4 de marzo de 2026
Ecuador ha dejado de ser el "oasis de paz" de Sudamérica para convertirse en el epicentro de una guerra que ya no conoce fronteras. En un movimiento que redefine las relaciones diplomáticas y militares en el Cono Sur, el presidente Daniel Noboa ha abierto las puertas al ejército de los Estados Unidos para una operación conjunta sin precedentes contra el crimen organizado
Lo que comenzó como un acercamiento discreto con la administración de Donald Trump, hoy se materializa en la presencia de tropas estadounidenses -asesores y comandos de élite- en suelo ecuatoriano. El objetivo: recuperar el control de los puertos y provincias costeras que han convertido al país en el exportador del 70% de la cocaína mundial.

A diferencia de la reticencia soberanista de Claudia Sheinbaum en México, Noboa se posiciona como el alumno aventajado de la nueva doctrina de seguridad hemisférica de Trump. Su estrategia es clara: si el narco es una amenaza trasnacional, la respuesta debe ser una fuerza de choque liderada por la potencia del norte.
La Cumbre del Poder: Noboa espera ratificar esta alianza este sábado en Miami, en la cumbre "Escudo de las Américas", donde se verá cara a cara con Trump y otros referentes de la nueva derecha regional.
El enemigo designado: Gracias a la gestión de Noboa, Washington ya cataloga a las bandas Los Lobos y Los Choneros como "organizaciones terroristas extranjeras", lo que habilita el uso de recursos de inteligencia y combate que antes estaban restringidos.
Tras la década de Rafael Correa (2007-2017), marcada por la expulsión de la base de Manta y la ruptura con la DEA, el regreso del Comando Sur representa un giro de 180 grados. Bajo la dirección del general Francis Donovan, los militares estadounidenses ya operan en la planificación de redadas de alto impacto.
Aunque desde el Pentágono aseguran que los soldados estadounidenses "asesoran y no participan directamente" en los disparos, la difusión de videos del Comando Sur operando en la zona costera deja claro que la presencia material es un hecho. La señal es tanto para los carteles como para el eje geopolítico opositor: Estados Unidos ha vuelto a poner un pie firme en el Pacífico Sur.
El alineamiento no es solo militar, sino también ideológico. En un gesto que parece calcado de la agenda de la Casa Blanca, el gobierno de Noboa declaró esta semana "persona non grata" al embajador de Cuba, expulsándolo del país en 48 horas. Sin explicaciones oficiales, el mensaje es nítido: en el Ecuador de Noboa, no hay lugar para los aliados de la vieja izquierda regional.
Mientras sectores de la población en ciudades como Guayaquil o Machala reciben con alivio la intervención ante el terror de las bombas en centros urbanos, analistas de riesgo advierten que la militarización extrema podría fragmentar a las bandas y generar espirales de violencia aún más sangrientas.
Para Mundo Poder, queda claro: Noboa no solo está peleando una guerra contra el narco, está construyendo el bastión sudamericano de la política exterior de Trump, un "laboratorio de seguridad" que el resto de los mandatarios de la región observa con atención y recelo.
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