16 de enero de 2026
Con la deuda en alza y el crédito más caro, la controlante de la red local de la compañia angloholandesa activó conversaciones para desprenderse de su negocio en el país. En la puja aparecen gigantes del trading energético y grupos con presencia en Vaca Muerta interesados en el paquete.
La brasileña Raízen, propietaria de la estructura y la marca Shell en la Argentina, volvió a tomar impulso para vender su operación local en medio de un tablero financiero tensionado. Tras cerrar 2025 con señales de deterioro y con recortes en su calificación crediticia, la compañía apunta a conseguir fondos frescos y entiende que el negocio argentino dejó de ser prioritario dentro de su estrategia regional.
El paquete que Raízen pone sobre la mesa es de alto impacto para el mercado energético local. Además de la refinería de Dock Sud, considerada la segunda más grande del país y con capacidad de procesamiento diaria cercana a los 100.000 barriles, la firma opera una red de más de 700 estaciones de servicio.
La operación también contempla una planta de lubricantes, terminales terrestres, bases de abastecimiento para aeropuertos y activos vinculados al gas licuado de petróleo (GLP). En la industria señalan que la venta podría rondar los US$ 1.000 millones, un número similar al valor que se le atribuía a la refinería cuando la compañía se posicionó en el país durante 2018.
Raízen es una sociedad mixta integrada por Shell y la brasileña Cosan. Según versiones de medios brasileños, dentro de esa alianza creció la lectura de que la operación argentina aporta pocas sinergias respecto del foco principal, que es la producción y distribución de combustibles en Brasil.
A ese diagnóstico se sumó el apremio financiero: la compañía intensificó contactos para fortalecer un balance complejo y frenar la caída de sus títulos de deuda en el exterior. En paralelo, S&P Global Ratings y Moody's vienen de rebajar su calificación, en un contexto de flujos de caja negativos y mayores dudas sobre su acceso al crédito.

Durante el segundo semestre del año pasado, Raízen activó una compulsa que reunió a jugadores de peso. En ese listado aparecieron Trafigura (dueña de Puma Energy en Argentina), las suizas Glencore y Vitol, y CGC, la petrolera de Eduardo Eurnekian. Más tarde se sumó el empresario José Luis Manzano.
Con el correr de las semanas, el proceso se fue decantando y, según trascendidos del sector, Vitol y Mercuria (grupo vinculado a Manzano) quedaron mejor posicionados para la definición, mientras CGC se mantuvo en carrera. En el mercado también se menciona el peso que ganó Mercuria en la segunda parte de 2025, apalancada por su sociedad con Manzano y Daniel Vila en Vaca Muerta a través de Phoenix Global Resources.
Respecto de los números, se mencionaron ofertas superiores: Mercuria habría tanteado alrededor de US$ 1.400 millones y Vitol, cerca de US$ 1.600 millones, aunque en el sector señalan que el cierre real podría terminar más cerca del umbral de US$ 1.000 millones.
En las últimas semanas, distintas crónicas internacionales y brasileñas ubicaron a Raízen bajo presión por su exposición a altos niveles de deuda luego de grandes inversiones en plantas de biocombustibles basadas en residuos, que no habrían rendido al ritmo esperado por una demanda más débil. A la vez, la baja de los precios del azúcar y cosechas flojas golpearon el desempeño general.
En ese marco, su deuda neta habría aumentado con fuerza en el tercer trimestre de 2025 frente al año anterior, para ubicarse cerca de los US$ 10.000 millones. Según se indicó, los accionistas mayoritarios y actores financieros buscarían una inyección de capital de al menos 10.000 millones de reales, equivalentes a cerca de US$ 1.900 millones.
"Este es un momento crucial para uno de los principales actores de la agroindustria brasileña, que también ocupa una posición sólida en la distribución de combustibles. Una inyección de capital se considera esencial para el futuro de la empresa", indicó ese medio.
Como parte de ese reordenamiento, la compañía también transfirió su cartera de activos energéticos a la brasileña Tria Energia.
"Raízen enfrenta una creciente presión financiera mientras lidia con altas tasas de interés, cosechas más débiles de lo esperado y una serie de apuestas ambiciosas (desde etanol de segunda generación hasta combustible de aviación sustentable) que aún no han dado frutos", añadió O Globo.

En Brasil, su base de operaciones, Raízen procesa y comercializa cerca de 25.000 millones de litros de combustibles por año, con una red de unas 6.200 estaciones con bandera Shell y casi 1.000 tiendas de proximidad en esos puntos de venta.
Además, es un actor central en azúcar, etanol y bioenergía, con alrededor de 860.000 hectáreas cultivadas, casi 30 plantas de producción de bioinsumos y capacidad para procesar 73 millones de toneladas de caña de azúcar al año. También dispone de infraestructura para generar cerca de 1.000 megavatios de energía eléctrica.
Ese volumen ayuda a explicar por qué, en la mirada interna de la compañía, la Argentina aparece como un activo valioso para vender, pero no imprescindible para el corazón de su negocio. En los próximos movimientos se definirá si la salida se concreta y quién se queda con una porción clave del mercado local de combustibles.
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