14 de febrero de 2026
Con deudas por $34.000 millones, más de 1.000 cheques rechazados y una faena que se desplomó de 600 a menos de 50 cabezas por día, la firma ligada a Ernesto "Tito" Lowenstein quedó en el centro de un conflicto laboral. Trabajadores reclaman indemnizaciones y denuncian: "Nos dicen que están en crisis, pero siguen operando".
La crisis del frigorífico General Pico escaló en las últimas horas con el despido de 194 empleados y la paralización de sus tres plantas en Trenel, General Pico y Arata, en la provincia de La Pampa. La firma, que hasta esta semana rondaba los 450 trabajadores, quedó virtualmente frenada en medio de un cuadro financiero crítico.
Según la información disponible, la compañía arrastra deudas por $34.000 millones, con $22.000 millones correspondientes a bancos públicos, además de una contracción marcada de su nivel de producción. De un ritmo de hasta 600 cabezas diarias destinadas al consumo interno, en los últimos meses habría pasado a menos de 50.
A esto se sumó un dato que tensiona el vínculo con proveedores: la existencia de más de 1.000 cheques rechazados por encima de $12.000 millones, vinculados a pagos por animales y servicios. En ese marco, El Diario de La Pampa consignó que la cooperativa eléctrica habría suspendido el suministro por falta de pago, un golpe directo a la continuidad operativa.

La crisis venía dando señales desde enero. La empresa solicitó un procedimiento preventivo de crisis, que no fue homologado y venció el 31 de enero. En esa instancia, la parte empresaria sostuvo que no contaba con fondos para afrontar salarios y propuso abonar $500.000 por empleado, según trascendió.
Este viernes, un grupo reducido de operarios realizó una asamblea frente a la planta de Trenel para definir medidas. En el lugar, plantearon el impacto social en una localidad chica y exigieron el pago de indemnizaciones que -según denunciaron- debían acreditarse a mitad de semana: "Somos 79 familias de Trenel y, en un pueblo de 7 mil habitantes, es mucho".
Entre los ex empleados también creció el malestar por la falta de información formal. En ese sentido, apuntaron contra la conducción de la empresa y señalaron movimientos internos que, a su entender, contradicen la parálisis total: "Nadie nos ha respondido nada. La gente de mantenimiento está trabajando, recursos humanos sigue activo, salió un camión con menudencias. Nos dicen que están en crisis, pero siguen operando".
Por último, los trabajadores remarcaron que tampoco obtuvieron respuestas del sindicato, al que acusaron de no haberse hecho presente durante el conflicto. El cierre de las plantas y los 194 despidos dejan, por ahora, un escenario de fuerte impacto en la economía local y a casi 200 familias sin ingresos.
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