20 de diciembre de 2025
El Presidente buscó empujar una flexibilización comercial del esquema regional, mientras Brasil puso el foco en Venezuela y advirtió contra una "intervención armada". La Comisión Europea volvió a mencionar el 12 de enero en Asunción como nueva ventana para el cierre del tratado.
Con un fuerte operativo de custodia y la selva como entorno, los presidentes del Mercosur llegaron este sábado al hotel Belmont, en la zona fronteriza de Foz de Iguazú, para la cumbre semestral del organismo regional. El dato que condicionó el arranque fue la ausencia de la foto fuerte: la firma del acuerdo comercial con la Unión Europea no se concretó en esta cita y volvió a quedar en suspenso, en medio de presiones internas dentro del bloque europeo.
Los mandatarios de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia iniciaron la deliberación a las 9.40, luego de la foto oficial, con las Cataratas del Iguazú como fondo. A diferencia de otras ediciones, no estaba previsto un almuerzo de camaradería y, del lado argentino, tampoco se programaron reuniones bilaterales en la agenda del presidente Javier Milei.
La escena dejó una imagen que se repitió durante la mañana: Luiz Inácio Lula da Silva llegó primero a la tarima y conversó con Santiago Peña (Paraguay) y Yamandú Orsi (Uruguay), mientras Milei se mantuvo a un costado, ubicado entre Peña y el presidente de Panamá, José Mulino.
Antes de la foto, Lula y Milei se saludaron con un apretón de manos sin sonrisas y con distancia física visible.
La negociación con Europa atravesó toda la cumbre. Aunque no hubo firma, desde la Comisión Europea se volvió a poner una fecha tentativa sobre la mesa: el 12 de enero, con un acto previsto en Asunción del Paraguay.
En el plenario, Lula evidenció su malestar por la marcha atrás y lanzó una crítica directa al bloqueo interno: "Pidieron más tiempo para discutir, pero sin coraje político no será posible terminar esta negociación, que ya lleva 26 años". También resaltó la disposición de Ursula von der Leyen, "que quería estar aquí con nosotros", y mencionó "un problema que surgió en la última semana" con las protestas de los agricultores, un punto que, según deslizó, ni siquiera pudo destrabarse con conversaciones al más alto nivel, incluida la primera ministra italiana Giorgia Meloni.
Del lado argentino, en la Casa Rosada venían admitiendo resistencia en el Viejo Continente. Una fuente con acceso al despacho presidencial lo sintetizó así: "No soy optimista. No porque no estemos a favor, obvio que queremos poder comerciar libremente, pero encontramos resistencia en Francia e Italia".
El Presidente decidió asistir a la cumbre pese a la tensión política con el anfitrión brasileño. Milei viajó este sábado a Foz de Iguazú para participar del encuentro liderado por Lula, aun con el enfrentamiento ideológico entre ambos y con un trasfondo adicional: el anticipo del líder del PT de vetar la decisión del Congreso Nacional de reducir la pena de Jair Bolsonaro de 27 a 5 años de prisión, acusado de un intento de golpe de Estado.
En Balcarce 50 adelantaron que Milei insistiría con una consigna económica: flexibilizar reglas internas del Mercosur para avanzar hacia más libre comercio y ampliar el margen de acuerdos con terceros países. "La idea es que vuelva a plantear las bondades de libre comercio y la necesidad de que los países integrantes puedan abrirse comercialmente", precisaron por los pasillos de la Casa Rosada.

El otro eje fue la crisis venezolana, con Nicolás Maduro en el centro de la ofensiva del gobierno de Donald Trump. Luego de una introducción del canciller brasileño Mauro Vieira, Lula recordó la Declaración de Iguazú como antecedente del Mercosur y buscó marcar posición política: "Esto es destacable, en un mundo dónde es más fácil construir muros que puentes". También cuestionó la "intervención de una potencia extraregional", sin mencionar a Trump, y advirtió: "Una intervención armada en Venezuela sería una catástrofe humanitaria".
En la previa, los cancilleres Pablo Quirno (Argentina) y Rubén Ramírez Lezcano (Paraguay) fijaron postura con un discurso más duro. "Maduro es un dictador y se tiene que ir", reiteró Quirno, y agregó que "esta es una postura compartida por la mayoría del Mercosur y estados asociados. Hemos sufrido en carne propia con el secuestro del gendarme Nahuel Gallo, pero quien sufre es el pueblo venezolano".
Ramírez Lezcano, por su parte, describió el "tremendo impacto en la seguridad regional" que atribuyó al régimen y mencionó la migración de "más de ocho millones de venezolanos". También reclamó "la liberación de los presos políticos" y valoró a María Corina Machado, "a quien hemos acompañado en Oslo, y que tiene sus credenciales".
La visita presidencial quedó atravesada, además, por un ruido político reciente entre Buenos Aires y Brasilia. En los últimos días, el ministro jefe de la Secretaría General de la Presidencia de Brasil, Guilherme Boulos, cuestionó un posteo de Milei en el que celebró el triunfo del presidente electo de Chile, José Antonio Kast, con una imagen que representaba el norte del continente como una villa miseria.
"El ataque del presidente argentino al pueblo brasileño es vergonzoso. Parece más bien la alucinación de alguien que busca el consejo de voces externas para intentar gobernar un país", sostuvo en X, y sumó: "Milei es la cara de la ultraderecha: estupidez y prejuicio".
Con el acuerdo con Europa todavía trabado, el Mercosur cerró la foto sin el anuncio que Lula pretendía. En paralelo, la delegación argentina buscó usar la cumbre como tribuna para reiterar su posición: menos restricciones internas y más margen para negociar con el resto del mundo, en un clima político que, lejos de descomprimirse, volvió a exhibir distancia entre los socios principales del bloque.
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