10 de enero de 2026
La isla ártica, bajo soberanía danesa y con menos de 60.000 habitantes, salió a marcar límites tras nuevos dichos del presidente republicano y versiones de incentivos económicos para torcer la voluntad local.
Groenlandia volvió a rechazar cualquier intento de anexión por parte de Estados Unidos luego de nuevas declaraciones de Donald Trump, quien deslizó que avanzará sobre el territorio autónomo danés "les guste o no" y volvió a agitar la posibilidad del uso de la fuerza.
La escalada coincide con versiones sobre un plan de la Casa Blanca para ofrecer pagos directos a los habitantes de la isla, en montos que oscilarían entre u$s10.000 y u$s100.000 por persona.
Tras las declaraciones del presidente estadounidense, líderes de los cinco partidos del Parlamento de Groenlandia expresaron una postura unificada: "No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses".
En el mismo pronunciamiento, que abarcó a las fuerzas que integran el gobierno y también a la oposición, remarcaron: "El futuro de Groenlandia debe ser decidido por los groenlandeses", en defensa de la autodeterminación del territorio autónomo danés.
En las últimas horas se conoció que la administración republicana analiza un esquema de incentivos económicos para impulsar una eventual adhesión a Estados Unidos. Aunque no hay cifras definitivas, en los borradores internos se discutieron montos de u$s10.000 a u$s100.000 por persona.
En paralelo, aliados europeos comenzaron a coordinar escenarios de respuesta ante la posibilidad de que Washington escale su presión sobre la isla, un tema sensible por el marco de defensa común dentro de la OTAN.

En declaraciones a medios estadounidenses, Trump afirmó que avanzarán sobre el territorio "de una u otra forma" y justificó el interés por razones estratégicas. "Necesitamos a Groenlandia, absolutamente. La necesitamos para nuestra defensa", sostuvo, y argumentó que "no quiero como vecinos" a China y a Rusia.
Luego amplió: "Si uno mira justo afuera de Groenlandia ahora mismo, hay destructores rusos, destructores chinos y submarinos rusos por todas partes. No vamos a permitir que Rusia o China ocupen Groenlandia, porque eso es exactamente lo que harían si no actuamos. Así que vamos a hacer algo con Groenlandia, ya sea por la vía amistosa o por la vía más difícil".
Distintos análisis describen un menú de alternativas: desde intentar comprar Groenlandia, hasta impulsar una campaña de influencia para acercar a la isla a Washington por la vía política y económica. El escenario extremo -un operativo militar- aparece como el más disruptivo por tratarse de un eventual choque entre socios de la alianza atlántica.
En ese marco, también surgieron advertencias sobre el plano legal y el costo geopolítico. Mick Mulroy, exinfante de marina y exfuncionario de Defensa de Estados Unidos, lo resumió así: "Eso iría claramente en contra de todo el derecho internacional". Y agregó: "No solo no representan una amenaza para Estados Unidos, sino que son un aliado con el que tenemos un tratado".
Mientras tanto, en Nuuk y Copenhague repiten un mensaje central: la isla no está en venta y cualquier cambio de estatus debe pasar por la voluntad de los groenlandeses.
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