23 de febrero de 2026
La interna del PJ en la Cámara Alta atraviesa horas decisivas y podría derivar en una ruptura del bloque Convicción Federal, con impacto directo en la agenda parlamentaria del oficialismo y en la votación de la reforma laboral.
La pulseada política en el Senado ingresó en una etapa de máxima tensión para el peronismo, que enfrenta una posible reconfiguración interna en medio del avance legislativo de La Libertad Avanza. Con el respaldo del PRO, la UCR y gobernadores cada vez más cercanos a la Casa Rosada, el oficialismo podría consolidar un escenario favorable mientras el PJ corre riesgo de quedar con su representación más baja en décadas.
Durante la jornada podría concretarse la salida de tres integrantes del bloque Convicción Federal, hoy dentro del interbloque peronista. De acuerdo con el escenario que se analiza en la previa de la sesión preparatoria, las senadoras Sandra Mendoza y Carolina Moisés, junto al senador Guillermo Andrada, dejarían ese espacio para avanzar en una nueva construcción parlamentaria con mayor sintonía con el universo libertario.
En cambio, permanecerían en el bloque Fernando Salino, actual presidente del espacio, y Jesús Rejal, referenciado en el gobernador riojano Ricardo Quintela, uno de los mandatarios más críticos del oficialismo nacional.
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La eventual ruptura no sería un movimiento aislado. La intención, según trascendió, sería conformar un nuevo bloque de cinco integrantes con Flavia Royón y Beatriz Ávila, ambas vinculadas a gobernadores con diálogo fluido con la administración de Javier Milei.
Si ese armado se confirma, el peronismo quedaría con 25 senadores, un piso histórico desde el regreso de la democracia en 1983. La caída no solo respondería al acercamiento de algunos mandatarios provinciales al Gobierno nacional, sino también al creciente distanciamiento de varios jefes territoriales respecto de Cristina Fernández de Kirchner y del titular del bloque, José Mayans.
El nuevo equilibrio podría quedar expuesto formalmente en la próxima sesión preparatoria, prevista para definir autoridades del cuerpo. Allí se medirá no solo la correlación de fuerzas actual, sino también la capacidad del oficialismo de ordenar apoyos para los debates clave que se vienen.
En ese contexto, la discusión por la reforma laboral aparece como una de las pruebas centrales para el nuevo esquema del Senado.

Una de las incógnitas principales es qué postura adoptarán estos senadores frente a la reforma laboral. En la votación anterior, los cinco integrantes de Convicción Federal se alinearon con el Bloque Justicialista, no dieron quórum y votaron en contra.
Ahora, la especulación política apunta a otro posible comportamiento: mantener el rechazo al proyecto, pero dar quórum para habilitar la sesión. Esa alternativa replicaría una estrategia ya vista en la Cámara de Diputados con legisladores que responden a gobernadores dialoguistas.
El oficialismo entiende que ya demostró capacidad para reunir quórum y votos para avanzar con su agenda. En paralelo, la posible fractura del peronismo y el pase de Luis Juez al bloque libertario reforzarían la posición de La Libertad Avanza.
Con ese movimiento, el espacio oficialista podría llegar a 21 senadores propios y, sumando aliados provinciales, PRO y UCR, alcanzar 44 votos, quedando a solo cuatro de los dos tercios.
La discusión no es solo numérica. La posible división del PJ en el Senado profundiza una reconfiguración política más amplia, en la que el poder territorial de los gobernadores y la dinámica parlamentaria empiezan a pesar tanto como la conducción partidaria tradicional.
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