14 de enero de 2026
El Banco Central compró USD 187 millones en una sola rueda, el monto diario más alto desde que rige el nuevo esquema cambiario. Con esa operación absorbió casi el 70% de la oferta total del mercado, que apenas superó los USD 268 millones, y llevó el saldo comprador de enero a USD 515 millones. En los papeles, una señal de fortaleza. En el contexto, una foto que pide zoom.
Porque mientras el BCRA celebra la acumulación, la economía real sigue contando monedas y la inflación de diciembre marcó 2,8%, una aceleración que incomoda cualquier relato de "normalización ordenada".

El dólar mayorista cerró en $1.453, el nivel más bajo del mes, mientras que el minorista del Banco Nación cayó a $1.480, exactamente el mismo valor que tenía al cierre de 2025. El tipo de cambio oficial quedó así a 90 pesos (6,2%) por debajo del techo de la banda, hoy fijado en $1.543.
La lectura rápida diría: calma cambiaria.
La lectura completa es otra: el dólar baja porque el mercado está intervenido y con poco volumen, no porque sobren dólares.
De hecho, el Central superó largamente el límite "autoimpuesto" del 5% de participación diaria y pasó a concentrar casi siete de cada diez dólares operados. No es un mercado vibrante: es un mercado chico, contenido y observado con lupa.
Las reservas brutas crecieron apenas USD 37 millones, pese a la fuerte compra diaria. ¿Por qué? Porque el mismo día hubo pagos por USD 100 millones a organismos internacionales.
Además, desde el propio Central aclaran algo clave que suele quedar fuera del titular: no todos los dólares comprados son dólares nuevos. Muchos ya estaban en el sistema financiero local y solo cambian de categoría entre reservas netas y brutas. Es decir, no todo lo que se compra suma músculo externo real.

Mientras el dólar se plancha, los precios se mueven. El IPC de diciembre reflejó una suba del 2,8%, impulsada por regulados, arrastre inflacionario y el desarme progresivo del apretón monetario.
Según estimaciones privadas, desde junio el tipo de cambio subió 22,6%, mientras que la inflación acumuló 16,1%. Esa diferencia -celebrada como ancla- empieza ahora a cobrar factura: la inflación que no apareció antes empieza a materializarse ahora.
En criollo: lo que se pisó, vuelve. Y vuelve en cuotas.
El esquema de bandas se ajusta por inflación. Con el IPC de diciembre, el techo cambiario proyectado para febrero ya se ubica en $1.607. El arco se corre solo. El arquero festeja porque la pelota no entra, pero el arco se agranda todos los meses.
El mensaje oficial insiste en la estabilidad. El mercado, en cambio, espera señales más profundas: baja de tasas en pesos, reactivación del crédito y acumulación genuina de reservas, no solo compras tácticas en ruedas chicas.

El Central compra dólares, sí.
Pero lo hace en un mercado angosto, con inflación en alza y con reservas que crecen mucho menos de lo que sugieren los titulares.
No es una crisis. Tampoco es un milagro.
Es una transición frágil, sostenida más por control que por abundancia.
En este país experto en festejar empates como triunfos, el dólar tranquilo se vende como estabilidad estructural. Pero mientras tanto, la economía real sigue esperando que el orden cambiario se traduzca en algo más que gráficos prolijos.
Porque acumular dólares es importante.
Pero que no falten en el Central no significa que sobren en la calle.
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