24 de enero de 2026
El mercado del país limítrofe concentra la mayor parte de las ventas externas de las terminales locales y cualquier cambio de tendencia impacta en producción y empleo. En 2025, China aceleró su desembarco con más importaciones, marcas ya instaladas y un empuje fuerte de modelos híbridos y eléctricos.
La industria automotriz argentina está condicionada, en gran medida, por lo que sucede en Brasil. Por escala, cercanía y reglas del régimen automotor, lo que ocurra en el principal socio del Mercosur termina condicionando la producción nacional: para muchas plantas, exportar no es un complemento, sino el corazón del negocio.
En números, la diferencia de tamaño explica la dependencia. Durante 2025, el mercado brasileño rondó los 2,7 millones de 0km, mientras que Argentina cerró cerca de 612.000 unidades. Con ese desbalance, cualquier variación en la demanda de Brasil se siente rápido en las fábricas argentinas.
Las terminales radicadas en Argentina suelen planificar sus proyectos con un objetivo ambicioso: colocar en el exterior alrededor del 70% de lo que ensamblan. No todas alcanzan ese ideal, pero la lógica sectorial es la misma: sin exportaciones sostenidas, la ecuación industrial se vuelve más frágil.
En ese contexto, las exportaciones argentinas de 0km cayeron 10% en 2025. Entre los motivos que se mencionan en el sector aparecen la pérdida de competitividad, la discontinuación de algunos modelos y el hecho de que ciertos proyectos nuevos todavía no lograron el volumen de fabricación necesario para abastecer ventas externas de forma consistente.

El mercado brasileño no se contrajo: en 2025 incluso creció alrededor de 2% en ventas. La alerta para las terminales argentinas surge por otro lado: la competencia se volvió más dura por el avance de marcas chinas.
La presencia china en Brasil ya no se limita a traer unidades importadas. También hay automotrices de ese origen produciendo en territorio brasileño, y se estima que las marcas chinas ya superan el 10% del mercado. Eso amplía el menú de opciones para el consumidor y eleva la presión competitiva sobre los modelos fabricados en Argentina.
Además, la mayor parte de esa expansión está asociada a vehículos híbridos o eléctricos, un segmento en el que Argentina tiene una participación muy limitada. Aun así, el cambio pesa: el comprador brasileño se inclina cada vez más por alternativas "más verdes", lo que empuja la demanda hacia esos modelos "ecológicos" y le resta terreno a los autos tradicionales a combustión que salen de las plantas nacionales.
En Argentina, la importación de 0km tiene un origen dominante: Brasil. Y durante años Argentina también fue el proveedor principal de autos importados por Brasil. Sin embargo, esa condición empezó a erosionarse.
Según el último reporte de ANFAVEA, en los últimos meses las importaciones brasileñas desde China llegaron a superar a las provenientes de Argentina, un giro que marca un cambio de tendencia.
En el acumulado de 2025, Brasil importó 200.335 autos desde Argentina (una baja de 10,8% respecto de 2024) y 187.327 desde China (un salto de 55% interanual). Argentina todavía quedó arriba en el total del año, pero el detalle mensual muestra el quiebre: desde julio, los autos chinos pasaron a ingresar por encima de los argentinos.
El contraste se ve en dos meses extremos: en enero, Brasil importó 19.400 unidades desde Argentina y 10.400 desde China; en diciembre, la relación se invirtió, con 25.400 autos chinos contra 18.800 argentinos.

Para las terminales locales, vender menos a Brasil implica una amenaza directa sobre el nivel de producción. A eso se suma una discusión de fondo: en cada vehículo exportado desde Argentina, cerca de un 15% del precio se explica por impuestos, según plantean actores del sector al describir el peso de la presión fiscal.
En paralelo, las automotrices tradicionales advierten que los vehículos chinos compiten con otra ventaja: no solo tendrían menores cargas, sino que además ingresarían con subsidios, lo que mejora su posición relativa en precio y acelera su penetración.
Si la tendencia se consolida, el impacto no será únicamente comercial. Menos exportaciones pueden traducirse en menor utilización de capacidad, ajustes de producción y mayores dificultades para sostener inversiones que dependen del volumen externo.
En un tablero regional donde Brasil define la mayor parte de la demanda, el crecimiento chino opera como un reordenador del Mercosur automotor. Y obliga a la industria argentina a revisar su competitividad justo cuando el principal mercado empieza a mirar, cada vez más, hacia Oriente.
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