7 de enero de 2026

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Mundo. 10 días, 4 astronautas y 53 años de espera: la NASA vuelve a la Luna

Después de medio siglo sin presencia humana en el entorno lunar, la Luna vuelve a entrar en la agenda estratégica de Estados Unidos. Esta semana, la NASA confirmó oficialmente la ventana de lanzamiento de Artemis II, la primera misión tripulada hacia nuestro satélite desde el cierre del programa Apollo en 1972.

Según informó la agencia, el período habilitado para el despegue comenzará el 6 de febrero de 2026 y se extenderá por aproximadamente 60 días, hasta abril. No se trata todavía de un alunizaje: será un vuelo tripulado de prueba, con una duración estimada de diez días, que llevará a la tripulación a orbitar la Luna y regresar a la Tierra.

Artemis II funcionará como una misión de validación integral. El objetivo central es comprobar que la nave Orion puede sostener vida humana durante misiones prolongadas fuera de la órbita terrestre, un paso técnico indispensable antes de intentar descender nuevamente sobre la superficie lunar.

La ventana de despegue de Artemis II comenzará el próximo 6 de febrero y se extenderá hasta abril. (Foto: Reuters)

Una estrategia de largo plazo, no un evento aislado

El programa Artemis no es una misión suelta ni una postal nostálgica de la carrera espacial. Forma parte de una planificación de largo alcance que apunta a establecer una presencia humana sostenida en la Luna, tanto con fines científicos como tecnológicos, y a utilizar esa experiencia como antesala para futuras misiones tripuladas a Marte.

En esa secuencia, Artemis II se ubica entre Artemis I, el vuelo no tripulado exitoso de 2022, y Artemis III, que sí tiene como objetivo el regreso de astronautas a la superficie lunar, aunque su fecha aún está sujeta a ajustes técnicos y presupuestarios.

Quiénes viajarán

La tripulación estará integrada por cuatro astronautas. El comandante será Reid Wiseman, acompañado por Victor Glover como piloto y Christina Koch como especialista de misión. El cuarto integrante será Jeremy Hansen, astronauta de la Agencia Espacial Canadiense, lo que refuerza el carácter internacional del programa y marca una diferencia con la lógica estrictamente nacional del antiguo proyecto Apollo.

El lanzamiento está previsto desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo del Space Launch System (SLS), el cohete más potente desarrollado por la NASA hasta la fecha. La secuencia inicial será similar a la de Artemis I, con una diferencia decisiva: esta vez, habrá personas a bordo.

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Cómo será el recorrido

Tras el despegue, el SLS impulsará a Orion fuera de la atmósfera terrestre y se desprenderá progresivamente de sus componentes, incluidos los propulsores y el sistema de aborto de lanzamiento. Luego, la nave realizará dos órbitas completas alrededor de la Tierra para verificar el funcionamiento de todos los sistemas críticos.

En esa fase inicial, Orion alcanzará primero una órbita elíptica corta y luego una más elevada, lo que permitirá ejecutar la maniobra clave de la misión: la inyección translunar, que marcará el inicio del viaje de aproximadamente cuatro días hacia la Luna. Antes de abandonar la órbita terrestre, la tripulación realizará pruebas de navegación y operaciones de proximidad, mientras los equipos en tierra monitorean el comportamiento de la nave en el espacio profundo.

Ensayos previos y ajustes finales

El 20 de diciembre de 2025, los astronautas completaron un ensayo general de la misión, conocido como demostración de cuenta regresiva. Durante esa simulación replicaron la cronología completa del día del lanzamiento, incluyendo el uso de trajes espaciales y los procedimientos de ingreso y egreso de la nave.

Como el cohete SLS aún no se encontraba en la plataforma, el entrenamiento se realizó dentro del Edificio de Ensamblaje de Vehículos del Centro Espacial Kennedy, donde continúan los ajustes finales del sistema de lanzamiento, la nave Orion y la infraestructura terrestre asociada.

Artemis II no terminará con un alunizaje ni con imágenes épicas de huellas nuevas sobre el polvo lunar. Pero marcará algo igual de concreto: el regreso efectivo del ser humano al entorno de la Luna y el inicio operativo de una nueva fase de exploración espacial, con implicancias científicas, geopolíticas y tecnológicas que exceden largamente la nostalgia del pasado.

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