13 de enero de 2026

Política

Política. Nueva tensión en la interna del PJ Bonaerense: el padrón de afiliados volvió a abrir la grieta

La interna del peronismo en la provincia de Buenos Aires volvió a tensarse y, otra vez, el disparador fue el padrón de afiliados. Lo que debería ser un trámite administrativo se convirtió en una pulseada política de alto voltaje entre el axelismo y el kirchnerismo, con Verónica Magario en el centro de la escena y La Cámpora marcando la cancha con reglamento en mano.

Este martes, Magario habilitó oficinas del Senado bonaerense para que dirigentes del conurbano acercaran listas de nuevas afiliaciones. El gesto, lejos de pasar inadvertido, encendió alarmas inmediatas en La Cámpora, que respondió difundiendo el acta de la Junta Partidaria donde se estableció que el 30 de diciembre de 2025 era la fecha límite para la presentación de fichas. Traducido: todo lo que llegue después, corre riesgo de ser impugnado.

Verónica Magario:

Nada de esto sorprende. El padrón aparece, como siempre, cuando se aproxima una definición de poder. El calendario marca en rojo el 7 de febrero, último día para presentar candidaturas. Ese día se sabrá si el PJ bonaerense logra una lista de unidad o si se encamina a una interna feroz, con lupa sobre cada nombre y una catarata de impugnaciones cruzadas.

El problema de fondo es estructural: el padrón del PJ bonaerense lleva años sin actualizarse. Hay listas con cientos de afiliaciones que nunca fueron validadas formalmente. En la reunión del Consejo partidario del 19 de diciembre en Malvinas Argentinas se acordó avanzar en una actualización, y apenas terminó el encuentro cada sector activó su propio operativo. Hubo carga de fichas en La Plata, en un bunker cercano a la sede partidaria vinculado a Julio Alak, y también movimientos de La Cámpora en paralelo. El acuerdo duró lo que tarda en arrancar una interna.

Las personas extranjeras ya pueden consultar el padrón bonaerense

El padrón solo se vuelve decisivo si fracasa la unidad. Si hay consenso, los detalles administrativos se diluyen. Pero si no lo hay, cada afiliación será un campo minado. Nadie lo dice en voz alta, pero todos lo saben: por eso la unidad resulta tan atractiva como frágil.

A ese escenario se suma otro dato incómodo: la desmovilización. El peronismo bonaerense no atraviesa su mejor momento de participación militante. "Si los radicales llevaron 60.000 personas a votar en su interna, nosotros con suerte llegamos a 100.000 y yendo a buscarlas una por una", admite un dirigente del Movimiento Derecho al Futuro (MDF). Una interna dura, con baja concurrencia, puede dejar heridas difíciles de cerrar.

En términos de poder, el equilibrio es inestable. El Consejo partidario está dividido casi en partes iguales entre kicillofistas y kirchneristas. En la Junta Electoral, La Cámpora tiene mayoría, aunque un acuerdo previo estableció que las decisiones requieren una mayoría especial, lo que le otorga a Axel Kicillof capacidad de veto. Un empate técnico, sostenido por desconfianza mutua.

La pelea más compleja, sin embargo, es por la presidencia del partido. En el axelismo descartan de plano la continuidad de Máximo Kirchner y también la posibilidad de que La Cámpora retenga ese lugar con otro nombre propio. Señalan, además, que Máximo estuvo detrás del intento de instalar la precandidatura de Federico Otermín, intendente de Lomas de Zamora, con respaldo de jefes comunales como Granados, Mantegazza y Achával.

En ese tablero, Magario juega fuerte. Mientras el Senado muestra una marcada inactividad legislativa, la vicegobernadora se mueve con decisión en el plano partidario. En el MDF dan prácticamente por hecha su candidatura a la conducción del PJ bonaerense, apoyándose en un argumento clave: encabezó la lista de la Tercera Sección y ganó sin sobresaltos en la última elección.

Hay, además, un dato que favorece una síntesis: Magario no puede ser candidata a gobernadora, ya que integró dos veces la fórmula con Kicillof. Su eventual presidencia del partido no la proyecta como sucesora directa, lo que la vuelve una figura de equilibrio posible en una interna que amenaza con desbordarse.

En el PJ bonaerense, el padrón no es un listado: es poder puro. Y cuando los nombres empiezan a pesar más que las reglas, la política deja de ser trámite y vuelve a ser lo que siempre fue: una disputa abierta por el control del aparato.

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