único por reclamo, responder en un máximo de 30 días hábiles, publicar de forma visible en puntos de venta y sitios web cómo iniciar un trámite, asistir a personas no digitalizadas y garantizar accesibilidad para personas con discapacidad.
Además, deberá enlazar el "Sistema de Reclamos en Línea de ANAC" cuando la contestación no sea satisfactoria o oportuna, conservar los registros por cinco años y remitir a la autoridad, durante los primeros 10 días hábiles de enero, un informe anual con volumen, tipología, estado, tiempos e índice de resolución favorable. La conducción del organismo -a cargo de Oscar Villabona- reemplaza así el esquema que llevaba casi 30 años vigente.

En paralelo, una sentencia que los especialistas ya leen como precedente puso el foco en las reprogramaciones. El juez Ochoa condenó a Flybondi a resarcir a un pasajero con $ 246.950 por daño emergente y patrimonial -lo que debió pagar para viajar por Aerolíneas Argentinas y no perder su conexión internacional a Israel- y con $ 1.300.000 por daño moral y extrapatrimonial ante la falta de respuesta y las reiteradas reprogramaciones del vuelo Córdoba-Buenos Aires.
La empresa alegó que la última reprogramación había sido menor a 4 horas, dentro de los márgenes de la normativa. Pero el magistrado señaló que "más allá de los cambios en la identificación del vuelo, el pasaje fue objeto de 3 reprogramaciones, cuya sumatoria de tiempo excede ampliamente las 4 horas previstas en los artículos 43 y 48 del decreto 809/2024 y que, además, estas reprogramaciones no fueron informadas con la antelación prevista en el artículo 42 de ese mismo decreto".
Para el juzgado, "la falta de respuesta, las sucesivas cancelaciones, y la violación de las condiciones de transporte aéreo" colocaron al demandante en una situación de urgencia, obligándolo a autogestionar la solución.
Al cuantificar el daño moral, Ochoa utilizó el "método de los placeres sustitutivos o compensatorios", ponderando circunstancias del hecho, padecimientos, características personales y los bienes/servicios necesarios para compensar el perjuicio. Así, fijó $ 1.300.000 y sumó el reintegro de $ 246.950 por el vuelo alternativo (AR1585 de Aerolíneas Argentinas), montos que, en conjunto, estructuran la doble indemnización.
Con más vuelos, más conexiones y posibles contingencias operativas, el combo de regulación renovada y jurisprudencia reciente eleva el estándar de respuesta de las aerolíneas y ofrece a los usuarios un circuito digital de reclamos más trazable.
De cara al verano, el mensaje para el sector es claro: mejorar la comunicación, anticipar reprogramaciones y ofrecer alternativas según las condiciones de transporte, porque la falta de respuesta ya tiene un costo judicial probado.
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