14 de enero de 2026
El Gobierno abrió el 2026 con una licitación que funcionó como termómetro político, económico y social del nuevo esquema macro. Colocó $9,37 billones, frente a vencimientos por $9,56 billones, y alcanzó un rollover del 98%, un dato clave para evitar presiones cambiarias inmediatas y un rebrote inflacionario por exceso de liquidez.
La operación cumplió su objetivo técnico: no liberar pesos en una plaza sensible y todavía frágil. Pero dejó al descubierto el costo estructural del programa: para convencer al mercado, el Tesoro tuvo que pagar tasas reales muy elevadas, con picos del 49,16% TIREA, en un contexto donde la inflación mensual ya desacelera pero sigue alta.

Desde el punto de vista político-económico, la licitación confirma la hoja de ruta oficial: sostener el orden financiero como condición previa a cualquier recuperación. No hay épica productiva ni estímulo al consumo en esta etapa; hay disciplina monetaria, pedaleo permanente y rendimientos altos para retener a los inversores en pesos.
Casi la mitad de lo adjudicado fue a instrumentos ajustados por inflación (CER), lo que revela que el propio mercado no compra aún un escenario de inflación totalmente domada. En paralelo, las Lecap a tasa fija concentraron montos importantes, pero solo a cambio de rendimientos que duplican -y en algunos casos triplican- la inflación esperada para los próximos meses.

Tasas altas hoy, tensiones mañana
En términos sociales, el dato no es neutro. Tasas del 40% al 49% anual implican un crédito caro, una economía real asfixiada y un Estado que compite con el sector privado por el financiamiento. El esquema es funcional a la estabilidad cambiaria, pero retrasa la reactivación y consolida una economía de corto plazo, atada a la renovación constante de deuda.
La licitación también mostró límites: una letra dólar linked quedó desierta, señal de que el mercado no percibe un salto cambiario inminente, pero tampoco está dispuesto a cubrirse sin premio suficiente. La confianza es táctica, no estructural.
El Gobierno logró lo que buscaba: orden financiero, sin sobresaltos. Pero el precio es explícito y cuantificable. La deuda en pesos sigue viva, renovándose a tasas elevadas, mientras la economía real espera. El equilibrio es inestable: funciona mientras el mercado crea que el ajuste fiscal y monetario se sostienen en el tiempo.
Por ahora, los números cierran. La pregunta es cuánto más puede sostenerse un modelo que paga caro el presente para ganar tiempo hacia adelante. En 2026, el reloj financiero corre más rápido que la política.
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