27 de febrero de 2026
El 27 de febrero de 1812 frente a las baterías Libertad e Independencia dispuestas a orillas del Río Paraná, donde actualmente se encuentra el Monumento Histórico Nacional a la Bandera en la ciudad de Rosario, el general Manuel Belgrano enarboló por primera vez nuestra bandera y pidió a sus soldados jurarle lealtad. Fue diseñada con los mismos colores de la escarapela.
por
Jorge Dimuro
Hoy
no venimos a recordar una fecha fría del calendario. Hoy venimos a hablar de
conciencia. Hoy venimos a hablar de la Patria.
Porque
cada 27 de febrero no debería ser un simple acto escolar ni una ceremonia
repetida por costumbre. Es el día en que la bandera argentina dejó de ser un
símbolo para convertirse en un compromiso moral con un pueblo entero.
Cuando
Manuel Belgrano levantó por primera vez la bandera, no lo hizo rodeado de
privilegios ni protegido por la comodidad del poder. Lo hizo en tiempos de
incertidumbre, de pobreza, de sacrificio y de lucha. Lo hizo pensando en una
Nación justa, libre y solidaria, donde el bien común estuviera por encima de
los intereses individuales.
Belgrano
murió pobre, olvidado por muchos, pero inmenso en su legado. Y esa sola verdad
debería hacernos reflexionar profundamente: los verdaderos patriotas no se
enriquecen con la Patria... la sirven.
Hoy
la bandera sigue flameando en cada rincón de nuestra querida Argentina, pero
también flamea cargada de preguntas incómodas.
¿Dónde
quedó el espíritu de sacrificio? ¿Dónde quedó la idea de comunidad?
¿En
qué momento la política dejó de ser servicio para convertirse tantas veces en
espectáculo, enfrentamiento y distancia con la realidad del pueblo?
Porque
mientras algunos discuten poder, millones de argentinos discuten cómo
sobrevivir.
Mientras
se pronuncian discursos grandilocuentes, hay jubilados que cuentan monedas
después de haber trabajado toda una vida.
Mientras
se habla de números y ajustes, hay historias humanas que parecen no importar.
Y
entonces la bandera deja de ser un símbolo lejano y se convierte en un espejo.
Un
espejo que nos obliga a preguntarnos si estamos construyendo la Nación soñada o
si la estamos dejando fragmentarse entre la indiferencia y el individualismo.
La
bandera no pertenece a ningún gobierno, a ningún partido ni a ninguna
ideología. La bandera pertenece al pueblo.
Al
trabajador anónimo. Al abuelo que levantó este país con esfuerzo silencioso. A
la madre que lucha cada día.
Al
joven que todavía se anima a soñar con un futuro mejor.
La
Patria no se defiende con discursos vacíos ni con enfrentamientos permanentes.
Se
defiende con justicia social, con respeto, con empatía, con decisiones que
pongan al ser humano en el centro y no a las estadísticas.
Porque
un país que olvida a sus mayores está olvidando su propia historia. Un país que
pierde la solidaridad pierde su alma. Y una bandera que no representa igualdad
y dignidad corre el riesgo de transformarse solo en un símbolo decorativo.
Hoy
necesitamos recuperar algo más profundo que el orgullo nacional: necesitamos
recuperar el sentido de comunidad. Volver a mirarnos como compatriotas y no
como enemigos. Entender que la Argentina no se salva sola ni desde el egoísmo,
sino desde la construcción colectiva.
Que
este 27 de febrero no sea un homenaje vacío. Que sea un llamado a despertar. A
exigir responsabilidad.
A
recuperar valores. A recordar que la Patria no es una palabra... es la vida
cotidiana de su gente.
Porque
cuando la bandera se eleva, no solo suben sus colores. Sube la memoria de
quienes dieron todo.
Sube
la esperanza de quienes aún esperan justicia. Y sube también la obligación
moral de cada uno de nosotros de no resignarnos. Que la bandera argentina nos
incomode, nos movilice y nos una. Porque mientras siga flameando, todavía hay
esperanza.
Y desde La Voz del Jubilado, lo decimos con claridad: la Patria se honra cuidando a su pueblo. La Patria se respeta defendiendo la dignidad. Y la bandera solo tiene sentido cuando nadie queda afuera.
Jorge
Dimuro - "La Voz del Jubilado"
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