26 de enero de 2026
El indicador de J.P. Morgan bajó a 513 puntos y tocó su nivel más bajo desde junio de 2018, mientras bonos y acciones acompañaron el clima positivo. La racha compradora del Banco Central y el salto de las reservas por encima de los USD 45.000 millones sostienen la mejora, aunque el mercado sigue mirando el "lado B" del esquema: financiamiento, cobertura cambiaria y el calendario de pagos.
El riesgo país argentino volvió a marcar mínimos de varios años y quedó en 513 puntos, mientras los bonos soberanos y las acciones mantuvieron el tono positivo de las últimas ruedas. Detrás del movimiento aparecen dos señales que sigue de cerca el mercado: compras de divisas del Banco Central y una apuesta oficial a que crezca la demanda de pesos.
En la rueda del lunes, el indicador de J.P. Morgan bajó 2,5% hasta 513 unidades, su menor nivel desde el 12 de junio de 2018 (503 puntos). En paralelo, los títulos públicos en dólares subieron en promedio 1,1%, con avances destacados en la curva larga.
En el plano accionario, el S&P Merval trepó 1,2% hasta 3.131.277 puntos y llegó a rozar un nuevo récord nominal intradiario. En Nueva York, también se vieron mejoras en papeles argentinos, en un contexto donde el mercado empezó a leer que, con el riesgo país más comprimido, se abre otra discusión: el retorno del Estado a una emisión en el mercado voluntario si la tendencia se consolida.
Uno de los datos que alimenta el clima financiero es el nivel de reservas brutas. En enero, el Banco Central sostuvo una racha de compras y, en la jornada, absorbió USD 39 millones. Las reservas brutas quedaron en torno a USD 45.740 millones, el registro más alto desde septiembre de 2021.
Esa acumulación de divisas, además, se dio en un arranque de año cargado de vencimientos, lo que reforzó la lectura de que el BCRA está logrando sumar "colchón" en un tramo clave del calendario.

En el equipo económico insisten en una idea central: que este año puede darse una remonetización sin que eso derive, automáticamente, en una corrida hacia el dólar. En esa lógica, se planteó que la economía venía de un "cisne negro" político en 2025, con desplome de demanda de dinero y dolarización defensiva, pero que el escenario empezó a normalizarse.
La proyección oficial supone que la base monetaria y los agregados transaccionales crezcan como porcentaje del PBI, lo que en términos nominales implicaría varios billones adicionales circulando en medios de pago. El interrogante, como siempre en Argentina, es si esa mayor tenencia de pesos se sostiene con confianza y con una percepción de que el Banco Central cuenta con los dólares suficientes para respaldar estabilidad.
Aun con el envión de bonos, acciones y riesgo país a la baja, analistas advierten un punto sensible: parte de la calma puede estar apoyada en el canal financiero, con colocaciones de deuda pública y privada y, en paralelo, coberturas. En otras palabras, el mercado celebra el presente, pero no deja de mirar la consistencia del esquema si el flujo de dólares se vuelve más exigente por turismo, importaciones de servicios o un cambio brusco del clima global.
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