10 de febrero de 2026
Señor
Presidente:
Es
de público conocimiento la sensibilidad y el cariño profundo que usted siente
por sus mascotas. Usted mismo ha expresado que, cuando finalice su mandato,
sueña con retirarse al campo para vivir junto a ellas. Nadie puede negar que
para sentir y expresar ese amor se necesita una profunda sensibilidad humana.
Y
es justamente desde ese lugar, Señor Presidente, desde donde nos animamos a
escribirle.
Con
respeto, pero también con dolor, le pedimos que esa sensibilidad que usted
demuestra pueda extenderse hacia nosotros, los jubilados y jubiladas de la
Argentina. No como un gesto político, sino como un acto profundamente humano.
Hoy
somos un sector que se siente olvidado, postergado y, muchas veces,
injustamente señalado. Se nos nombra como un gasto, como una carga, cuando en
realidad somos hombres y mujeres que trabajamos toda una vida, que pusimos el
cuerpo, el esfuerzo y la esperanza para sostener a nuestras familias, educar a
nuestros hijos y defender una democracia que nos costó años de lucha,
sacrificios y también vidas.
Somos
parte de la historia de este país. No una estadística.
Sin
embargo, Señor Presidente, hoy sentimos que todo aquello que dimos no tiene
valor. Que nuestro esfuerzo se diluyó en un presente que nos condena a
sobrevivir en lugar de vivir. Somos quienes, en silencio, estamos pagando el
precio del orden económico, aportando al superávit fiscal con nuestra propia
calidad de vida.
No
hablamos desde el enojo, sino desde el agotamiento. Desde la angustia cotidiana
de no saber si el ingreso alcanza para comer, para comprar medicamentos, para
calefaccionarnos o simplemente para llegar a fin de mes con un mínimo de
tranquilidad.
Muchos
jubilados se ven obligados a elegir. Elegir entre alimentarse o medicarse.
Entre cuidarse o resignarse. Otros, tristemente, ya no pueden elegir y quedan
en el camino. No es un recurso literario, es una realidad que se vive en cada
barrio, en cada hogar, en cada mesa donde falta lo esencial.
Entendemos
que la Argentina necesita cambios. Entendemos que hay problemas profundos que
deben ser abordados con firmeza. No desconocemos la complejidad del momento ni
las dificultades de gobernar. Pero ningún proyecto de país puede construirse
sobre el sufrimiento de quienes ya lo dieron todo.
La
Seguridad Social no puede ser vista solo como una variable de ajuste. Los
recursos destinados a los jubilados no son un privilegio ni una concesión: son
un derecho adquirido con años de trabajo y aportes. Cuando se recorta allí, no
se recorta un número, se recorta dignidad.
Señor
Presidente, no le escribimos para confrontar, sino para pedirle que nos mire.
Que nos escuche. Que comprenda que detrás de cada jubilación hay una historia,
una vida, una familia y un nombre.
No
pedimos compasión. Pedimos justicia. No pedimos privilegios. Pedimos dignidad.
Queremos
vivir los años que nos quedan con tranquilidad, con acceso a la salud, a los
alimentos, a los medicamentos y al respeto que merece cualquier ser humano.
Ojalá
que la sensibilidad que usted expresa por aquello que ama pueda transformarse
también en políticas que cuiden a quienes construimos este país con nuestras
manos y nuestro trabajo.
Con
el corazón abierto y la esperanza intacta, le pedimos que no nos deje solos.
Porque
una Nación que cuida a sus jubilados es una Nación que se honra a sí misma.
Por
Jorge A. Dimuro - la voz del jubilado
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