19 de febrero de 2026
La utilización de la capacidad instalada se situó en un 40,6%, mientras que el registro de empleo sectorial también muestra retrocesos. El panorama de producción metalúrgica refleja resultados negativos generalizados en múltiples subsectores y cadenas de valor, una situación que especialistas comparan con los peores momentos de la pandemia.
La actividad metalúrgica en Argentina registró en enero una caída interanual del 6,2%, revelando un comienzo de año con indicadores productivos en retroceso y tensiones estructurales en la industria manufacturera. Según el informe difundido por la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), este nivel de actividad situó al sector 17,9% por debajo de sus máximos recientes, posicionándolo en cifras similares a las observadas en el peor momento de la pandemia de COVID-19.
La comparación mensual con diciembre de 2025 mostró una leve mejora de 0,8%, aunque este repunte resultó insuficiente para alterar la tendencia contractiva que atraviesa el sector. Por otra parte, la utilización de la capacidad instalada experimentó un deterioro profundo, alcanzando apenas 40,6%, el nivel más bajo en los últimos cuatro años. ADIMRA señaló que "este nivel refleja un uso muy acotado del aparato productivo y confirma el carácter recesivo del actual escenario industrial".
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La medición también destacó que el empleo dentro de las empresas metalúrgicas continuó su descenso: el trabajo registrado en el sector cayó 2,7% interanual y 0,3% en la comparación con diciembre. Esta pieza del informe pone de manifiesto la debilidad del mercado laboral dentro de un segmento estratégico de la industria nacional.

Los datos de ADIMRA muestran un sector industrial con caída constante, reducir empleo y elevada capacidad ociosa.
El análisis de ADIMRA también destacó la evolución de los intercambios comerciales del segmento: las importaciones de productos metalúrgicos crecieron un 14,8% interanual en diciembre, mientras que las exportaciones del sector mostraron un alza de 10,8%. Si bien este comportamiento externo puede brindar dinamismo en ciertos eslabones, no fue suficiente para contrarrestar la contracción interna del sector.
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Frente a este escenario, el presidente de ADIMRA, Elio Del Re, advirtió sobre la profundidad de la situación: "La actividad metalúrgica inicia el año en niveles históricamente bajos, con **capacidad ociosa elevada, caída en todos los sectores y sin señales claras de reactivación. Este escenario complejo torna indispensable implementar una política industrial integral".
El informe también publicó expectativas empresariales que reflejan cautela frente a los próximos meses: en diciembre pasado, 7 de cada 10 empresas no esperan cambios positivos en su producción para los próximos tres meses, consolidando la percepción de persistencia del contexto recesivo.
La caída de la actividad metalúrgica por sector fue generalizada. Los rubros que anteriormente habían mostrado crecimiento, como Maquinaria Agrícola y Carrocerías y Remolques, registraron contracciones de 3,4% y 6,8%, respectivamente, con el segundo retroceso marcando cifras negativas tras más de seis meses de repunte. Otros segmentos con descenso interanual fueron Fundición (-17,8%), Otros Productos de Metal (-9,8%), Autopartes (-8,5%), Equipo Eléctrico (-5,5%), Equipamiento Médico (-2,6%) y Bienes de Capital (-0,6%).
El deterioro también se reflejó en el análisis por cadenas de valor: las empresas vinculadas a Construcción (-9,5%), Alimentos y bebidas (-8,2%), Agrícola (-7,6%), Automotriz (-7,4%) y Energía Eléctrica (-5,3%) continuaron con resultados negativos. Asimismo, sectores asociados a Minería (-3,8%), Petróleo y Gas (-4,4%) y Consumo Final (-3,1%) profundizaron la tendencia contractiva que afecta a la producción metalúrgica en el país.
En conjunto, estos datos muestran que la industria metalúrgica argentina afronta un inicio de año con desafíos significativos: una producción en descenso, elevada capacidad ociosa, contracción del empleo y perspectivas limitadas de recuperación a corto plazo. Los indicadores sectoriales y sus múltiples subsectores evidencian un contexto industrial que aún no logra revertir la trayectoria negativa heredada de períodos anteriores.
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