16 de enero de 2026
La dirigente opositora venezolana visitó Washington en una reunión sin cámaras y le entregó a Donald Trump el símbolo más visible de su galardón. El Instituto Noruego de los Nobel salió a aclarar qué se puede hacer y qué no con un galardón que, por reglamento, no cambia de dueño.
En una escena poco habitual para la liturgia del Nobel, María Corina Machado se reunió a puertas cerradas con el presidente de Estados Unidos y, tras el encuentro, confirmó que le dejó la medalla del premio en señal de reconocimiento. Horas después, la Casa Blanca difundió una foto de ambos en el Despacho Oval con el objeto enmarcado, mientras el propio Trump lo celebró en Truth Social.
Para un mandatario acostumbrado a la exposición pública, la visita tuvo un formato llamativo: fue un intercambio cerrado y lejos de los periodistas.
"Sepan que contamos con el presidente Donald Trump para la libertad de Venezuela", comentó Machado poco después de la reunión.
"Me impresionó mucho lo claro que está. Cómo conoce la situación de Venezuela, cómo le importa lo que está sufriendo el pueblo de Venezuela", añadió más tarde, al salir de una reunión con un grupo de legisladores en el Capitolio.
En esa misma línea, la líder opositora explicó el sentido del obsequio y lo vinculó a una lectura histórica.
"Le dije: 'Hace 200 años, el general Lafayette le entregó al presidente una medalla con la cara de George Washington a Simón Bolívar, que siempre atesoró. Justo 200 años después, la gente de Bolívar le está devolviendo a Washington una medalla en reconocimiento", explicó la opositora.
"El hecho de que este gesto tenga lugar dos siglos después, casi como un espejo histórico, le otorga un poder simbólico excepcional", agregó Machado en un comunicado publicado tras el encuentro.
En paralelo, Trump confirmó en redes que recibió el galardón y lo presentó como un reconocimiento a su rol en el caso venezolano.
El gesto reactivó una discusión inmediata: si alguien gana el Premio Nobel de la Paz, ¿puede "transferirlo" a otra persona?
La respuesta oficial del organismo organizador fue terminante: "Una vez anunciado el premio Nobel, no puede ser revocado, compartido ni transferido a otras personas", afirmó en un comunicado.
"La decisión es definitiva y válida para siempre", dijeron.
La aclaración incluye un matiz clave: los estatutos de la Fundación Nobel no limitan qué puede hacer el ganador con los objetos materiales del premio.
"Esto significa que el galardonado es libre de conservar, regalar, vender o donar estos objetos".
El Instituto Noruego de los Nobel también dejó en claro que, por principio, no evalúa ni comenta lo que hacen los premiados después de la entrega.

Aunque el organismo no emitió observaciones sobre el caso en particular, en Noruega la escena generó rechazo en sectores políticos y mediáticos.
"Es completamente inaudito", comentó Janne Haaland Matlary, profesora de la Universidad de Oslo y expolítica, a la emisora pública NRK, y añadió "es una total falta de respeto por el premio".
"Esto es increíblemente vergonzoso y perjudicial para uno de los premios más reconocidos del mundo", escribió en sus redes sociales Raymond Johansen, secretario de la ONG Ayuda Popular Noruega y exconcejal de Oslo.
Mientras, Kirsti Bergstø, líder del partido de la Izquierda Socialista de Noruega y su portavoz de política exterior, declaró: "Esto es, ante todo, absurdo. El premio de la paz no se puede regalar".
Por su parte, Trygve Slagsvold Vedum, líder del partido de Centro, declaró: "Quienquiera que haya recibido el premio, lo ha recibido. El hecho de que Trump aceptara la medalla dice mucho de él: un típico fanfarrón que busca engalanarse con los honores y el trabajo de otros".
Más allá del marco formal del Nobel, hay antecedentes de decisiones controvertidas vinculadas a las medallas.
El diplomático vietnamita Lê ??c Th?, por ejemplo, fue galardonado junto con el entonces secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger en 1973, por haber negociado el alto el fuego en la Guerra de Vietnam.
Sin embargo, se negó a aceptarlo argumentando que el otro bando había violado la tregua.
En 2014, el desacreditado científico estadounidense James Watson subastó la medalla que recibió en 1962 junto con Maurice Wilkins y Francis Crick por descubrir la estructura del ADN, convirtiéndose en el primer galardonado que vende en su premio.
Más recientemente, en 2022, el periodista ruso Dmitry Muratov subastó su Nobel de la Paz por US$103.5 millones para recaudar fondos para los niños refugiados de Ucrania.
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