18 de enero de 2026
Un informe de CAME describe una temporada con rendimientos dispares según el destino, pero atravesada por una misma lógica de consumo. Hay más viajes de escapada, menos reservas anticipadas y una estadía más corta, mientras eventos y festivales empujan la demanda.
El turismo nacional arrancó el verano con un mapa heterogéneo: algunas plazas ya muestran niveles altos de ocupación, otras avanzan con mayor lentitud y buscan recuperarse con agenda y fines de semana. La constante, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, es un viajero más cuidadoso con el gasto, que decide tarde y prioriza experiencias concretas.
Los relevamientos de la primera quincena reflejan un verano menos ordenado por reservas tempranas y más marcado por "picos" de ocupación en función de la agenda y los fines de semana.
En destinos con atractivos consolidados, los números se ubicaron en rangos altos. Puerto Iguazú superó el 82% (con picos del 85%) y registró más de 68.000 arribos. Ushuaia alcanzó el 88% en los primeros 15 días y proyectó 83% para la segunda quincena, apalancada por festivales culturales, actividades al aire libre y el movimiento de cruceros. También se informaron registros cercanos al 80% en Mendoza capital y Bariloche, mientras que en Córdoba Carlos Paz llegó al 90% y Santa Rosa de Calamuchita al 95%.
Un segundo grupo de destinos se movió en niveles medios, típicos del turismo de cercanía. Chascomús promedió 62%, Mar del Plata rondó el 60% y el promedio provincial bonaerense contabilizó 3,6 millones de turistas, levemente por debajo de 2025. En el Norte, Tafí del Valle, San Javier y la Quebrada de Humahuaca superaron el 70%.
En paralelo, hubo plazas con un inicio más lento -como Puerto Madryn, Posadas, Corrientes, Tucumán y Santiago del Estero-, aunque con señales de recuperación hacia la segunda mitad del mes, impulsadas por eventos y fines de semana largos.
El rasgo dominante de la temporada es un cambio en el comportamiento del viajero. La decisión tardía se consolida como norma: muchas reservas se concretan en el día o con pocas horas de anticipación, en una lógica de control del gasto y menor compromiso con planes extensos.
Esa cautela también impacta en la duración del viaje. En ciudades de paso y destinos regionales predominan pernoctes de una o dos noches, mientras que en plazas más instaladas como Bariloche, Mar del Plata, Iguazú y Ushuaia el promedio se mantiene entre 3 y 4 noches. En el Norte y el Litoral, la permanencia oscila entre 2 y 5 noches, según la combinación de termas, playas de río, eventos y propuestas culturales.

Aunque el consumo se muestra más racional, el gasto turístico sigue teniendo impacto económico. En gran parte del país, el gasto diario promedio se ubicó entre $95.000 y $100.000 por persona, con casos donde el ticket sube por la combinación de consumo urbano, gastronomía y agenda.
En destinos de fuerte tracción, los valores se disparan: Puerto Iguazú superó los $117.000 diarios por visitante y Ushuaia llegó a cifras cercanas a $370.000, empujadas por excursiones, navegación, gastronomía y turismo de cruceros.
La contracara aparece en la provincia de Buenos Aires: registros oficiales mencionan una caída interanual del 21% en la primera quincena y un descenso aún mayor en la Costa Atlántica, con impacto directo en el consumo.
El informe remarca que el calendario cultural y deportivo funciona como principal acelerador del verano. Fiestas populares, carnavales, festivales y competencias disparan viajes de último momento y concentran consumo en momentos puntuales.
Se mencionan carnavales en Entre Ríos, festivales en Misiones, Santa Fe, La Rioja, San Luis y Córdoba, además de propuestas culturales en Ushuaia y eventos gastronómicos en distintos puntos de la Patagonia y el Litoral. El deporte también suma picos de ocupación con carreras, torneos y competencias de alta rotación.

Los destinos de naturaleza siguen actuando como ancla del verano. Se destacan los parques nacionales, playas, termas y postales clásicas como Iguazú, Ushuaia, El Calafate, los Esteros del Iberá, la Costa Atlántica y las playas de río.
A esa base se suman experiencias específicas -paseos de luna llena, trekking guiado y turismo activo- que convierten a la naturaleza en un atractivo por sí mismo y ayudan a sostener la demanda.
Entre los desafíos que aparecen en el diagnóstico se mencionan el crecimiento de la oferta informal de alojamiento, el aumento de costos operativos, la dependencia del clima y de la agenda de eventos, y la necesidad de una comunicación más precisa ante contingencias ambientales para evitar perjuicios sobre destinos que siguen operativos.
En síntesis, el verano 2026 muestra un turismo que se mueve, pero con cabeza fría: decide tarde, recorta estadías y gasta de manera selectiva. Los destinos que ofrecen experiencias claras, sostienen agenda y comunican bien su propuesta son los que mejor capitalizan esta nueva lógica del viajero.
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