25 de febrero de 2026
La vicepresidenta intensificó su agenda independiente: visitas a provincias, encuentros con gobernadores (incluyendo peronistas no K) y críticas abiertas a la apertura total de importaciones. Desde el Gobierno responden duro, Adorni dijo "Es vicepresidenta, pero no toma decisiones ni forma parte de la gestión". En Balcarce 50 celebran el "blanqueo" y ya piensan en reemplazos para la fórmula 2027 (Milei busca reelección).
La tensión entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel ha alcanzado niveles máximos en las últimas semanas de febrero 2026, con diferencias públicas que ya no se disimulan y que muchos interpretan como el inicio de un armado político propio de Villarruel de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Villarruel
ha intensificado una agenda independiente, multiplicando visitas a provincias y
encuentros con gobernadores (incluyendo sectores peronistas no kirchneristas),
mientras marca diferencias ideológicas claras con el rumbo económico del
Gobierno.
En particular, criticó fuertemente la apertura total de importaciones, defendiendo la producción nacional y los aranceles proteccionistas.
Un
tuit suyo reciente resonó fuerte: "Para Trump primero está Estados Unidos, para
mí primero está la Argentina", en referencia a un fallo judicial en EE.UU.
sobre aranceles, que leyó como un cuestionamiento a la dependencia de China y
la falta de políticas industriales.
En
un encuentro con dirigentes peronistas en La Rioja, Villarruel dejó trascender
que no descarta una candidatura presidencial y soltó una frase lapidaria sobre
Milei: "Lo eligieron a él, pero gobierna la hermana" (en alusión a Karina
Milei, quien concentra poder en la Casa Rosada).
Esto
fue interpretado como un ataque directo al esquema de decisiones del Gobierno y
confirmó la ruptura sin retorno.
Desde
el oficialismo, responden con dureza: el jefe de Gabinete Manuel Adorni la bajó
del avión diciendo que "es la vicepresidenta, pero no toma decisiones ni forma
parte de la gestión".
En
la Casa Rosada celebran que haya "blanqueado" su perfil opositor, lo ven como
un quiebre definitivo y ya discuten posibles reemplazos para la fórmula de 2027
(con Milei apuntando a la reelección).
Karina
Milei y su entorno la ven como una amenaza y la acusan de traición en varios
frentes, como sesiones en el Senado o designaciones.
En
el Senado, Villarruel consolidó control institucional (manteniendo aliados en
la línea de sucesión y repartiendo cargos con oposición), lo que dejó al
"triángulo de hierro" (Milei-Karina-Caputo) sin influencia directa allí.
La
Asamblea Legislativa del 1° de marzo se espera tensa, con protocolo acordado
pero miradas cruzadas inevitables.
La
fractura parece ideológica (nacionalismo productivista vs. apertura globalista)
y de poder, con Villarruel buscando seducir a sectores conservadores,
industriales y peronistas moderados. En el oficialismo minimizan el impacto
inmediato, pero reconocen que ordena el escenario interno para 2027.
La
relación está rota, y el debate ya no es si habrá ruptura, sino cómo impactará
en el futuro político de ambos.
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