26 de enero de 2026

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País. Alarma en el agro bonaerense por Huergo Cereales: cheques sin fondos y silencio empresario

El acopio, con más de dos décadas de presencia en la región, quedó en el centro de la preocupación por una cadena de incumplimientos, falta de comunicación oficial y dudas sobre su continuidad operativa.

En una de las zonas agrícolas más activas del centro-norte bonaerense, la situación de Huergo Cereales S.R.L. empezó a encender alarmas entre productores, empleados y operadores del mercado de granos. La firma, conocida en el entramado rural de Chivilcoy y localidades cercanas, atraviesa una crisis marcada por cheques rechazados, deudas millonarias y un silencio empresarial que profundizó el clima de incertidumbre.

El caso tomó dimensión pública tras conocerse que la empresa acumula 238 cheques rechazados por falta de fondos, por un total de $1.173 millones, según registros del Banco Central de la República Argentina. A ese frente se suma un nivel de endeudamiento financiero que supera los $6.000 millones, aunque la compañía todavía figura con calificación crediticia "normal" en el sistema, un dato que contrasta con los testimonios y la preocupación que circula en la región.

Qué es un acopio y por qué su estabilidad es clave para el agro

Para dimensionar el impacto, es clave entender qué hace un acopio dentro del esquema agroindustrial argentino. Estas empresas actúan como un puente central entre la producción primaria y los mercados: allí los productores entregan la cosecha, el grano se pesa, se analiza, se acondiciona y se almacena, quedando bajo resguardo hasta su venta, traslado a la industria o exportación.

Pero el rol del acopio excede lo logístico. En muchos casos, funciona como engranaje económico y financiero: permite que el productor no tenga que vender de inmediato, ordena la logística regional y puede operar como intermediario, adelantando pagos o fijando plazos para cancelar mercadería entregada. Cuando ese mecanismo se traba, el impacto se traslada directo al productor y, por extensión, a la cadena completa.

De actor regional a foco de preocupación en pocas semanas

Huergo Cereales se había consolidado como un operador relevante en recepción y comercialización de granos en el distrito. Además del acopio, desarrolló líneas complementarias como venta de insumos agrícolas, alquiler de campos y transporte de mercadería con flota propia. Sin embargo, en las últimas semanas la operatoria empezó a mostrar señales claras de deterioro.

Productores que entregaron trigo y otros granos aseguran que no cobraron en los plazos pactados. Otros plantean que no tienen claridad sobre el destino final de la mercadería ni sobre los tiempos para la cancelación de deudas. La falta de información formal terminó de romper el clima de confianza en un momento delicado: muchos necesitan esos pagos para afrontar costos y compromisos de la próxima campaña.

Incertidumbre entre productores y empleados

La crisis no se limita al plano comercial. También impacta en el frente laboral. La empresa llegó a contar con alrededor de 19 empleados entre administrativos, camioneros y operarios de planta. Hacia fines del año pasado, uno de ellos presentó su renuncia en medio de demoras salariales, y en las últimas semanas se extendió el temor a una paralización total de la actividad.

En paralelo, fuentes de la zona aseguran que durante los primeros días de enero se detectó ausencia de mercadería en las plantas, sin una explicación oficial que ordene el cuadro. Esa falta de certezas alimentó versiones y aumentó el malestar interno, tanto de quienes siguen trabajando como de los productores que esperan definiciones.

Silencio empresario y definiciones pendientes

Desde el entorno legal de la firma evitaron dar precisiones públicas. El abogado que representa a Huergo Cereales sostuvo ante medios locales que se está llevando adelante un proceso de ordenamiento interno y análisis legal, y que cualquier decisión se comunicará por los canales correspondientes. Por ahora, sin embargo, no se informó un plan de pagos ni una estrategia concreta para encauzar los compromisos asumidos.

El perfil societario también quedó bajo la lupa. La empresa, fundada originalmente por productores de la zona, atravesó cambios tras el fallecimiento de los socios iniciales y quedó controlada por dos socios radicados en Chivilcoy sin antecedentes públicos relevantes en la actividad de acopio. En un negocio donde la confianza suele construirse durante décadas, ese dato sumó interrogantes.

Un caso que expone fragilidades del sistema

La crisis de Huergo Cereales se inscribe en un escenario más amplio donde distintas empresas vinculadas al agro enfrentan tensiones financieras, problemas de liquidez y dificultades para cumplir obligaciones. No se trata necesariamente de una crisis general del sector, pero el episodio vuelve a mostrar qué ocurre cuando falla un engranaje central del circuito productivo.

En una región donde el agro es motor económico y social, el conflicto en torno a este acopio deja en evidencia que la solidez financiera y la transparencia operativa no son temas abstractos: impactan en el día a día de productores, trabajadores y comunidades enteras. Por ahora, el denominador común sigue siendo la incertidumbre, a la espera de definiciones que permitan saber si la empresa podrá normalizar su situación o si el caso derivará en consecuencias aún mayores para el entramado productivo local.

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