13 de enero de 2026
Adultos mayores que pasan semanas internados sin recibir una visita, pacientes que no pueden ser dados de alta porque nadie se hace cargo y personas que mueren en soledad, sin familiares que reclamen su cuerpo. En hospitales y clínicas de La Plata crece un drama silencioso que expone una de las caras más duras del abandono en la vejez.
En los pasillos de hospitales y clínicas de La Plata se repite una escena que preocupa cada vez más al personal de salud: adultos mayores internados que pasan días, semanas y hasta meses sin recibir una sola visita. No hay hijos, nietos ni familiares que pregunten por su estado. En muchos casos, el único contacto humano cotidiano es el de médicos, enfermeros y auxiliares.
El fenómeno, que se profundizó en los últimos años, deja situaciones extremas. Hay personas mayores que fallecen internadas y permanecen más de diez días en la morgue sin que nadie reclame su cuerpo, algo que los directivos de clínicas describen como inédito y doloroso. En condiciones normales, el retiro del cuerpo se realiza pocas horas después del fallecimiento. Hoy, esa lógica parece haberse quebrado.
"Es muy duro ver cómo algunos pacientes esperan una visita que nunca llega", confiesan trabajadores de la salud. Fechas como Navidad o Año Nuevo suelen ser especialmente difíciles: mientras el resto del hospital se vacía, muchos adultos mayores quedan solos, atravesando momentos cargados de emoción sin la presencia de un ser querido.
La imagen de una realidad silenciosa: adultos mayores internados sin acompañamiento familiar.
El problema no termina con la internación. En hospitales públicos advierten que hay pacientes que no pueden ser externados porque no cuentan con familiares que realicen los trámites necesarios o se hagan cargo de su traslado a una residencia o a un hogar alternativo. La falta de plazas en geriátricos y la intervención de la Justicia ralentizan aún más estos procesos, extendiendo internaciones que podrían evitarse.
Mientras tanto, las camas se ocupan, los costos se multiplican y los pacientes permanecen en un limbo sanitario y emocional. Para muchos, el hospital deja de ser un lugar de paso y se transforma en su único refugio.
Detrás de cada historia hay una realidad que interpela a toda la sociedad: el envejecimiento en soledad, la fragilidad de los vínculos familiares y la dificultad de acompañar a quienes más lo necesitan en el tramo final de la vida.
La escena se repite una y otra vez, casi sin ruido, lejos de los titulares cotidianos. Pero ocurre todos los días. Y cada adulto mayor internado sin visitas es una señal de alerta que va más allá del sistema de salud: habla de una deuda social que sigue creciendo.
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