10 de diciembre de 2025
León Arslanian, Ricardo Gil Lavedra, Guillermo Ledesma, Jorge Valerga Aráoz, Andrés J. D'Alessio y Jorge Torlasco condenaron a Videla y Massera a prisión perpetua y demostraron al mundo que es posible juzgar a los genocidas respetando el Estado de Derecho. "Combatieron al mal absoluto por caminos civilizados" dijo Horacio Rosatti, presidente de la Corte Suprema.
Este
martes 9 de diciembre, al cumplirse exactamente 40 años de la histórica
sentencia del Juicio a las Juntas Militares, dictada el 9 de diciembre de 1985,
la Corte Suprema de Justicia de la Nación organizó un emotivo y masivo homenaje
a los jueces camaristas que integraron el tribunal de la Cámara Federal
responsable de aquel fallo paradigmático.
El acto, realizado en la Sala de los Pasos Perdidos del Palacio de Justicia de Buenos Aires, reunió a más de 300 magistrados, funcionarios judiciales, exjueces y familiares, y sirvió no solo para reconocer el coraje de aquellos magistrados, sino también para reafirmar el compromiso de la justicia argentina con la memoria, la verdad y la independencia judicial en democracia.
Cabe
recordar que el Juicio a las Juntas, impulsado por el entonces presidente Raúl
Alfonsín en los primeros meses de la restauración democrática tras la dictadura
militar (1976-1983), fue el primer proceso penal en el mundo contra los máximos
responsables de un régimen genocida.
El
tribunal, compuesto por jueces de la Cámara Federal de Casación Penal, juzgó a
los comandantes de las Juntas Militares por delitos de lesa humanidad, como
homicidios, privaciones ilegales de libertad, torturas y genocidio.
La
sentencia, de 1.115 páginas, condenó a cadena perpetua a Jorge Rafael Videla y
Emilio Eduardo Massera; a 17 años de prisión a Roberto Eduardo Viola; a 8 años
a Armando Lambruschini; y a 4 años a Orlando Ramón Agosti. Otros tres miembros
de la Junta fueron absueltos.
Este fallo no solo rompió con décadas de impunidad, sino que sentó las bases para la "política de memoria y justicia" que se convirtió en un pilar del contrato social argentino, inspirando procesos similares en todo el mundo.

En el acto, realizado en el salón de los Pasos Perdidos del Palacio de Justicia, se destacó que la condena fue la primera vez que una dictadura "rindió cuentas" en el país.
La
ceremonia distinguió a los seis camaristas que firmaron la sentencia: León
Arslanian (presidente del tribunal), Ricardo Gil Lavedra, Guillermo Ledesma,
Jorge Valerga Aráoz, y a los fallecidos Andrés D'Alessio y Jorge Torlasco,
representados por sus familias. Estos jueces, en un contexto de alta tensión
social y política -con amenazas de golpe de Estado y presiones internas-,
demostraron independencia y templanza, priorizando el debido proceso sobre
cualquier revanchismo o indulgencia.
Durante
el acto, los homenajeados y sus representantes recibieron placas y
reconocimientos simbólicos.
Arslanian,
en su intervención, evocó el desafío de equilibrar justicia y civilidad:
"Teníamos la convicción de que el horror del pasado debía ser enfrentado
con un juicio justo".
Gil Lavedra, por su parte, enfatizó la necesidad actual de una justicia imparcial que "vigile a los gobernantes" y aplique la ley sin miedo.

En el Palacio de Justicia se realizó la ceremonia.
El
evento fue abierto por Mariano Llorens, actual presidente de la Cámara Federal,
quien destacó el fallo como un "hito institucional" que reafirmó la
independencia judicial y la supremacía de la Constitución.
"Su
veredicto tuvo legitimidad y autoridad, ratificando que el respeto a la ley es
una determinación del pueblo argentino", afirmó.
Los
ministros de la Corte Suprema también tomaron la palabra, enviando mensajes con
resonancia actual:
Entre
los asistentes destacaron el ex ministro de la Corte Juan Carlos Maqueda,
camaristas federales como Mariano Borinsky y Leopoldo Bruglia, y representantes
de asociaciones judiciales y de derechos humanos.
El
cierre incluyó una proyección de archivos audiovisuales del juicio, más de 500
horas preservadas como patrimonio, y un recorrido por el Salón de los Derechos
Humanos, remodelado para la ocasión.
Este
homenaje, en un año marcado por debates sobre impunidad y reformas judiciales,
refuerza el rol de la justicia como garante de la democracia. Como señaló
Rosenkrantz, el legado de estos jueces no es solo histórico, sino un llamado a
la adhesión irrestricta al Estado de Derecho.
A
40 años, el Juicio a las Juntas sigue siendo un faro: demostró que la verdad
judicial puede sanar heridas colectivas, incluso en los momentos más oscuros.
Este
evento no solo honra el pasado, sino que invita a reflexionar sobre cómo la
independencia judicial sigue siendo esencial para enfrentar los desafíos del
presente.
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