6 de febrero de 2026
El rastreador GPS del vehículo había transmitido posición con normalidad durante toda la mañana, cada 90 segundos según el registro que revisó después el encargado de monitoreo, hasta que a las 13.47 la señal se cortó en un punto de la Ruta 7 a unos 40 kilómetros de San Luis. No hubo alerta de manipulación, no hubo señal de batería baja, simplemente dejó de transmitir como si alguien hubiera desconectado el dispositivo o el camión hubiera entrado en una zona sin cobertura. El problema es que esa zona tiene cobertura.
Tres días después apareció el camión en un descampado en las afueras de Lavalle, vacío. El conductor apareció antes que el camión, el mismo día del robo, en una ruta secundaria cerca de La Paz. Tenía las manos atadas y le habían destruido el teléfono pero no le hicieron nada más. A la policía le contó que bajó del camión porque vio lo que parecía un accidente adelante, tres vehículos en la ruta, y que lo agarraron antes de que pudiera entender qué estaba pasando. De ahí en más perdió noción del tiempo porque le vendaron los ojos, pero calculó que anduvo cuatro o cinco horas en otro vehículo hasta que pararon y lo dejaron en el camino.
FADEEAC, la federación que agrupa a las empresas de transporte de cargas, publicó datos de 2024 que ubicaban las pérdidas por robo en alrededor de 180 millones de dólares para el año, bastante más que en 2023. Los corredores hacia Cuyo y la Ruta 7 en particular aparecen una y otra vez en los informes, junto con la Ruta 9 hacia Córdoba y algunos tramos de la Ruta 3 al sur. Un oficial de la División Sustracción de Automotores en Buenos Aires que trabaja estos casos me dijo que lo que más le llama la atención es cómo se repiten los tiempos. El camión desaparece, pasan dos o tres días sin que nadie sepa nada, y después aparece abandonado en algún lado. El conductor generalmente aparece antes, a veces el mismo día. Esos tres días, me explicó, son lo que necesitan para vaciar el camión, mover todo y distribuirlo antes de que alguien pueda rastrear nada.
Las bandas que operan en estos corredores tienen una estructura que los gestores de flotas están empezando a entender demasiado bien. Un equipo de inteligencia identifica los camiones cargados con mercadería de alto valor, a veces mediante información filtrada desde los propios centros de distribución, otras veces simplemente monitoreando patrones de carga en determinadas empresas. La intercepción la ejecutan tres o cuatro personas en dos vehículos que simulan accidentes, retenes policiales falsos o simplemente bloquean el camino en zonas despobladas, y después entra una red de descarga con galpones preparados, vehículos de transferencia y compradores que absorben la mercadería robada en cuestión de horas.
Martín Gutiérrez, que coordina operaciones de seguridad para una empresa de logística con base en Rosario, describió el problema con una franqueza que me pareció inusual. Dijo que llevaban años instalando rastreadores GPS en los camiones, pero que los delincuentes sabían exactamente dónde buscarlos. En los últimos dos años habían tenido cuatro robos donde el rastreador fue desactivado en menos de diez minutos después de la intercepción. Los modelos estándar que van conectados al OBD son los primeros que encuentran, y los que van cableados a la batería principal tampoco les toman mucho más tiempo. Según él, ahora están probando dispositivos secundarios ocultos con batería autónoma que transmiten posición cada 30 minutos, pero incluso esos tienen limitaciones porque si el camión entra en un galpón cerrado con estructura metálica, la señal no sale.
Los transportistas más chicos no tienen capacidad para implementar sistemas de seguridad sofisticados. Un independiente que opera tres o cuatro camiones en la ruta hacia Mendoza me dijo que el costo de un sistema telemático completo con múltiples rastreadores y monitoreo 24 horas se llevaría buena parte de su margen operativo. Un solo robo podría dejarlo fuera del negocio. Es un cálculo que muchos hacen mal hasta que les toca.
Los robos en estos corredores ocurren mayoritariamente de día, entre media mañana y media tarde, cuando los camiones están en movimiento y hay menos sospecha sobre vehículos circulando por rutas secundarias. De noche los transportistas tienden a estacionar en paradas con algo de vigilancia o al menos con otros camiones cerca, lo que complica las intercepciones. La cobertura celular entre General Alvear y San Luis es irregular en varios tramos, a veces desaparece durante 20 o 30 kilómetros, y un técnico de flotas en www.gpswox.com me comentó que las señales de rastreadores GPS en esa zona llegan con retrasos de hasta varios minutos cuando llegan, lo cual no es mucho consuelo si alguien está intentando localizar un vehículo en tiempo real durante una emergencia.
La respuesta de algunas empresas ha sido modificar sus protocolos de ruta. Una firma de distribución de productos electrónicos que opera entre Buenos Aires y el oeste del país implementó hace un año un sistema donde los conductores deben reportar posición cada 45 minutos durante ciertos tramos considerados de riesgo. Si pasan más de 60 minutos sin comunicación, se activa automáticamente un protocolo de verificación que incluye contacto con el conductor, revisión de la señal GPS y si no hay respuesta en 15 minutos adicionales, alerta a las fuerzas de seguridad. Desde que implementaron el sistema tuvieron un intento de robo que fue abortado porque el camión fue localizado antes de que pudieran trasladarlo a un galpón.
Pero la mayoría de las empresas no han llegado a ese nivel de inversión. Los datos de la cámara empresarial del transporte de cargas sugieren que quizás el 35% de las flotas comerciales en Argentina tienen sistemas de rastreo activo con monitoreo en tiempo real. El resto opera con rastreadores básicos que solo registran ubicación sin alertas automáticas, o directamente sin ningún sistema de seguimiento más allá del teléfono del conductor.
Un gerente de logística de una empresa mediana en Córdoba me comentó que había presentado tres denuncias por robo en los últimos 18 meses y que en ningún caso se había recuperado mercadería ni se había detenido a nadie. Las investigaciones se estancan porque para cuando las fuerzas de seguridad pueden actuar, la carga ya está dispersa en decenas de puntos de venta informales o ya cruzó fronteras provinciales donde la coordinación entre jurisdicciones es lenta.
El caso del camión que desapareció en la ruta a Mendoza terminó como terminan la mayoría. El vehículo fue recuperado, el conductor volvió al trabajo después de unos días de licencia, la mercadería nunca apareció y el seguro cubrió parte de las pérdidas. La empresa instaló dos rastreadores adicionales en cada camión de su flota y modificó las rutas para evitar ciertos tramos durante determinadas horas. Nadie fue detenido.
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