25 de noviembre de 2025
El 13 de noviembre, en Lucille, Tony Vardé presentó Una canción hizo la diferencia junto al Colectivo Editorial Flota Negra. Esta entrevista recupera lo que dejó esa noche, en pleno mes de la memoria afro, y el sentido político de hacer cultura en tiempos de ajuste.
El pasado 13 de noviembre, en El Club
Lucille (Gorriti 5520, Palermo), Tony Vardé presentó su tercer libro
"Una canción hizo la diferencia" junto al Colectivo
Editorial Flota Negra. En esta entrevista reconstruimos lo que dejó
aquel encuentro, celebrado en pleno mes de la memoria afro en Argentina, y el
significado político de publicar y sostener cultura en tiempos de ajuste.
Han pasado apenas unos días del 8 de noviembre -la fecha que cada año recuerda al país que María Remedios del Valle existió, luchó y fue sistemáticamente borrada- cuando Tony Vardé subió al escenario de Lucille, en pleno Palermo, para presentar Una canción hizo la diferencia, su tercer libro.
Y aunque la noche del 13 de noviembre ya se había ido, lo que dejó encendido en ese club no era un cierre, sino una apertura: el clima perfecto para sentarnos a entrevistarlo y preguntarle por la memoria, la música y las heridas que el tiempo insiste en no cerrar.

Tony Vardé tras la presentación firmó varios libros.
El mes de noviembre, consagrado a los y las afroargentinas, afrodescendientes y a la cultura afro, no es una efeméride decorativa: es una advertencia. Un recordatorio de que la Argentina negra existe pese a siglos de negación. Por eso, entrevistar a Vardé después de la presentación tuvo un sentido inmediato: no hablar solo del libro, sino de lo que el libro denuncia.
La conversación tomó forma en ese mismo escenario donde una semana antes moderé el encuentro junto a Sol Ramos y Malungo Libros, en un evento organizado por Colectivo Flota Negra Grupo Editor, el brazo editorial de Malungo Libros -la primera librería afrocentrada del país-, que sostiene la cultura desde la trinchera autogestiva en un año marcado por el ajuste, el encarecimiento del papel y el cierre silencioso de librerías. Sentado frente a mí, Vardé habló en pasado, en presente y en resistencia: sobre las canciones que abrieron caminos de libertad, sobre las voces que Estados Unidos intentó callar y sobre el oficio casi milagroso de publicar en una industria que agoniza.

Esta entrevista fue celebrada en pleno mes de la memoria afro en Argentina.
La entrevista que sigue recoge ese pulso: el de una memoria que se niega a ser disciplinada por el olvido.
-¿Cuál fue esa canción que, en tu vida
personal o en tu formación, marcó un antes y un después y te llevó a escribir
este libro?
-Podría hablar de dos. La primera fue Rocket 88, de
Ike Turner y Jackie Brenston. Fue el momento en que el rock'n roll entró en mi
vida por decisión propia. Yo era un adolescente de Buenos Aires escuchando el
soundtrack de Great Balls of Fire (1989), la película sobre Jerry Lee Lewis, y
entre esos temas aparecían tres canciones que me abrieron la cabeza: Big Legged
Woman, de Booker T. Laury; Whole Lotta Shakin' Goin' On, en la versión de
Valerie Wellington; y Rocket 88. Con ellas entendí, por primera vez, la
influencia negra en el rock'n roll. Esa canción, grabada en 1951, es
considerada por muchos el primer single de rock de la historia. Tenía ritmo,
oscuridad, distorsión, una fuerza adelantada a su época.
Me gusta pensar que Rocket 88 fue el origen del rock'n roll porque lo fue para mí. Si tengo que hablar del impulso para escribir este libro, ese lugar lo ocupa Strange Fruit, en la voz de Billie Holiday. Esa canción me empujó a escribir. Es imposible escucharla sin sentir la necesidad de hacer algo con ese dolor.
-¿Desde cuándo escribís sobre música
y cómo fue el proceso que te llevó a transformar esas escuchas en libros?
-Hace poco encontré una reseña vieja, escrita en 2002,
sobre Blue Train, de John Coltrane. Creo que ahí empezó todo. Me formé como
periodista deportivo y realizador cinematográfico, además de músico.
En algún momento esas tres pasiones se cruzaron: cine, música y escritura. En 2011 abrí mi blog Escuchate Esto!, donde publiqué reseñas, crónicas y reflexiones sobre discos y artistas. De ahí nacieron mis libros. Siempre pensé que ese blog podía convertirse en algo más, y así fue. Una canción hizo la diferencia es mi cuarto libro, y definitivamente el más político de todos.
-¿Qué tiene "Strange Fruit" que sigue
interpelándonos más de ochenta años después?
-Strange Fruit es la canción de protesta más
importante del siglo XX. Lo que la vuelve tan poderosa es la calma de su
comienzo, un paisaje rural, los árboles del sur, el aire quieto. Pero pronto
comprendés que esa fruta extraña son cuerpos humanos colgados, linchados,
abandonados frente a la mirada morbosa de una multitud.
Nada más explícito que esa línea: smell of burning flesh -olor a carne quemada-. Es una frase que golpea a la audiencia en el rostro. Te obliga a despertar, a no mirar para otro lado. Para mí, esa es la verdadera función del arte: no embellecer lo insoportable, sino hacerlo visible. La historia no debe esconderse bajo la alfombra por más dolorosa que sea.
-¿Cómo fue tu encuentro con C. Niambi Steele, la autora del prólogo?
-Nos conocimos cuando estaba terminando mi primer libro, Grabando Emociones: la Revolución de Stax Records. Yo había anunciado la preventa y ella respondió a una publicación en redes diciendo que había sido cantante en una banda que grabó para Stax. Me sorprendió. La contacté, la entrevisté y logré incluir su testimonio en el libro, pocos días antes de que entrara a imprenta.
Después seguimos en contacto. Para mi segundo libro incluí una canción suya y volvimos a hablar. Niambi es una mujer brillante, generosa, y su mirada como mujer negra criada y nacida en Alabama, me ayudó a ver el alma política de la música negra. Cuando aceptó abrir Una canción hizo la diferencia con sus palabras, fue un honor. Siento que su presencia legítima mi trabajo desde otro lugar. Amplificar su voz también es parte de mi misión.

La presentación del libro fue en El Club Lucille ubicado en Gorriti 5520, Palermo.
-¿Cuándo descubriste que una canción
podía ser una forma de resistencia política?
-Recuerdo la canción Solo le pido a Dios, de León
Gieco, como la primera pieza musical que estaba hablando de algo "serio"
y actual. En mi casa se escuchaba tango, Rafaella Carrá, Abba..., pero esa
canción hablaba de algo más grande, de una realidad que nos atravesaba como
país. Durante la guerra de Malvinas sonaba todo el tiempo, y yo tenía siete
años. No entendía todavía la idea de "resistencia política", pero
sentía que esa canción estaba tocando un nervio social. Fue la primera vez que
comprendí que la música podía decir verdades.
-¿Qué lugar ocupa la memoria
afrodescendiente en tu trabajo?
-Hasta ahora mi obra se centra en la música negra. Mis
dos primeros libros son sobre música soul, el tercero sobre reggae y este
último abarca todos los géneros de la música hecha por las personas negras en
los Estado Unidos.
En los últimos años, gracias a espacios como Malungo Libros y a artistas afroargentinas como Sol Ramos, empecé a comprender la dimensión política de esa música. En junio de 2024 hicimos una actividad abierta titulada Poesía y Soul.
En esa ocasión, Sol aportó textos de Angela Davis, Du Bois y Fanon, y yo compartí canciones e historias de mis libros. Fue un diálogo hermoso entre música y palabra. Esas experiencias me ayudaron a abrir los ojos, a entender que la música también puede ser una forma de memoria y de supervivencia.
-Publicar hoy en Argentina, con este
contexto económico y político, ¿es también un acto político?
-Sin dudas. Estamos viviendo el contexto más difícil
de los últimos veinte años. Colectivo Flota Negra Grupo Editor nació en 2023,
a pocas semanas del triunfo de Javier Milei. Somos una editorial 100 %
autogestiva e independiente. Las ganancias no se acumulan: se
reinvierten para seguir imprimiendo. Lo que nos interesa es que las obras
circulen, que la gente las conozca.
La existencia de una editorial afro-centrada en
Argentina es, en sí misma, una forma de reparación. Así como Malungo Libros
nació de una necesidad, Flota Negra también: crear un espacio para voces
y temas que hasta ahora no tenían dónde publicarse. Nuestra lógica es la del
punk: hacelo vos mismo. Si el mercado no abre la puerta, la abrimos a patadas.
-Tu escritura tiene una ética muy
clara: no romantizás el dolor, pero lo transformás en belleza. ¿Cómo lográs ese
equilibrio?
-Escribo sobre las cosas que me despiertan pasión,
sobre la música que amo. En algún punto, escribo los libros que me gustaría
leer. Si no existe un libro sobre Stax Records o sobre Toots Hibbert, hay que
hacerlo, y allá voy. Primero investigo, leo, miro documentales, revisó
archivos. Pero después busco una voz narrativa cercana, como si estuviera
contando una historia a un amigo en un café. No me interesa un tono académico
ni distante. Quiero que la gente lea y sienta que puede escuchar esa música
conmigo. También hago mis propias entrevistas y me apoyo mucho en citas de los
protagonistas u otros escritores.
-Si tuvieras que elegir una canción
que resuma este tiempo, de crisis pero también de búsqueda, ¿cuál sería?
-Racist Piece of Shit, de Fishbone. Salió en 2024, días antes de las elecciones entre Trump y Kamala Harris. Es un tema brutal, un ska punk furioso contra el racismo y la hipocresía supremacista. La banda recordó en esa canción la marcha de Charlottesville, donde asesinaron a Heather Heyer. También Fight the Power de Public Enemy y Killing in the Name de Rage Against The Machine siguen siendo actuales. Son canciones que no envejecen, porque el sistema que denuncian sigue vivo.
-¿Por qué la gente debería leer Una
canción hizo la diferencia hoy?
-Porque antes que nada es un acto de amor. Es un
tributo a una música y a una cultura que me cambiaron la vida. Escuchar esta
música es mi modo de expresión y también es agradecimiento. Como las canciones
necesitan gente que las escuche, los libros necesitan gente que los lea. Si una
sola persona descubre una canción nueva o entiende algo distinto sobre el
mundo, la misión está cumplida. Y sí, apoyar una editorial independiente
también es un acto de resistencia.
Lo que van a encontrar en este libro es un mapa:
canciones, artistas, historias, verdades escondidas bajo melodías que todos
conocemos. Quizás descubran que esa canción que escucharon toda la vida era, en
realidad, un grito político. En la voz de Tony Vardé, la historia
de la música recupera su sentido más profundo: el de la dignidad. Cada canción
que rescata, cada historia que narra es una forma de disputar el silencio, de
devolverle a la memoria su ritmo y su cuerpo.
En este noviembre -mes de los y las Afro-Argentinos, afrodescendientes y de la cultura afro-, Una canción hizo la diferencia llega para recordarnos que escuchar también es un acto de libertad, y que aún en el ruido del presente hay melodías que siguen diciendo la verdad.
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