11 de marzo de 2026
Un estudio sobre alimentación en la jornada laboral reveló que el deterioro del poder adquisitivo de los salarios impacta directamente en los hábitos alimentarios de los trabajadores. Según el relevamiento, el 61,1% de los asalariados se saltea comidas por motivos económicos, mientras que el 78,5% opta por alimentos de menor calidad nutricional para reducir gastos durante el trabajo.
El deterioro del poder adquisitivo de los salarios comenzó a reflejarse con fuerza en la forma en que los trabajadores se alimentan durante su jornada laboral. Un informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) junto con la empresa Edenred evidenció que una porción significativa de los asalariados enfrenta dificultades para sostener una alimentación adecuada mientras trabaja.
El relevamiento, basado en 1.171 encuestas a trabajadores asalariados formales de todo el país, muestra que el impacto económico incide de manera directa en las decisiones vinculadas a la comida diaria. En ese contexto, el 61,1% de los trabajadores reconoce que se saltea alguna comida durante la jornada laboral por razones económicas, mientras que el 78,5% afirma que elige alimentos menos nutritivos o de menor calidad para abaratar costos.
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Los resultados reflejan un fenómeno de vulnerabilidad alimentaria que alcanza a una amplia parte de la población asalariada. De acuerdo con el estudio, el 83,5% de los trabajadores experimenta algún tipo de restricción alimentaria, ya sea reduciendo la cantidad de comida o resignando calidad nutricional debido a limitaciones económicas.
Dentro de ese universo, más de la mitad de los encuestados atraviesa ambas situaciones simultáneamente: disminuir la cantidad de alimentos consumidos y elegir productos menos nutritivos. En contraste, solo el 16,5% de los trabajadores indicó no haber sufrido ningún tipo de privación alimentaria durante su jornada laboral.
El informe también detalla cómo se manifiestan estas restricciones en la práctica cotidiana. Casi uno de cada cuatro trabajadores no realiza ninguna comida durante el horario laboral, lo que representa el 22,6% de los asalariados. Este fenómeno se observa con mayor frecuencia en determinados segmentos del mercado laboral y en regiones específicas del país.
Las diferencias también aparecen según la ubicación geográfica y el tipo de empleo. En el Noreste argentino (NEA), por ejemplo, el porcentaje de trabajadores que no come durante la jornada llega al 50,1%, mientras que la situación también se intensifica entre empleados del sector público y en pequeñas empresas.
El estudio identifica además a los grupos que presentan mayor nivel de afectación por esta problemática. Los trabajadores jóvenes, especialmente aquellos de entre 18 y 29 años, registran niveles más elevados de privación alimentaria durante el trabajo. También se observa una mayor incidencia entre personas con menores ingresos y entre quienes carecen de recursos básicos para cocinar o almacenar alimentos.

El informe además revela que el 78,5% de los asalariados elige alimentos menos nutritivos para abaratar gastos.
Las restricciones económicas no solo inciden en la frecuencia con que se come, sino también en el tipo de alimentos elegidos. El informe señala que una proporción significativa de los trabajadores opta por productos más económicos y con menor valor nutricional, lo que refleja una adaptación del consumo a las limitaciones presupuestarias.
Otro aspecto destacado por el relevamiento es el costo que representa alimentarse durante la jornada laboral. Según los datos recopilados, el 43,9% de los trabajadores gasta entre $5.000 y $10.000 por día en comida, mientras que un 36,1% destina menos de $5.000 y cerca de uno de cada cinco supera los $10.000 diarios.
En paralelo, el estudio advierte que una parte importante de los trabajadores no recibe ningún tipo de asistencia por parte de sus empleadores para cubrir el gasto alimentario. De acuerdo con los datos relevados, el 55,6% de los asalariados no cuenta con ningún aporte de su empresa destinado a la alimentación durante la jornada laboral.
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Incluso entre quienes sí reciben algún tipo de beneficio, la distribución es desigual. El informe indica que los aportes alimentarios suelen concentrarse con mayor frecuencia en trabajadores de ingresos más altos, mientras que los sectores con salarios más bajos presentan mayores niveles de carencia.
El documento también muestra cómo el nivel de ingresos condiciona la percepción de la calidad de la dieta. Entre quienes perciben salarios de hasta $800.000 mensuales, el 41,8% considera que su alimentación es poco saludable, una proporción que se reduce al 23,8% entre los trabajadores con ingresos superiores a $2.000.000.
Los resultados del informe exponen de esta manera una relación directa entre el nivel salarial, el costo de los alimentos y los hábitos alimentarios de los trabajadores, evidenciando cómo la situación económica influye en las decisiones diarias vinculadas a la comida durante la jornada laboral.
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