1 de diciembre de 2025
La astróloga y coach Josefina Petruzzo dice "en estas Fiestas te deseo que no corras hacia un fin de año que solo existe en papel. Que puedas habitar en equilibrio todos los tiempos que te constituyen. Que encuentres el ritmo justo entre la acción, el instante oportuno y la quietud".
Decimos que el año termina en diciembre. El calendario
se impone, las cuentas se cierran, los propósitos se escriben y una ansiedad
colectiva nos empuja a "terminar bien" para empezar de cero. Pero si miramos
hacia el cielo, el mandala zodiacal nos susurra un secreto: el verdadero Año
Nuevo, el cósmico, no llega con el ruido de los fuegos artificiales, sino con
el primer suspiro del otoño, en marzo.
Entonces, ¿a quién hacerle caso? ¿Al almanaque o a las estrellas? La ansiedad moderna nace de esta tiranía de un solo tiempo: el del reloj. Corremos contra las manecillas, contra la fecha de entrega, contra el plazo. Vivimos en Kronos, el tiempo medible, cuantificable y lineal. Es el tiempo que tantas veces nos agota.

Kronos es el tiempo de la agenda, el horario laboral, la hipoteca. Es necesario. Organiza la sociedad, pero cuando se convierte en el único dios, nos vuelve esclavos del tictac.
Pero los antiguos griegos, en su profunda sabiduría,
no tenían uno, sino tres tiempos para navegar la existencia. Y en su trinidad
está la clave para el equilibrio.
Kronos es el tiempo de la agenda, el horario laboral,
la hipoteca. Es necesario. Organiza la sociedad, pero cuando se convierte en el
único dios, nos vuelve esclavos del tictac.
Frente a él, emerge Kairós. Este no se mide con el
reloj, sino con el corazón. Es el momento oportuno, la inspiración que llega
sin avisar, la conversación perfecta que cambia todo, la sincronicidad. Kairós
es ese instante cualitativo donde el universo conspira a tu favor. Es la
semilla que sabe cuándo debe permanecer en latencia. Forzar las cosas en
Kronos, cuando Kairós no está alineado, es nadar contra la corriente.
Y luego está Aión, el tiempo de la eternidad
consciente. Es el tiempo subjetivo que vivimos cuando estamos inmersos en la
creación, en el placer, en el amor o en la contemplación. Es esa tarde que
parece un segundo, ese abrazo que detiene el mundo. En Aión, el reloj
desaparece y nos fundimos con un presente perpetuo. Es la sensación de fluir
con la vida misma, donde no hay prisa ni pausa, solo ser.
La invitación no es a ignorar a Kronos - sería
imposible -, sino a bailar en el equilibrio tripartito. Permitir que Kronos
estructure nuestros días, pero abrirnos a los regalos de Kairós: esa idea que
surge en la ducha, ese encuentro casual, la paciencia para esperar el momento
correcto. Y, sobre todo, buscar refugio en Aión, en esas actividades que nos
sacan del tic-tac y nos sumergen en el fluir.
Por eso, en estas Fiestas te deseo que no corras hacia
un fin de año que solo existe en papel. Que puedas habitar en equilibrio todos
los tiempos que te constituyen. Que encuentres el ritmo justo entre la acción,
el instante oportuno y la quietud.
Josefina Petruzzo es astróloga y coach en www.elpuenteastrologia.com
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