El Gobierno acusa "déficit" y deja abierta la carta del veto
El oficialismo sintió el golpe político del rechazo al capítulo que incluía, entre otros puntos, el recorte de fondos a universidades y discapacidad. En la Casa Rosada, fuentes citadas por el portal LPO fueron tajantes: "el Presupuesto así como está no nos sirve, busca forzar el déficit fiscal".
La frase alimenta una pregunta que quedó flotando tras la sesión: si el Senado lo aprueba sin cambios, ¿Javier Milei podría terminar vetando el presupuesto que envió su propio Gobierno?
Aunque suene extremo, la hipótesis ya circula en despachos oficiales como una posibilidad real, atada a la caída del corazón fiscal del proyecto.
Los Menem, primeros señalados por la caída de votos de los gobernadores
Puertas adentro, el primer pase de factura recae sobre Martín Menem y Eduardo "Lule" Menem. En el oficialismo los cuestionan porque "se les escaparon" votos de legisladores que responden a gobernadores que la Casa Rosada buscó seducir con ATN, cargos y gestos políticos.
La bronca se disparó porque, a la hora de votar, los diputados vinculados a Raúl Jalil y Osvaldo Jaldo se alinearon con el peronismo y Provincias Unidas para bajar el capítulo. En el reparto fino, Gustavo Sáenz quedó con una foto ambigua: dos apoyos y un rechazo.
En Balcarce 50 también anotan a Rolando "Rolo" Figueroa, por Neuquén: aseguran que mandó a votar en contra a Karina Maureira, y enumeran deserciones o tibiezas en el radicalismo, como el correntino Diógenes González, que votó en contra, y los casos del chaqueño Osvaldo Cipolini y el entrerriano Darío Schneider, que se abstuvieron.

La jugada de la AGN que rompió con el PRO y no aseguró los apoyos
Entre las críticas más filosas aparece una pregunta política: por qué Menem avanzó con la votación de los auditores de la AGN -que formaba parte de un entendimiento con el lote de gobernadores peronistas- cuando ese mismo grupo ya había fallado en el capítulo clave del Presupuesto.
En el oficialismo admiten, por lo bajo, que el riojano terminó detonando la relación con el PRO, sectores de la UCR y Provincias Unidas para "premiar" a aliados que no habían cumplido del todo. El saldo fue doblemente negativo: el capítulo se cayó y, además, se abrió un frente con socios parlamentarios que venían sosteniendo votaciones delicadas.
La advertencia que ignoraron: universidades y discapacidad no pasaban
En la previa, tanto Jaldo como los diputados catamarqueños ya habían dejado trascender que no avalarían el recorte a universidades y discapacidad. Y el radicalismo, incluso el más alineado, avisaba que ese artículo era prácticamente imposible de acompañar.
Los libertarios apostaron a un "enganche" legislativo: atar esos temas a fondos sensibles, como el Garrahan y cajas previsionales, para complicar a los indecisos. La maniobra no funcionó. El capítulo se estrelló y el Gobierno quedó expuesto a una derrota que, internamente, muchos consideraban evitable.
Provincias Unidas: dieron quórum y después castigaron el capítulo
Otro factor que agrava el malhumor oficialista es la lectura sobre Provincias Unidas. En sectores del Gobierno admiten que la Casa Rosada los subestimó y recién buscó negociar cuando los necesitó para el quórum.
El bloque terminó actuando con una lógica propia: aportó quórum, se abstuvo en el paquete general y votó en contra del Capítulo XI, el apartado más explosivo del Presupuesto.

También apuntan a Caputo: "el ideólogo" del capítulo rechazado
En paralelo, dentro del oficialismo crece el señalamiento a Luis "Toto" Caputo, a quien describen como el principal impulsor del Capítulo XI. La crítica interna es política y operativa: sostienen que nadie del "ala política" se animó a ponerle un freno, aun cuando el riesgo de derrota era evidente.
El trasfondo, según la mirada que circula en el oficialismo, es el poder acumulado del ministro de Economía, a quien describen como el único funcionario que se mueve con autonomía y sin necesidad de pedir permiso a Karina Milei.
Qué puede pasar ahora con el Presupuesto 2026
Con el capítulo central rechazado, el Presupuesto quedó con una grieta que el Gobierno considera estructural. En el oficialismo ya instaló una idea como señal hacia el Senado y hacia los gobernadores: si el texto sale "tal cual", el Presidente podría optar por el veto.
Mientras tanto, el efecto inmediato es político: el traspié reordenó enemistades, dejó heridos con aliados "de siempre" y expuso una interna libertaria donde, por primera vez en mucho tiempo, el golpe no viene de la oposición sino de los propios acuerdos mal cerrados.



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