29 de noviembre de 2025

Economía

Economía. La empresa láctea Verónica debe 60 millones de dólares y acumula denuncias de tamberos

Productores lecheros denuncian atrasos que se estiran desde mitad de año y reclaman pagos por casi 90.000 millones de pesos. Unos 150 tambos se organizan para exigir respuestas mientras crecen los cierres, las ventas de rodeo y la incertidumbre sobre el futuro de la histórica láctea.

La histórica industria láctea Verónica atraviesa su capítulo más crítico. Aunque el conflicto productivo lleva meses, en las últimas horas se intensificó el reclamo de quienes aportan la materia prima: tamberos que aseguran estar quebrando por deudas no saldadas y que, en muchos casos, cierran sus establecimientos.

Según estimaciones de los propios productores, la compañía adeuda alrededor de 60 millones de dólares (casi $90.000 millones) por leche ya entregada, industrializada y vendida sin el pago acordado.

Deudas millonarias y tambos al límite

Unos 150 productores de Santa Fe se unieron para reclamar a los dueños de la empresa el pago de la mercadería. La actividad lechera exige ordeñar todos los días y entregar la producción; sin flujo de cobro, la ruina financiera golpea de lleno.

Hay casos con pasivos de hasta $900 millones por materia prima y cierres que reconvierten los campos a cultivos para cortar la hemorragia.

El tambo demanda reinversión permanente y sostiene una tradición familiar que, para muchos, llegó al punto de inflexión. Productores que entregaron leche estos últimos tres meses acumulan atrasos que los empujan a apagar equipos, vender animales y bajar la persiana.

La fotografía social es contundente: ingresos evaporados, deudas con proveedores y un tejido productivo que no se recompone de un día para otro.

"El tambo no puede esperar"

Cecilia Sedran, productora de San Genaro (Santa Fe), logró limitar el daño a un mes de producción: "Nosotros, por suerte, tomamos la decisión bastante rápido. El primer mes que escuchamos un ruido bastante certero, decidimos irnos".

El problema, dice, empezó en junio-julio: "empezaron a estirarse cada vez más las fechas de cobro de la leche. Después llegó un momento que directamente empezaron a rebotar los cheques. Algunas fechas pagaban, otras no, y al final ya no pagaron nada".

Con deudas de $15 a $20 millones en solo 30 días -"Soy un productor muy chiquito"-, describe la trampa operativa: "El tambo no puede esperar, vos tenés que ordeñar todos los días. La producción se saca todos los días, no podés almacenar la leche y esperar que esto se solucione. Estamos agarrados de pies y manos".

Reubicar la leche: cupos llenos y puertas cerradas

Cortar con Verónica implicó salir a buscar otras industrias; pero los cupos estaban saturados. "La fábrica más cercana, en Centeno, llegó un momento que dijo: 'No tomo más leche'. Y ahí, ¿a dónde vas? No es fácil reubicar", cuenta Sedran.

Quienes siguieron entregando tres meses sin cobrar terminaron vendiendo el rodeo y cerrando: "Tuvieron que salir a vender los animales y cerrar el tambo porque no tenían cómo solventar las deudas con sus proveedores".

Cerrar un tambo no es apagar la luz

La advertencia es clara: "Un tambo que se cierra no se vuelve a abrir mañana. En muchos casos ni siquiera vuelve a abrirse. Te desarmás de animales, de infraestructura, de todo un circo productivo que lleva años construir".

El crédito para recomponer es escaso y difícil: "No es que sacás un crédito a siete años para comprar vacas... Los créditos son difíciles y te piden garantías que muchas veces no tenés".

En paralelo, hay grandes tambos al borde: un productor que aportaba 5.000 litros diarios acumula $160 millones impagos; Sedran producía 1.500 litros diarios.

Un pasivo gigante y muy desigual

De los USD 60 millones estimados de deuda total, 30% correspondería a productores; el resto, a transporte, proveedores y empleados. Entre los tamberos afectados -en zonas como Totoras, Clason, Lehmann y Suardi- hay deudas que van desde $20 millones hasta $900 millones por productor.

El vínculo con los dueños está quebrado. Sedran relata un intento fallido de hablar con Alejandro Espiñeira: "Fuimos los productores, esperamos dos horas... Cuando la mayoría se fue, recién salió y habló con dos o tres. Pidió paciencia". Esa respuesta cayó en vacío: "¿Cuánta más paciencia? No hay ni voluntad de diálogo, ni de pago. Nada".

Según productores, la planta no opera normalmente: "Sus propias leches las están mandando a otro lado y están procesando leche de terceros". Circulan versiones de trabajos a fasón que terminarían en enero, sin certezas sobre el día después.

Sobrevuela la posibilidad de una venta: habría varias empresas interesadas -dos extranjeras y una nacional-, pero los dueños se niegan a desprenderse de las plantas, aun frente a la asfixia financiera. De avanzar, se menciona modernización y nuevas maquinarias, aunque también ajustes de personal.

"Nadie se acuerda de los productores"

El reclamo busca romper el silencio: "Nadie se acuerda de los productores... se están cerrando un montón de tambos, producciones que no se van a recuperar más", advierte Sedran. Y deja otra alerta estructural: "Cuando la fábrica vuelva a abrir, también va a costar volver a juntar litros de leche y recuperar fuentes de trabajo".

Con pagos caídos, cheques rechazados y un plan de salida aún nebuloso, la crisis de Verónica ya golpea la raíz de la cadena: los tambos. El riesgo es doble: quiebre productivo hoy y demora en recomponer oferta mañana, incluso si la empresa encontrara una salida corporativa.

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